A lo largo de su carrera, el director iraní Jafar Panahi se tomó muy en serio la idea de que el cine es un instrumento político. El cineasta, que actualmente se encuentra condenado por enfrentarse al sistema iraní, ha forjado una filmografía en la que la cámara es un arma. Y su nueva película no es la excepción.
Fue solo un accidente -ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes- es una historia coral de venganza. Luego de una situación fortuita -un simple accidente en la ruta-, un hombre se encuentra cara a cara con quien fue su torturador y decide secuestrarlo. En el camino, convoca a otras personas que fueron víctimas de las mismas vejaciones. Todos deben tomar una decisión donde la moral, los traumas y el recuerdo juegan un rol fundamental.
Panahi realizó esta película de manera ilegal, ya que, desde que fue condenado en 2010 por hacer propaganda contra el Estado, se encuentra inhabilitado para hacer cine. Sin embargo, las condenas y la persecución que ha recibido por parte del régimen no han sido suficiente para acallarlo. Y esto es central para su nuevo film.

El director acude a la comedia en esta road movie que muestra un abanico de personas manifestando su postura frente a la posibilidad de vengarse de su torturador. La ira, los recuerdos que persiguen, la intención de continuar con una vida normal y el miedo se mezclan en este grupo de personajes que parecen representar los sentimientos y debates internos de una sola persona.
En menos de dos horas, el director se las ingenia para dar voz a los opositores y a las víctimas del régimen, mostrar el espacio urbano y sus lógicas, y también desplegar ante el espectador cómo luce un torturador por fuera de sus funciones. El film no escatima en emociones contundentes ni en momentos absurdos, y gran parte de su acierto narrativo reside en que la historia se desarrolla en constante movimiento.
Hay lugar para la reflexión, pero esta se despliega durante las interacciones entre los personajes y los deseos que cada uno expone sobre las formas de venganza. La pregunta que atraviesa todo el film es si vengarnos también nos convierte en monstruos. Tal vez la forma de construir una mejor sociedad sea utilizar otros métodos, aunque el dolor y el recuerdo del horror sigan resonando en la cabeza de las víctimas por siempre, como una condena que las persigue hasta la muerte.
Fue solo un accidente está disponible en salas de cine.









