La nueva comedia de Ariel Winograd vuelve a triunfar siguiendo los cánones de la Nueva Comedia Americana y mezclando personajes dispares de la escena pop argentina. Permitidos es una idea ante todo contemporánea y completamente funcional para abarcar a varios sectores del público joven: al hipster que consume cualquier cosa donde aparezca Martín Piroyansky y a la gran porción de fans de la estrella pop de las adolescentes: Lali Espósito. Como agregado, el film también cuenta con la presencia de Liz Solari y Benjamín Vicuña como el gancho sex symbol. Y creo que es en esta mezcla donde reside el éxito extendido de Winograd, en el eclecticismo de sus personajes y sus recursos dentro del film. Tal vez Permitidos es la película en la que más se evidencia esta mixtura exitosa que hace de su cine popular y taquillero una cinta de culto. Es por eso que muchos se refieren a Winograd como el único en captar la esencia real de la Nueva Comedia Americana para adaptarla a nuestro país, renovando así la comedia argentina.

La historia parte de una conversación típica (inocente si se quiere), de jóvenes argentinos típicos, clase media, pareja dentro de todo convencional, que desemboca en una situación completamente inusual, casi fantástica. ¿Qué pasa si tu “permitido” te diera bola? A Mateo (Piroyansky) y Camila (Espósito) les pasa y todo se vuelve un desastre. A partir de la insólita sucesión de hechos, Mateo y Camila, dos jóvenes comunes y corrientes, se ven inmersos en la vorágine de la farándula, la ridículas excentricidades de las celebridades, volviéndose ellos también un fenómeno en sí mismo.

Los personajes de Mateo y Camila son lo más fuerte del film y tal vez la mayor fuente cómica. Lali encarna a una chica moderna, tranquila, con un toque feminista totalmente alejada de las ambiciones del mundo de los famosos y de los cánones de sensualidad que vende la publicidad. Piroyansky es el cara-de-nada que se engancha a la más divina (recurso que origina varios de los gags de la película), que se fascina con la fantasía que vende en cine y la televisión sobre las mujeres. Las celebridades por su lado, empiezan a mostrar su lado snob a la máxima potencia, rozando la ridiculez y realizando una parodia de sí mismos: Vicuña es una galán naturista que termina revelándose como zoofílico; Liz Solari, que parece una diosa del Olimpo muy a la moda con las tendencias gastronómicas, de indumentaria y de comportamiento, se termina construyendo como una simple fantasía con la que es imposible consumar una relación sexual.

Caen las caretas, las fantasías se derrumban mientras el desastre se agranda cada vez más. Permitidos resuelta una película súper amena y divertida, fiel al género, incluyendo los delirios desopilantes del final, aunque por momentos roza la moralina, con esta temática de conservar lo simple de la vida “común” y ver el mundo de la farándula como una ficción infecciosa.