Hay películas que, más o menos, nos gustan a la mayoría, otras que claramente todos odiamos… Pero qué extraño resulta que un film cause sensaciones tan distanciadas en las personas que parece que se hablara de películas distintas. Ese poder ecléctico y pasional podría pensarse como un gran mérito; podríamos pensar que la obra tiene tantas aristas y contiene una suerte de complejidad psicológica que hace que nuestras reacciones sean tan opuestas. Jauja es de esas películas que tiene el poder de despertar sentimientos radicalmente opuestos en los espectadores y de variar la impresión en el mismo espectador. Jauja es una película ante todo hermética, en la que no se entra fácilmente, con un ritmo completamente desacelerado, una película onírica y de belleza declarada. Una de las primeras cosas que notamos es su increíble fotografía, enseguida quedamos hipnotizados por la perfección y pasividad de paisajes desérticos y las delicadas composiciones. Los detalles parecen de importancia elevada para Alonso, quien dedica un tiempo considerable para cada escena, se detiene con tranquilidad y de a poco nos vamos metiendo en el mundo de Jauja. Al comienzo del film, como en una película muda, nos encontramos con una inscripción sobre la mitología de Jauja, esta tierra misteriosa, deseada y cruel. Alonso sitúa su Jauja en el desierto, ese lugar que en nuestro país tiene tantas connotaciones históricas, espacio plagado de sangre, poder, escenario de la civilización y la barbarie en pugna; pero sobre todo, ese desierto que se convierte en un personaje más, enigmático y desesperante. En un principio son varios personajes los que adornan la historia, luego desaparecen, sin mucha explicación y su aparición previa se diluye en la nada. En la segunda mitad del film ya entramos en un universo distinto, con la presencia errante del Capitán, cada vez más incomprensible, con referencias claves pero que parecen confundir más. jauja La búsqueda es un tema principal que se desdobla en distintos sentidos. Primeramente, el argumento del film tiene como centro la búsqueda de Inge, la hija del Capitán Dinesen, una búsqueda solitaria e incierta, en medio de un espacio de inmensidad desesperante que lo va tragando de a poco. Pero este desolador rastreo va mutando en introspección y transformación. El Capitán va perdiendo fuerzas, volviéndose primitivo y el espacio se lo va comiendo, mientras va enfrentando espacios internos desconocidos y atemorizantes, desatados por la soledad de la inmensidad. Al mismo tiempo, a medida que avanza el film, su atmósfera se va tornado más onírica y no podemos estar seguros de los límites entre realidad y alucinación. El deseo, la impotencia y la incertidumbre se mezclan en un remolino de sofocamiento, en el que el espectador también queda atrapado. Jauja es una película de logro artístico loable. Comandada por la actuación de Viggo Mortensen, justo a la medida de su personaje que sorprende a cada paso y con el que se genera una empatía inmediata. La estética es de una finesa indudable pero es la incertidumbre y la desesperación lo que nos deja un gusto amargo, la sensación de pequeñez del ser humano frente a lo incierto de la naturaleza y de los espacios internos que solo conocemos en la ilusoria introspección.

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