La nueva película de Quentin Tarantino viene resonando en los medios desde hace meses. Once Upon a Time in Hollywood es la novena película del director estadounidense, la seguidora del western The Hateful Eight de 2015 y dos films «históricos»: Django Unchained de 2012 e Inglourious Basterds de 2009. Desde el vamos sabemos que se trata de una obra polémica por el simple hecho de referirse a la historia del Clan Manson y Sharon Tate, y mezclar personajes reales con otros de ficción.

Al enfrentarme a Once Upon… tuve la extraña (y también cariñosa) sensación de que Tarantino se estaba dando un gusto. El film se presenta en una clase magistral de cine mientras el director decide cambiar los hechos reales y hacer triunfadores a quienes fueron «perdedores».

Uno de los aspectos más interesantes del film es la actuación de Leonardo DiCaprio como Rick Dalton, quien, con alma quijotesca, se resiste al ocaso inevitable de su carrera mientras se emborracha con lágrimas y alcohol. Brad Pitt interpreta a su doble de riesgo y es su antítesis. Es valiente, reo y carga un dudoso pasado de violencia. Dalton vive el letargo y la inseguridad, mientras el sol se va poniendo para el western, el género en el que brilló e hizo historia. Al lado de la casa de Dalton se muda el director Roman Polanski interpretado por Rafal Zawierucha, acompañado por su majestuosa pareja Sharon Tate, interpretada por Margot Robbie, símbolo de un cine clase B en ascenso, haciendo ostentación del lujo y reafirmando la pertenencia del mismo Dalton a Hollywood.

Mientras, la cultura hippie avanza, y un grupo de freakys tiene tomado el Rancho Spahn, pisoteando con irreverencia y abandono esos westerns dorados filmados allí. La realidad se va poniendo cada vez más insoportable para Dalton, y ahí es cuando su doble de riesgo se vuelve su mayor sostén. Así, Tarantino exprime lo mejor que tiene el film: la dupla DiCaprio-Pitt. Las dos caras de una misma moneda, con clásicas características de antihéroes, son desarrolladas al máximo y sostienen la historia a lo largo de la película.

Uno de los grandes talentos de Tarantino es su habilidad para hacer cine de autor y aún así captar a las grandes audiencias. Sin embargo, con Once Upon… parece haberse dado un gusto personal y dejado afuera a las audiencias no familiarizadas con la historia. Si bien todos los films de Tarantino están plagados de referencias, las que se encuentran en Once Upon… son medulares para la comprensión del film. Por eso se siente como un contaste bombardeo de guiños y referencias que genera tanta fascinación como tedio. Las influencias, el homenaje y la crítica a la industria guían la película, y Tarantino se toma la libertad de experimentar con el spaghetti western, las artes marciales, los clanes asesinos, las referencias a sus propias películas, el star system y la época de oro de Hollywood. Incluso  recurre a dos de los actores más representativos del Hollywood actual y Robbie encarna una Sharon Tate casi real, aunque es más su concepto lo que tiene valor en la película que la figura en sí misma.

En este recorrido histórico y fantasioso a la vez, las casi tres horas del film se hacen largas, en especial por sus prolongadas escenas y la ausencia del dinamismo frenético que caracteriza a Tarantino. La película cuenta con un puñado de escenas memorables pero no presenta un historia sólida, es más bien una pintura, un desarrollo de eventos cargados se sentido.

Si hay algo magistral y digno de Tarantino en Once Upon… es cómo se resuelve la tensión sostenida durante todo el film, mediante un final catártico, al estilo tragedia griega. La furia contra los hippies, la ridiculización, la destrucción del hogar y la ostentación de la fuerza se vuelven los medios de la venganza. Tampoco se puede dejar de destacar su atención impecable por los detalles, desde la estética, el arte y la ambientación, hasta en cada delicado guiño, como la cartera de Sharon con su mini perro al salir del aeropuerto. Aún así, Once Upon… termina pecando de grandilocuente y algo pretenciosa. Y se vuelve ambigua, aunque irreprochable, cuando sabemos que se trata de la obra de un hombre enamorado del cine, hablando de lo que más sabe y lo que más le gusta.