Once Upon a Time… in Hollywood ha creado reacciones diversas desde el público, la crítica y los colegas de Quentin Tarantino, director de la cinta. Estrenada el pasado julio, se ha presentado controversial por involucrar personajes históricos y muy relacionados con la industria cinematográfica. Situada en los años 60 en Hollywood, el film retrata, entre otro personajes, a Sharon Tate y a Bruce Lee desde la visión del director. Una de las críticas más fuertes que recibió por esto fue por parte de la propia hija de Bruce Lee, quien sintió la representación de su padre como caricaturesca e irrespetuosa. No así la hermana de Sharon Tate, quien se sintió muy emocionada luego de ver el retrato de Sharon en pantalla.

Estas opiniones, por supuesto, presentaron adeptos y detractores. Lo cierto es que se trata de dos figuras pertenecientes a la cultura pop y, como tales, estamos hablando de mitos. Como mitos, se vuelven parte de la cultura colectiva y puede resignificarse sin necesariamente conservar las características «reales» que los definieron como personas.

Al respecto opinó Antonio Banderas y saltó en defensa de su colega Tarantino. Banderas, quien se encuentra aún promocionando el más reciente film de Pedro Almodóvar, Dolor y Gloria. El español trabajó junto a Tarantino en Desperado (1995), el film de Robert Rodriguez conocido como La Balada del Pistolero. En conversación con The Independent, Antonio Banderas defendió fervientemente la libertad de expresión dentro del arte:

“Un artista debería ser libre y la gente debería ser libre también para estar o no de acuerdo con su arte. De la misma manera que si al público no le gusta la dirección que está tomando el cine de Tarantino, pueden dejar de ir a verle a los cines.”

Esta vez es a Tarantino a quien le han tocado los golpes, pero ningún artista está exento de las críticas detractoras cargadas de moral o corrección política. Básicamente porque una obra tiene la particularidad de siempre hacerse pública y el público termina formando parte de ella. Con su opinión, Banderas no incita a que haya una obligación en el gusto o en la elección de las obras, pero sí que la censura debe estar completamente por fuera del arte:

“Hay muchísimas cosas que me molestan, pero nunca, nunca, nunca las censuraría.”