A 25 años de la muerte de Joey Ramone, su figura como histórico cantante de Ramones sigue ocupando un lugar central en la historia del rock. Fallecido el 15 de abril de 2001 a los 49 años, su legado trasciende el mero éxito comercial que tuvo la banda en su momento y se consolida en la influencia inoxidable que ejerció sobre generaciones posteriores.
Nacido como Jeffrey Ross Hyman en Queens, Nueva York, Ramone fue mucho más que el frontman de un grupo clave del punk. Su porte, su voz y su actitud contribuyeron a definir una identidad contracultural que trascendió en el tiempo y las fronteras, y que sigue presente incluso al día de hoy.
A continuación, cinco curiosidades que ayudan a entender mejor al artista detrás del mito.
1. De baterista a vocalista por necesidad
Antes de convertirse en la voz de los Ramones, Joey ocupaba el rol de baterista en los primeros ensayos de la banda. En esa primera etapa, el grupo todavía buscaba su forma definitiva y Dee Dee Ramone asumía el rol de cantante. Sin embargo, las exigencias físicas que conllevaba sostener la naturaleza explosiva de sus shows evidenciaron que su voz no resistía ese ritmo.
Fue entonces cuando el mánager Tommy Ramone propuso el cambio: Joey, que ya componía y tenía un registro particular, pasó al frente. Ese movimiento no solo resolvió un problema, sino que terminó definiendo la identidad sonora del grupo.
2. Los discos que llevaría a una isla desierta
Como todo melómano, Joey tenía un mapa íntimo de discos fundamentales. En una entrevista de 1990 con Entertainment Weekly, imaginó qué álbumes elegiría si quedara aislado del mundo. Aclaró, con humor, que no incluiría material de los Ramones porque preferiría escuchar algo distinto.
Su primera elección fue el soundtrack de Help! de The Beatles, una muestra de su devoción por el grupo de Liverpool. Luego mencionó My Generation de The Who, piedra angular del rock británico; December’s Children (And Everybody’s) de The Rolling Stones; la banda sonora de Maximum Overdrive, realizada por AC/DC; No Remorse de Motörhead; y Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols de los Sex Pistols.
3. El show que cambió su vida
Antes de convertirse en una figura central del punk, Joey Ramone tuvo un punto de quiebre claro: ver en vivo a The Who durante su adolescencia. El episodio ocurrió cuando tenía 16 años, en un histórico show organizado por Murray the K en el teatro RKO de la calle 59, en Nueva York, donde también se presentaban Cream y otras bandas. Aunque reconoció la potencia de Cream, lo que presenció con The Who fue, según sus propias palabras, revelador.
El impacto no fue solo musical, sino también visual y performático. La energía del grupo, la actitud en escena y figuras como Pete Townshend y Keith Moon le mostraron que el rock podía ser concebido como una experiencia total, capaz de sacudir al público. Ese momento funcionó como detonante de su vocación: “Cuando yo toco, quiero dejar a la gente boquiabierta así”, sintetizó.
4. Su amor por Motörhead
El universo musical de Joey siempre fue más amplio y permeable que lo que mostraba con su banda. Desde sus comienzos, el grupo dejó entrever una fuerte impronta pop, alimentada por la admiración de Joey hacia el productor Phil Spector y las girl groups de los años 60. Esa influencia, basada en melodías simples y estribillos pegadizos, convivió con la velocidad y crudeza que definieron su sonido.
Sin embargo, con el paso del tiempo y la evolución del género, Joey encontró inspiración en bandas contemporáneas. A mediados de los 90, el cantante señaló a Motörhead como su principal referencia. En una entrevista con la revista RAD en 1995, poco antes de la salida de Adios Amigos!, fue contundente: “Motörhead me inspira musicalmente”. Para Ramone, la banda liderada por Lemmy Kilmister representaba algo más que un sonido arrollador: la describía como una “experiencia cuerpo-mente”.
5. La canción que escuchó antes de morir
El 15 de abril de 2001, Joey murió a los 49 años en un hospital de Nueva York, tras una larga lucha contra un linfoma que había mantenido en gran medida en privado. En sus últimos días, ya internado, pasó largas horas escuchando música, una constante en su vida incluso en el tramo final. Entre los temas que sonaban en ese momento estaba “In a Little While”, de U2, la última canción que escuchó antes de morir.
Aunque el tema originalmente aborda el cansancio y la resaca, con el tiempo adquirió un significado distinto a partir de este episodio. La conexión no era casual: Bono había manifestado en varias ocasiones su admiración por los Ramones, a quienes escuchaba desde joven. Tras conocer la historia, le rindió homenaje con “The Miracle (of Joey Ramone)”, canción que abre Songs of Innocence (2014).









