Albertina Carri nos propone un viaje. Nos sube a una camioneta vintage que se va llenando cada vez más de chicas, donde el “poliamor” sucede de manera natural.

Los cuerpos, los fluidos, los deseos y las prácticas, se comparten entre el grupo de mujeres que, durante las dos horas de duración de la cinta, se agranda a cada paso. Cada kilómetro que recorren parece incluir una nueva experiencia. De todos los colores, tamaños, no así de edades, los cuerpos desfilan frente a una cámara íntima y pornográfica. La cámara de Carri se posa en los espacios más osados de estos cuerpos e interpela directamente al público espectador. La cámara de Albertina es inclusiva, no sólo de los cuerpos sino también de las prácticas.

Muchas cosas se pueden y se van a decir del nuevo film de Albertina Carri. Es una película que ha provocado que parte de la audiencia se levante de la sala, al tiempo que madres de hijas adolescentes se hayan acercado para agradecer por el encuentro con esta producción.

Las hijas del fuego es una película porno. Es lo primero que nos llama la atención. Responde a muchas características clásicas del género pero instala la militancia feminista y LGTB mientras las escenas de sexo se van sucediendo. Se puede decir que el de Carri es un porno feminista, donde el placer de la mujer tiene múltiples formas y evita los estereotipos. Entre orgía y orgía, este colectivo de mujeres se enfrenta a machos violentos, se caga en el poder eclesiástico y patriarcal y van creando una fuerza imparable. En este sentido, no es menor rescatar que el equipo técnico está compuesto íntegramente por mujeres. Son pocas las escenas en las que la historia requiere de la aparición de actores varones. Salvo estas excepciones, la pantalla es una constante de cuerpos y rostros femeninos diversos.

Las hijas del fuego es una película que resulta demasiado idílica por momentos, porque los problemas parecen no existir entre este colectivo de lesbianas que sólo con sonreír se comunican, que siempre se respetan y se relacionan permanentemente en el marco de lo consentido. Todo esto enmarcado en el bellísimo e intenso paisaje sureño de nuestro país, contrastando el frío abrumador con los cuerpos que arden.

Mientras se suceden las exquisitas escenas de sexo, una voz en off relata el proceso creativo de un film porno. Por momentos en clave poética y por momentos como diario, la protagonista, si es que podemos llamarla así, se pregunta sobre cómo escribir un film porno desde la misma vorágine de la experiencia.

Las hijas del fuego, en fin, es un experiencia múltiple. Que nos interpela como sujetos sexuales, como mujeres, como lesbianas, como militantes y propone una forma de relacionarse, tal vez la ideal, pero siempre resaltando el poder que genera lo colectivo.

El film estrena en noviembre en nuestro país luego de un fuerte paso por BAFICI, habiendo agotado las entradas de todas las funciones y llevándose el galardón a Mejor película de la competencia argentina. También fue proyectada en el Festival de San Sebastián en la Sección Zabaltegui.