Categorías: CineListas
| Publicado
01/04/2020

10 películas narradas en un único plano secuencia

Films de Iñárritu, Hitchcock y más en nuestra lista.

Birdman (2014)

El plano secuencia, cuando se lo utiliza bien, puede ser un recurso atractivo y eficaz. Consiste en filmar sin cortar y que el montaje sea interno, sea a través de movimientos de cámara o transiciones entre un plano y otro. Hay grandes de ejemplos de planos secuencia dentro de películas, en obras de directores como Orson Welles, Andrei Tarkovsky, Ingmar Bergman, Jean-Luc Godard, Béla Tarr.

Pero hacer toda una película así se puede volver un desafío para todo el equipo de filmación. Quizás por eso no son muchos los casos de películas narradas en un único plano a lo largo de la historia del cine. En este listado vamos a encontrar algunos films que hicieron el experimento de optar por la integridad de esta técnica, y otras que buscaron simular el artificio para que sus cortes pasen desapercibidos y la experiencia audiovisual sea del mismo modo una odisea que pone en juego la forma y la temporalidad de la historia.

Utøya 22. juli

Dir. Erik Poppe, 2018.

Esta película noruega está narrada en su totalidad en un plano de secuencia de 77 minutos. El 22 de julio de 2011, en Noruega hubo dos atentados terroristas por parte de la ultraderecha: el primero en el edificio del primer ministro, y el segundo en una base de campamento en la isla de Utoya donde se alojaban montones de jóvenes. La película se centra en el segundo, pero hace continuas alusiones al primero. Un hombre empieza a disparar, causando pánico, y hace que los adolescentes corran por el bosque buscando escapatoria. La cámara persigue a una chica llamada Kaja que, a pesar del terror con los estruendos de los continuos disparos en fuera de campo, busca desesperada a su hermana por todo el campamento. En su búsqueda ve el desastre, cuerpos tirados entre los árboles, gente escondida refugiada entre la maleza, y la única vía de salvación es esperar en el agua a los botes que vienen al rescate. Si bien la relación entre la cámara y la protagonista es de seguimiento, por momentos la técnica toma autonomía y parece otro personaje más. Se refugia en trincheras y observa por su cuenta, y a veces registra corridas que la protagonista pasó por alto por su misma desesperanza.

The Rope

Dir. Alfred Hitchcock, 1948.

Para Hitchcock, el suspenso florece de un intercambio de saberes entre el público y los personajes. Y La soga es una de sus películas que mejor responde a esa máxima porque lo convierte en algo evidente hasta llevarlo al absurdo. Todos sabemos dónde está el cadáver y los personajes se pasean alrededor sin prestarle atención. Esta película fue la primera que el laureado director hizo a color y también la primera con la colaboración de quien luego sería su gran estrella, James Stewart. Hacer un film a color ya era un reto en esa época, pero Hitchcock redobló la apuesta con la pretensión de contar su película en plano secuencia, algo imposible desde un punto de vista técnico ya que los rollos de película tenían una duración máxima de diez minutos. Entonces se diseñó una coreografía en la que la cámara pueda ir a un corte que pase desapercibido, como por ejemplo la espalda de algún personaje, y ese fundido le diera la oportunidad de cambiar de rollo y retomar desde ese punto.

PVC-1

Dir. Spiros Stathoulopoulos, 2007.

Premiada en Cannes por su destreza, esta película colombiana fue realizada totalmente sin cortes. Un grupo de mafiosos le coloca a una mujer un collar explosivo para extorsionar a su marido para que pague una deuda. Las bombas siempre implican un juego con el reloj, cada segundo que pasa o cada paso que da la víctima puede ser crucial y definitorio. Así que el tiempo toma un papel protagonista, algo que el director no quiso alterar, sino que trabajó para que la tensión se dilate a lo largo de la película y la idea de plano secuencia tome una importancia vital. Porque el sufrimiento de su protagonista y su incansable búsqueda de auxilio para desactivar su pena de muerte no es un tiempo moldeable, sino real y concreto. Si bien fue filmada en un solo día, el director estuvo un mes trabajando con su equipo actoral en la coreografía para que no haya ningún error en la toma porque eso implicaría volver a arrancar desde cero.

El arca rusa

Dir. Aleksandr Sokúrov, 2002.

El arca rusa es una obra magistral que lleva la premisa del plano secuencia a otra dimensión narrativa. Filmada en el majestuoso Hermitage, museo representativo de San Petersburgo, la película va recorriendo sus enormes salas, un recorrido no solo espacial sino que a la vez viaja en el tiempo para retratar de forma poética la caída de la aristocracia. La película inicia con la presencia fantasmal de un cineasta ruso contemporáneo, que será la voz en off que se haga todos los cuestionamientos y reflexiones al encontrarse con quien será su guía, el marqués de Custine. Juntos van a atravesar trescientos años encontrándose con distintos representantes y acontecimientos de la historia de Rusia. El viaje termina con un enorme baile que lleva la precisión colectiva a un máximo nivel. Una mega producción con más de dos mil actores, vestuarios voluptuosos, diálogos existencialistas cargados de contenido y un refinamiento técnico que no permitía ningún tipo de exabrupto en la cámara. Sokúrov profundiza en una belleza pictórica y consigue recrear momentos sublimes.

