El director noruego Joachim Trier acaba de estrenar Valor sentimental, una de las películas que más impactó en este fin de año. El film, que ya recibió 8 nominaciones a los Globo de Oro, se presenta como una reflexión sobre las relaciones familiares, el valor comunicativo del cine y la imposibilidad de decir.
Con una perspectiva puesta sobre la casa que albergó a diferentes generaciones de una familia cruzada por las tragedias, la historia cuenta la relación quebrada entre un padre y dos hijas. Él (Stellan Skarsgård) es un cineasta prestigioso y un padre ausente, que está cursando una enfermedad y ha decidido hacer una nueva película luego de 15 años.
La hija mayor (Renate Reinsve, quien trabajó junto a Trier en La peor persona del mundo) es una actriz de teatro que atraviesa ataques de pánico y tiene un gran resentimiento hacia su padre. La menor (Inga Ibsdotter Lilleaas) es investigadora de historia y ha formado una familia, mostrándose algo más compasiva con su progenitor.

La muerte de la madre reunirá a padre e hijas, mientras cada uno inicia una búsqueda tanto individual como en conjunto. Todos parecen querer perdonarse, sanar el pasado, entender las decisiones de familiares que los antecedieron, pero el habla se encuentra coartada por la incomodidad y los reproches. Esa casa que los unió y los separó cobrará vida para bucear en el pasado y liberar sentimientos. Y el cine llegará como la forma de unir a cuatro generaciones y ponerlas a dialogar.
La visión de Trier está lejos de romantizar al cine como herramienta para expresar el amor o comunicar, ya que también aparece como el factor que alejó al padre de sus hijas. Sin embargo, es una declaración sobre la potencia histórica y expresiva del séptimo arte. Por eso, ataca y ridiculiza a Netflix, empresa que desdeña las salas y pone condiciones mercantilistas a los cineastas, que terminan por coartar una obra.

Valor sentimental es una película que tiene múltiples historias sucediendo, todas desarrolladas y amalgamadas de manera concreta. En poco más de dos horas, indaga en cada personaje sin caer en desvíos inconclusos. Comprendemos por qué cada uno es como es, entendemos sus acciones y la necesidad de hacer carne el pasado familiar para sobrevivir al presente.
La película tiene una emotividad profunda, grandes decisiones estéticas y una fuerte humanidad. La casa, aquel espacio que se humaniza para revelarnos cómo se siente, es el punto clave, pero son sus sucesivos habitantes los que van dejando huellas.
Si Jay Kelly, la nueva producción de Netflix, ahonda en el arrepentimiento de una estrella de cine que dejó de lado a sus hijas, Valor sentimental expande ese punto de partida al hacernos ingresar en la crudeza de las relaciones, los reproches, los dolores y la psiquis de cada personaje.
Valor sentimental llega a cines argentinos el 25 de diciembre.









