Cuando el programa de Capusotto hacía honor a su titulo y era un programa de rock y humor, decía muy sabiamente en uno de sus segmentos «No hay nada más rockero que morirse» y, a pesar del humor, no dejaba de tener algo de razón. Aunque las muertes prematuras no son únicamente propias del rock, es ese género musical por sobre otras expresiones artísticas el que ha dado más ejemplos de muertes entrañables. Apenas la literatura con algún Kafka o Stieg Larsson o en el cine con Fabián Bielinsky, por algunos ejemplos, aportan lo suyo a la lista de artistas que nos dejaron con obras de gran calidad, que podrían haber sido muchas más. Pocos nombres en comparación a la música que aporta tantos que hasta le permite generar un subgrupo como el llamado Club de los 27, dedicado solamente a aquellos que encontraron la fama, las consecuencias de esta y la muerta a esa temprana edad.

El nuevo libro de Loco Rabia (quien este año sorprendió con la calidad y cantidad de libros publicados en lo que va del año: Raymond, Pocketland, La Resaca, Mio Cid y el nuevo anuncio de Dark Country) es una antología sobre 6 miembros de este maldito club, para sumarle el integrante local con Rodrigo Bueno. La consigna es simple pero eficaz: distintos autores abordarán la historia del músico en 24 páginas siendo libres en su relato y en su abordaje. En esto último es donde la antología se hace fuerte, no aburre con historietas biográficas y engancha al lector en la curiosidad por ver cómo sus autores encaran el desafío:

Robert L. Johnson, por Farias / Vergara

El miembro fundador del Club y del cual se tiene menos documentación hace difícil la tarea de los autores quienes la resuelven muy bien con un relato de ficción muy inteligente y bien ejecutado que aporta una hipótesis (de las tantas que hay sobre su vida, desenlace y su habilidad para con la guitarra) más que curiosa sobre el triste desenlace de este músico de blues.

Vergara sigue sin quedarse quieto y muestra un estilo viejo, con líneas incompletas o manchadas de blanco, nos da una visión sucia que tiende a confundirnos en dosis saludables en algunas secuencias, pero que ayudan a darle cierto manto de misterio al relato.

Jimi Hendrix, por Giamportone

Otra buena ejecución donde vemos la libertad con la que contaron los autores para abordar la temática. En esta oportunidad Giamportone nos lleva en un viaje psicodélico que bien podría ser el vídeo musical de un tema de Jimi Hendrix: un trayecto donde no faltan las referencias musicales y las metáforas sobre la vida y muerte del gran guitarrista, con diálogos y frases que aportan muy bien a este ejercicio poético que propone el autor.

Janis Joplin, por Hildebrandt / Lauri Fernández

Una unión un tanto rara, no la de sus autores, sino la de los personajes de la historieta. Con la excusa de una colaboración en vida, Hildebrandt usa a Robert Crumb como excusa para introducirse en la vida de Janis Joplin, en su desarrollo artístico y especialmente en esa época de experimentación y libertad. Un guion con varias matices que recorre múltiples situaciones y que no termina de definirse con todas las puntas que abre: si es una especie de relato-homenaje a Crumb, o una mirada libre desde el humor/reflexivo clásico de Crumb a la posible vida de Joplin; se lo siente un poco forzado en su idea de juntar a estos dos artistas, por lo menos para los objetivos y extensión buscada por la antología. Al comienzo hay un intento por hacer un estilo similar al del historietista, para después volver a su dibujo natural, donde se siente mucho más cómoda y nos da sus mejores páginas. El resultado final es una historieta entretenida, que busca separarse de lo fácil y propone un ejercicio distinto e interesante pero que no termina de decidirse en lo que quiere contar.

Kurt Cobain, por Peruzzo / Torre Notari

Si la ejecución lógica de las historietas de esta antología fuese hacer un relato biográfico, esta es una de ellas pero lo hacen con inteligencia, se corre de las biografías comunes y nos otorgan una mirada más personal del músico, intentando abarcar sus opiniones más reflexivas opacadas por la prensa, que prefería resaltar sus excesos en lugar de buscar la verdadera razón de estas y de su filosofía que llevaba a tener su actitud punk.