Victoria

Dir. Sebastian Schipper, 2015.

Esta película alemana narra una noche desenfrenada en la vida de una joven española por las calles de Berlín. Transcurre entre las últimas horas de oscuridad y el amanecer, y fue filmada en el icónico barrio de Kreuzberg. La protagonista conoce a un grupo de jóvenes con los que disfruta recorriendo las calles, hasta que la aventura nocturna deja de ser divertida para transformarse en algo peligroso. La cámara sigue constantemente a su protagonista mientras deambula por todas partes, va con ella por los distintos interiores, como una cafetería o un boliche, hasta sube las escaleras hacia una terraza. Esta agilidad técnica le dio el prestigio a su camarógrafo Sturla Brandth Grovlen de ser el primer nombre en los títulos, incluso antes del de su director.

Timecode

Dir. Mike Figgis, 2000.

Este experimento visual se construye dividiendo la pantalla en cuatro planos secuencia que van siguiendo en paralelo a distintos personajes. Es una película de historias cruzadas que muestra un grupo de personas en Los Ángeles y los conflictos a los que se enfrentan mientras se preparan para el rodaje de una película. En cuanto al sonido, la película enfatiza en alguno de los cuadros de acuerdo a la importancia narrativa. “El cine tiene la responsabilidad de reinventarse continuamente,” sostuvo el director Mike Figgis durante la presentación de la película en el Festival de Sitges. Timecode funcionó como un reto para su director y un buen ejemplo para el cine experimental, pero pasó desapercibida por la crítica y los espectadores por la debilidad de su guion. Prolifera en su forma, pero no hay mucho para rescatar de esta película de principios del nuevo milenio.

Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance)

Dir. Alejandro González Iñárritu, 2014.

En el caso de Birdman sucede como en el ejemplo de Hitchcock, los cortes buscan ser transparentados con otro tipo de efectos visuales. Pero la simulación de un único plano fluye perfectamente. La historia combina en una comedia disparatada el universo de los superhéroes con la dramática del escritor Raymond Carver. No estamos frente a una película de aventuras, sino que la verdadera pelea es contra la angustia existencial de un actor frente al desmoronamiento de su carrera. Tras el tormento psicológico de sus días de gloria encarnando al hombre del traje alado, Riggan intenta reconstruir sus lazos familiares, lidiar con su ego para poder finalmente reencontrarse consigo mismo. Iñárritu aprovecha su enaltecimiento como director cinematográfico y realiza una obra arriesgada con algunos tintes de crítica al sistema hollywoodense. Birdmand no es la película que esperan los fanáticos de Marvel o DC, pero sí la esperanza cinéfila que corre al espectador de su zona de confort.

La casa muda

Dir. Gustavo Hernández, 2010.

Un nuevo respiro para el cine de terror latinoamericano, La casa muda es la primera película uruguaya del género y fue dirigida por Gustavo Hernández, el mismo director de No dormirás (2018). También tuvo su remake norteamericano, Silent House (2011), dirigida por el matrimonio de cineastas Laura Lau y Chris Lentis. La técnica de plano secuencia logra que la tensión se mantenga y que la edición de sonido sea una cuestión pulsional. Laura y su padre son contratados para echar manos a la obra en una casa que necesita remodelación, primero todo va bien y marcha con normalidad, hasta que una serie de sucesos extraños empiezan a acosar a la familia e impedir que continúen con su trabajo. Si lo que quieren es seguir con vida, deberán escapar de inmediato.

Sábado

Dir. Matías Bize, 2002.

Sábado es la ópera prima del director chileno Matias Bize, reconocido por sus trabajos posteriores como La vida de los peces (2010) y La memoria del agua (2015). La película retrata una hora a tiempo real y sin ningún tipo de manipulación narrativa, siguiendo los pasos de una chica que, a pocos minutos de casarse, se entera que su novio la engaña con una amante. Esta noticia dramática hará que busque venganza mientras recorre desesperada las calles de la ciudad. Su director destacó que la idea de esta película era atinar toda la energía en las actuaciones de los personajes y que estos tengan un trabajo de creatividad complejo, ya que si bien existía un guion, también había un gran espacio para que demuestren su nivel de improvisación.

El triste olor de la carne

Dir. Cristóbal Arteaga, 2013.

Esta película española de bajo presupuesto fue inspirada en el manifiesto del Dogma 95. Se trata de la segunda obra del director chileno Cristóbal Arteaga y retrata a un hombre en tiempos de crisis y sus intentos por salir adelante. Su traje y corbata sirven como maquillaje de su miseria para el mundo exterior, pero nada puede apaciguar el fuego que quema por dentro y lo hace incapaz de reflexionar con su desdicha. Alfredo está por perder su casa e intenta resolverlo sin hacérselo saber a su familia; la película sigue a este personaje durante su trayecto luego de llevar a su hija al colegio. Está enmarcada en la crisis económica que sufrió España en el año 2008, si bien la película no toma ninguna postura partidaria, se escuchan las promesas en tiempos electorales que supuestamente sacarían a la sociedad del pozo en el que se encuentra.




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