El nuevo largometraje de Sebastián De Caro fue el encargado de abrir la edición 21 de BAFICI. El festival, iniciado al mismo tiempo que una manifestación contra el ajuste y el “vaciamiento del cine y la cultura” en el Gaumont, se presentó, al menos polémico. La apertura tuvo lugar en el Anfiteatro de Parque Centenario, que se pobló de espectadores para presenciar Claudia.

Claudia, el film de De Caro y protagonizado por Dolores Fonzi encontró a una audiencia confundida y desconcertada ante un banquete de bizarrismo. Por las fotos de backstage difundidas previo al estreno mundial del film, podíamos pensar que Fonzi interpretaba a una azafata, pero no, es una wedding planner. Ella es una gran perfeccionista en camino a la explosión. La muerte de su padre parece destrabar algunas ataduras interiores que se reflejarán en un viraje de su excelencia profesional. Una boda importante que se desbarajusta y en la que tiene que reemplazar a una compañera, será su camino al «fracaso»… o a la liberación.

Claudia es un film que desconcierta. Es una comedia que logra sonrisas amargas, repleta de referencias cinematográficas, como podemos esperar de un gran cinéfilo como es De Caro, pero que carece de una trama contundente. Los personajes, que en un principio parecen prometer, nunca llegan a desarrollarse con solidez y se pierden en mareas de conflictos poco resueltos.

Estéticamente se presenta imponente pero sin una justificación narrativa, incluso por un momento podemos sentir que estamos frente a una película de género, pero no, se manifiesta como cocoliche en muchos aspectos. La boda, que podría aprovecharse como un buen escenario para los enredos, los gags a partir de clichés y la explosión final, no suceden, solo se acercan a un representación algo grotesca y despojada de lo que es una celebración trunca.

Claudia tiene un comienzo más que atractivo. Una inesperada Lali Espósito más que sexi cantando a cámara, muy al estilo Blue Velvet, pero se agota instantáneamente cuando sus movimientos ya no son naturales y la escena pide un final. Julián Kartun interpreta al novio y parece que su función es la de un fantoche, pero tampoco se explota su comicidad.Fonzi es de lo mejor del film, aunque por momentos parece que el papel le quedara incómodo y monótono.

Claudia por momentos parece un film de culto. Nos hace preguntarnos si hay algo que no estamos entendiendo y que generaciones venideras comprenderán. Pero, luego de su presentación, el film genera una experiencia desconcertante.