Hoy en día, es casi una obligación que una banda de rock cuente con un logo y resulta difícil imaginar a una que se niegue a tenerlo. Sin embargo, esto no siempre fue así y, antes de que la lengua de los Rolling Stones, el drop-T de The Beatles o el rayo de AC/DC se convirtieran en imágenes icónicas dentro del género, existió una época en la que los grupos no le prestaban demasiada atención al tema.
Antes de la década de los 60, las orquestas de jazz y swing norteamericanas ya utilizaban tipografías distintivas en sus afiches y en las portadas de sus discos. Duke Ellington, Glenn Miller y Count Basie, por nombrar solo algunos, ya tenían identidades visuales reconocibles, pero en todos esos casos el protagonismo estaba puesto en el nombre del director, no en la banda como entidad colectiva. La idea de un símbolo gráfico que perteneciera al grupo como tal, sin depender del rostro o del nombre de una figura central, todavía no existía.
The Beatles, los primeros
El primer paso concreto hacia ese concepto llegó en abril de 1963, aunque de manera completamente accidental. Ringo Starr y Brian Epstein fueron a Drum City, la tienda de Ivor Arbiter en Shaftesbury Avenue, Londres, para comprar un nuevo kit Ludwig para el baterista. El por entonces mánager de los Fab Four quería que el nombre de la banda de Liverpool apareciera en el bombo y Arbiter, en lugar de buscar una tipografía existente, agarró un papel y dibujó el diseño sobre la marcha: una B sobredimensionada y una T que caía por debajo de la línea de base, enfatizando visualmente la palabra “beat”.
Ya con la idea en el papel, se buscó a alguien que pudiera materializar el diseño. Así fue como un pintor de carteles local llamado Eddie Stokes lo trasladó al parche del bombo por cinco libras esterlinas. La primera versión apareció en el kit de Starr en mayo de 1963. Lo notable del logo de The Beatles es que no fue encargado como una campaña de branding ni pensado para durar décadas. Todo surgió como una solución rápida a un problema concreto y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocidos de la historia de la música popular.
Los logos que llegaron después
Después de The Beatles, grupos de la talla de The Who, The Doors y The Velvet Underground desarrollaron sus propias identidades visuales, pero fue en 1970 cuando los Rolling Stones llevaron el concepto a otro nivel. Mick Jagger le encargó al estudiante del Royal College of Art John Pasche un diseño para la banda, y lo que surgió fue la lengua y los labios que hoy identifican a uno de los conjuntos más importantes de la historia del rock, sin contener ni una sola palabra.









