Hoy se cumplen 20 años del estreno de Little Miss Sunshine, una película indie estadounidense que enamoró al público por su frescura, su irreverencia y un relato que, a través de la ternura y la sátira, logró abordar temáticas de gran relevancia social.
Es muy probable que, cuando nombramos esta película, rápidamente se nos vengan a la cabeza el color amarillo, el rostro de una niña con anteojos gigantes y una vincha. Es por eso que esta película se ha ganado el mote de icónica, porque ha sobrevivido al paso del tiempo y, lejos de quedar como un estreno pasajero de los años 2000, se ha instalado en la memoria colectiva y aparece en muchas listas de comfort movies y películas de revisión obligada.
La historia es tan simple como disparatada: una familia disfuncional se une en un viaje por carretera para asistir a un concurso de belleza que la hija menor, Olive, está decidida a ganar. Con su abuelo como principal cómplice, la niña, que no responde a los estándares de belleza hegemónicos, confía en su actitud y su carisma para triunfar en un mundo frívolo y cruel con las infancias.

La película está dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris y cuenta con un elenco integrado por Abigail Breslin, Toni Collette, Greg Kinnear, Steve Carell, Paul Dano y Alan Arkin, quienes logran una fusión perfecta de comedia y emotividad. Esta familia está lejos de ser tradicional y perfecta: un tío suicida, una madre que intenta sostener a todos, un padre obsesionado con el éxito, un hermano emo y un abuelo drogadicto conforman esta historia repleta de momentos desopilantes.
Little Miss Sunshine se estrenó en un momento en que la delgadez extrema y la fama parecían las aspiraciones más deseables para las mujeres, una tendencia que regresó con fuerza a nuestra sociedad 20 años después. A principios de los años 2000, entre estrellas pop deslumbrantes, dietas extremas, la cultura de los reality shows y la obsesión por la perfección, conocemos la historia de una niña que no parece ser consciente de que ni su origen ni su estética la dejan fuera de ese mercado de la fama.

La actitud de la niña muestra la inocencia que la televisión y los medios en general estaban socavando en las infancias por aquella época, como si la protagonista ejerciera una especie de resistencia espontánea, inconsciente pero poderosa. La trama no se enfoca en el concurso de belleza en sí, sino en el viaje familiar y las dinámicas que se desatan entre sus miembros.
Es por eso que, principalmente, estamos frente a una road movie. Sin embargo, el momento de la presentación de la niña es completamente épico: la vergüenza ajena, la ternura, la comedia y lo bizarro se mezclan en este clímax para dejar asentado uno de los temas centrales del film: el amor de la familia puede contra todo.

A 20 años de Little Miss Sunshine, resulta desalentador ver que las tendencias que hicieron de esta historia algo completamente singular hayan regresado. La cultura de los concursos de belleza ha perdido fuerza, pero ha sido reemplazada por la exhibición en redes sociales.
El paso de la cuarta ola del feminismo no parece haber servido para que, como sociedad, repudiemos aquellas prácticas y estándares que generaron conflictos entre niñas, adolescentes y mujeres de todo el mundo.
Más que nunca, el personaje de Olive —extraña, contestataria, inocente y segura de sí misma— se vuelve necesario para ofrecer otros estereotipos al público y mostrar que, muchas veces, en la diferencia está la belleza.









