Los Javis dieron su gran salto al cine con La bola negra. La dupla de directores, conformada por Javier Calvo y Javier Ambrossi, ya había logrado consagrarse en el mundo de la ficción hispana con producciones como Paquita Salas y Veneno, pero, con este extenso y ambicioso film, dejó en claro que es una de las voces clave de su generación dentro del cine.
La bola negra es una película histórica que también recurre al género biográfico para narrar parte de la vida de Federico García Lorca y plantear una reflexión sobre lo que significa ser homosexual en España a través de distintas épocas. Para eso, nos presenta tres historias que se cruzan a través de una obra literaria inacabada, de secretos que, de salir a la luz, pueden resultar trágicos y de generaciones de varones que, desde el anonimato, formaron parte de algo más grande sin saberlo.
Uno de los puntos que más llama la atención del film a primera vista es su magnificencia visual, que no solo se plasma en la dirección de fotografía en 35 mm a cargo de Gris Jordana, sino también en el vestuario, la sutileza erótica y las diferentes referencias que aparecen en pantalla: desde el cine de Luis Buñuel hasta el de Andréi Tarkovski. Esta grandilocuencia visual se corresponde con un relato portentoso, de gran escala y repleto de elementos, algo novedoso en comparación con la línea narrativa que Los Javis habían desarrollado en otras producciones.

Con este film, que apunta a arrasar en las premiaciones, la dupla española parece haber buscado hacer su obra definitiva, su magnum opus, y lo logra con creces. Esto se evidencia principalmente en su decisión de hacer una película identitariamente gay, no solo por la historia que cuenta, sino también por la forma en que está narrada y plasmada visualmente. Sin embargo, a diferencia de buena parte del cine queer, este no es un film que apunte al nicho, sino a las grandes audiencias, y allí reside gran parte de su potencia, especialmente en un año cinematográfico dominado por películas como La odisea y La invitación.
La bola negra es un cóctel frenético de imágenes, historias y fechas que, por momentos, se vuelve narcótico, sobre todo cuando da paso al surrealismo y el relato se detiene para dar lugar a una plena estimulación sensorial, como una forma de invitarnos a sumergirnos en el interior de estos personajes atravesados por la soledad, el deseo, la muerte y los secretos. Gran parte de la genialidad de este film reside en cómo logra entrecruzar historias de personas "insignificantes" que terminan formando parte de algo mayor, que las trasciende y se convierte en un bastión de lucha a través del tiempo.









