Amy Winehouse fue como esos relámpagos que te dejan la cabeza dando vueltas, la vista anonadada y los oídos temblando. Con solo dos discos de estudio, hablando sin tapujos de relaciones fallidas, hombres sin cojones y rechazo a la rehabilitación, conquistó al mundo entero con una voz y una estética únicas. Una chica de veintipico, con sus ojos extremadamente delineados, un batido exagerado en su peinado, tatuajes por doquier, un voz jazzera y poderosa… todo esto acompañado de una historia de excesos, hicieron de esta figura de la música una bomba de tiempo. Y, como varios iconos de la música, nos dejó físicamente a los 27 años, con un legado musical inmenso.

Asif Kapadia, aclamado mundialmente por su documental Senna, se tomó el delicado trabajo de hurgar en los testimonios de familiares, amigos y amigas, tapes, fotos y demás, para ofrecer un documental a medida, con un rastreo periodístico detallado y de excelencia. Nominada a Mejor Documental en la edición 88 de los premios Oscar, Amy hace honor a las cualidades de la diva, se acerca a su intimidad y revaloriza aún más su figura.

Lo interesante de la óptica de Kapadia es que elige mostrar a la mítica figura como una chica normal, que solo amaba cantar y tenía una voz muy especial, justamente despojándola del halo de estrella de rock, pop, o soul, donde más nos guste encasillarla. De manera cronológica vamos conociendo la vida íntima de Amy, la importancia de sus relaciones, el germen de sus composiciones y su paulatino ingreso en el mundo de la música. A medida que la cantante va ascendiendo cada vez más hasta el momento en que su fama se vuelve explosiva, Kapadia nos va mostrando la contracara de este mundo avasallante que va royendo los espacios más puros de los artistas y quebrantando cualquier ley de humanidad; establece una crítica de corte realista y despojada de moralismos. Resulta fácil establecer algunas relaciones con artistas como Kurt Cobain, quien también pertenece al llamado “club de los 27”, integrado por varios músicos que murieron a esta edad, como Janis Joplin, Jimi Hendrix o Jim Morrison; y que comparten esta mortífera dificultad de lidiar con una fama no pretendida, perdiendo por momentos hasta la felicidad que otorga hacer música. Algunas de estas cuestiones también se presentan en Cobain: Montage of Heck, documental que también fue muy bien recibido por la crítica.

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La realidad es que cualquier documental sobre una figura tan polémica siempre lleva en sí mismo una pizca de sensacionalismo, pero Kapadia lo maneja de la mejor manera, mantiene una posición objetiva, y sobre todo aplica una mirada integral sobre Winehouse: podría esperarse que sea un documental puramente musical o un retrato amarillista sobre drogas, bulimia y alcohol. Lo cierto es que, con un recorte periodístico exacto, el realizador logra abarcar a la persona en su entereza, con sus fobias y filias, sus recuerdos, talentos y debilidades. Y al final de la cinta, es tal el acercamiento que se logra, que vemos a Amy como esa chica que nació con una voz maravillosa, logramos ver un poco en sus adentros, nos sentimos cercanos a ella y, por supuesto, identificarnos y empatizar.