Peruzzo mezcla varias líneas temporales para no hacer un recorrido lineal del músico. Los personajes y la excusa de entrevistas entre varios de ellos, le permite hacer un relato entretenido y abordar a Kurt Cobain desde distintos ángulos con sus pensamientos y sus contradicciones. No se mete en todas las teorías conspirativas que se formularon a partir de su muerte (las cuales aun están escribiéndose o haciendo documentales), sino que da una hipótesis, con un perfecto marco, muy humana, del suicidio de Cobain.

El arte visual ayuda mucho a meterse en aquellos años con un estilo que nos recuerda mucho a la revista Fierro de la época (en especial al subtemento), o a muchos fanzines y artistas de los años 90. Una excelente ejecución de Torre Notari con un estilo noventoso que se acomoda muy bien al guion y nos da un desarrollo muy fluido de la historia donde podemos palpar prácticamente las emociones por las que pasan los personajes.

Rodrigo Bueno, por Farias / Ciervo / Acevedo

Si bien está más que (tristemente) justificado el ingreso del cantautor cordobés al Club, no deja de asombrarnos un poco, sin dudas por ser alguien local y fuera del género común a los demás miembros del triste Club.

Es una lástima que esta historieta no esté al nivel de las demás, quedando a mitad de camino de todo lo que podría haber sido y de lo que propone. Desde el prólogo parece que vamos a tener un relato sobre los excesos producto de la obligación de cumplir con todos los compromisos que un cuartetero debe hacer, pero finalmente tenemos un clásico biopic donde las situaciones y los diálogos guiñan constantemente al lector con presagios de éxitos, incluyendo también algunas páginas estilo video musical para incluir algunas letras del cantante. Hay una sola página donde vemos el mencionado exceso de trabajo y del uso de las drogas para luego darnos un final demasiado abrupto que nos termina dejando la sensación de que faltando dos páginas se dieron cuenta que solo tenían 24 para contar la historia.

El dibujo de Ciervo y Acevedo cumple muy bien, su estilo simpático contrarresta un poco con la trágica historia del cantante pero resuelve muy bien las situaciones dramáticas por las que pasa. Lo único objetable es el gran espacio dedicado para los globos en las páginas de letras musicales.

Jim Morrison, por Santullo / Belgradi

Por fin tenemos el relato de teorías conspirativas, hasta es de extrañar que hayamos llegado casi al final de esta antología sin que ninguna de las historias se ocuparan de ellas (excepto por el mito urbano en el caso de Robert L. Johnson).

Santullo nos entrega un relato con tintes de documental abarcando (casi) todas las teorías sobre la prematura muerte de Jim Morrison, y utiliza a la perfección todos los recursos de la historieta para hacerlo, prácticamente pidiendo a gritos que sea trasladado a la pantalla en una suerte de falso documental.

Lo único objetable a Belgradi es la falta de parentesco en sus dibujos con las personas reales, pero en una antología donde es un común general, solamente lo notamos por el estilo documentalista de la historia. Por supuesto que es perfectamente perdonable cuando vemos la calidad del dibujo y el gran detalle que entrega en todos los cuadros para darle la visión que el guion necesitaba.

Amy Winehouse, por Connelly / Brondo

Para terminar tenemos la última incorporación al Club, y una interpretación bastante más libre que las demás de la pauta de la antología, en lugar de contar algo sobre el músico, se toman de una de las letras para desarrollar una interpretación.

No termina de cerrar el guion de Conelly, si bien no hay nada para objetar en su ejecución, el problema es que toma desprevenido al lector que venía leyendo historias más literales y no tan interpretativas (excepto por la de Hendrix) y que le pide conocer más de la letra del tema a la que hace referencia la historieta. El resultado es una libre interpretación para el lector de distintos temas. La extensión parece excesiva para lo que se quiere contar pero sirve como excusa para encontrarse con un genial Brondo que siempre da gusto ver y que en esta historia se explaya tan bien.

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Morir a los 27, de Alejandro Farias, Matías Giamportone, Javier Hildebrandt, Rodolfo Santullo, Nicolás Peruzzo, Damián Connelly, Lauri Fernández, Facundo Belgradi, Camila Torre Notari, Ciervo, Antonio Acevedo, Nicolás Brondo, Matías Giamportone y Marcos Vergara – Ed. Loco Rabia.