Quentin Tarantino no aparenta ser un director para el que el concepto de "descabellado" sea una mala palabra. En Kill Bill: Vol. 1 decidió enfrentar a la Novia con 88 samuráis profesionales en una batalla en la que termina venciendo, mientras que en Bastardos sin gloria optó por cambiar la historia y hacer que Hitler muriera dentro de un cine en llamas.
Lo cierto es que, a lo largo de su filmografía, el cineasta ha demostrado que los límites de lo verosímil corresponden a cada universo cinematográfico y no deben responder necesariamente a términos de lo real o posible. De todos modos, tiene sus propios filtros a la hora de decidir qué relatos son plausibles de ser llevados a la pantalla grande y, a pesar de su gran fascinación por el mundo de las viñetas, ha mantenido distancia con las producciones contemporáneas de superhéroes.
"Me encantaban el Sargento Fury y sus Comandos Aulladores. De niño imaginaba hacer una película sobre él. [...] Siempre me han atraído los cómics que se leen más como películas, en contraposición a los cómics más fantásticos”, expresó Tarantino en declaraciones recogidas por medios especializados al hablar de las novelas gráficas que considera viables para el cine.

La película demasiado descabellada para él
En cambio, el caso de Doctor Strange le parece lo contrario. "No podía imaginarme haciendo una película de Doctor Strange. Era demasiado descabellada", dijo sobre este film que finalmente vio la luz en 2016 de la mano de Scott Derrickson. Aquí, un excirujano que sufre un terrible accidente aprende artes místicas para sanarse.
Protagonizada por Benedict Cumberbatch, la cinta resultó altamente exitosa. Al momento de su lanzamiento, alcanzó el podio de ser el film de presentación de un solo superhéroe más taquillero de Marvel, lo cual impulsó una secuela estrenada en 2022 que representó otro gran éxito de taquilla, consolidándose con fuerza en las salas cinematográficas en el contexto de la pospandemia.










