El diablo viste a la moda 2 arribó a los cines luego de mucho tiempo de espera por parte del público. Veinte años después de la primera entrega, nos volvemos a encontrar con Miranda, Andy, Emily y Nigel en una historia que combina moda, la decadencia de la sociedad actual, nostalgia y una lucha por sobrevivir en un mundo que enaltece lo descartable.
Si en la película de 2006 Andy (Anne Hathaway) luchaba por ser una periodista "seria" y no caer en las tentaciones frívolas del mundo de la moda, en esta nueva entrega se pone la capa de heroína para salvar a Runway, la revista en la que comenzó, pero que desdeñó en busca de una carrera más profunda. Así, la película comienza tirándonos una bomba de realidad: los medios de comunicación atraviesan una crisis ineludible y las redes sociales han copado la comunicación.
De este modo, encontramos a los personajes viviendo en un mundo distinto de aquel en el que los dejamos: un mundo signado por la corrección política, por la crisis económica, por la apertura a la diversidad, y donde la moda parece ser un fresco del pasado, un arte obsoleto que solo genera grandes gastos de dinero. En este sentido, el concepto de revista física es también una antigüedad y la película sostiene que la resistencia se da frente a un presente hueco que solo busca recortar personal y otorgarle el poder total a tecnologías antihumanas.

En lo que respecta al entretenimiento, El diablo viste a la moda 2 no falla y sostiene la atención durante dos horas sin perder la solidez. De todos modos, la trama está construida sobre la misma base de la primera película, una estructura que ya fue probada como eficaz. En lo que respecta al personaje de Miranda (Meryl Streep), es un deleite reencontrarse con ella, aunque algo más cansada por el paso del tiempo, algo vencida ante los grandes poderes y limitada por la corrección política; todos elementos que cooperan con la comicidad.
Para los nostálgicos que adoran El diablo viste a la moda, la secuela está repleta de guiños e incluso tiene algunas secuencias prácticamente idénticas. En esta oportunidad, el clímax de la moda no se da en París, sino en Milán, y hasta cuenta con la participación de Lady Gaga. Aunque esta película será olvidable en poco tiempo y no era "necesaria", responde correctamente a las expectativas con una historia divertida, moderna y hasta fuertemente crítica en torno al presente de los medios de comunicación (incluso con simpáticos destellos feministas).









