Astr0kate es el proyecto personal de Kate Kain, una artista de Chascomús radicada en Buenos Aires que desde hace seis años construye, bajo ese alter ego, un lenguaje propio que se nutre del tango, el folclore, el rap, el hip-hop y el pop contemporáneo. Más que una convivencia de géneros, su música encuentra un punto de unión en la cadencia de la voz y la musicalidad de sus fraseos: una forma de cantar y decir que atraviesa distintas instrumentaciones sin perder nunca esa cadencia arrabalera.
Astrodélika, su primer álbum de estudio, acaba de salir. De algún modo, se trata de la culminación de un recorrido que hasta ahora suma más de diez singles, dos EPs y una Live Session. Se trata de una obra íntima y bisagra en su carrera, compuesta por siete canciones concebidas como un viaje de transformación hacia la artista y la persona que es hoy.
Como todo derrotero, la idea y el concepto que rodean al disco no aparecen de golpe, sino que se van construyendo a medida que se gestan espontáneamente las canciones que lo componen y encuentran, poco a poco, un sentido. "Empezaron a aparecer las ganas de conceptualizar un álbum que le diera vida a todas esas facetas que yo le quería permitir ser a Astr0kate", explica la artista en conversación con Indie Hoy, y enumera los diferentes espacios que hasta entonces había habitado por separado: el trap, el tango, el hip-hop, la fusión y la psicodelia.
El mayor desafío para la artista fue trasladar la hondura de sus trabajos anteriores, también conceptuales, a una sonoridad más luminosa y expansiva. "La profundidad no tenía por qué ser oscura", resume. Ese movimiento evolucionó de manera natural desde los EPs Kaos (2023) y Ultramar (2024), pasando por la sesión de Electrocriolla (2026), hasta desembocar en un disco que cohesiona todos esos sonidos en una misma obra.
Dentro de la idea de transformación, inevitablemente el disco aborda la noción de un nuevo renacer. "El otoño" abre con una línea explícita ("siento que estoy renaciendo") y el resto del disco acompaña ese pulso a través de distintos procesos personales que la marcaron a flor de piel. Kate los ubica en un momento puntual de su vida: la muerte de un ser querido. "Empecé a valorar muchísimo la salud mental y también a las personas que tenía cerca, por ciertas pérdidas", explica, y agrega: "Salió de una visión muy humana, muy cotidiana, en realidad: que un día estamos y al otro día no estamos".
A pesar de eso, Astrodélika no es un álbum luctuoso. Hay en él una decisión consciente de buscar la luz a través de la celebración de la vida, el baile y la comunión. "Necesitaba alquimizar ese duelo, de alguna manera también romantizarlo", define. Para eso, recurre al símbolo de la mariposa y a un concepto propio: el de orugar, un sinónimo de metamorfosis basado en la idea de que de los momentos hostiles se puede salir mejor. "Es el momento de orugar del que siento que todos tenemos que aprender un poco a pasar esos procesos con más naturalidad", sostiene. "Siempre va a haber un momento donde sale el sol, donde abrís las alas".
Ese proceso convive con otra tensión que recorre el álbum: la de lo ancestral y lo futurista. Para Kate, el punto de encuentro está en el aquí y ahora. "El nexo es el presente mismo, entre lo futuro y la raíz", explica. Es lo que ya venía profundizando en Electrocriolla: la idea de "volver a la raíz y homenajearla", que resume con una frase: "el mañana y el ayer permanecen en el hoy".
Esa raíz a la que se refiere está en sus influencias y orígenes folclóricos, sus ancestros y la voz de Mercedes Sosa. Sobre ese territorio ensaya el sonido de lo nuevo, con sintetizadores y un pop más brillante, combinándolo con aquello que forma parte de su primera esencia e identidad artística. "Más allá de los cambios, sigo evocando mi voz más ancestral y a mis referentes y, de alguna manera, los cantos más chamánicos y a la poesía".
Astrodélika es una obra policromática, donde ninguna canción se parece a la siguiente. En el álbum conviven el pop, el trip hop, el R&B, la música celta, el folk e incluso una pieza de música clásica. Para Kate, esos géneros funcionan como "polos opuestos hablando de lo mismo". La cohesión, entiende, nace del contexto en que se gestó y grabó el álbum: un retiro en el campo, sin celulares ni distracciones, lejos de las expectativas —propias y de la industria— y de lo que "se esperaría" de un disco suyo. "Creo que todos esos géneros fueron unidos por ese mismo germen de libertad creativa, de permitirse jugar. Por eso se leen como un todo: porque comparten esa alma", dice.
El método de trabajo fue tan concreto como el concepto. Junto al productor Dat4s (Facundo Lapido), con quien ya colaboraba desde hacía años, la artista organizó una serie de jornadas para trabajar de sol a sol, sin distracciones y enfocadas en sacar lo mejor de ambos. "Estuvimos trabajando durante siete días, entonces el germen de cada canción nació, de alguna manera, uno por día", cuenta. De esta manera, lograron componer una canción para representar cada etapa del recorrido de la metamorfosis: duelo, sanación, euforia, alegría, renacimiento y florecimiento.
Según la artista, las canciones nacían de un ritmo, una melodía de piano o ideas vocales que aparecían al aire. "La mayoría de las letras nacían como un freestyle", recuerda, un ejercicio heredado de la época de Kaos, con sus guiños al rap y al hip-hop. A veces se sumaba un poema escrito durante el día o surgido de intercambios con su compañero. "Era algo en equipo: 'Yo pongo este ladrillito, vos ponés este otro'. Siempre en conjunto", describe sobre el proceso de trabajo junto a su productor.
Después llegó el trabajo de estudio. Con la banda todavía sin conformar, del proceso participaron músicos sesionistas, algunos de manera presencial y otros a distancia. El máster quedó a cargo de Gastón "Percii" Porro y el resultado, según Kate, fluyó sin frustraciones: "La ingeniería de sonido entendió el álbum completo". En tiempos de discos largos, Astrodélika es breve y concentrado, y eso también fue una decisión. La artista reconoce que suele costarle ponerse un freno ante el "rosque creativo", pero que para su primer LP siete canciones le parecieron un buen número. "Menos es más", resume.

El orden de las canciones respeta, además, el itinerario original. Por ejemplo, "Vuelvo", la canción que cierra el disco, habla del regreso al origen. "Cuando termina el álbum, se podría empezar a escuchar de nuevo", propone. Probaron alterar la secuencia y el juego les resultó atractivo, pero decidieron conservar el orden en el que completaron el ciclo creativo: "Así como respetamos un montón de cosas sin juzgar si era mainstream, si era o no el género que veníamos haciendo, también respetamos el orden".
Entre sus influencias, la Negra Sosa aparece siempre como una referencia fundamental. Pero a medida que avanzaba el proceso de Astrodélika, Kate también encontró otros puntos de contacto que terminaron filtrándose en las canciones. Así apareció Sandra Mihanovich, de quien dice que "En la eternidad" conserva "ciertos vestigios". También estuvieron Bomba Estéreo, por su folktrónica lúdica, y Ca7riel y Paco Amoroso, como referencia para "Remo remo". En el espíritu general del álbum, aclara, una de las mayores guías fue Fuerza natural, de Gustavo Cerati, aunque sin los bombos legüeros de Electrocriolla.
La naturaleza y música de otras latitudes: un universo propio
Además del concepto de transformación, si hay algo que atraviesa toda su obra es su vínculo con la naturaleza: si Astrodélika es la mariposa que abre las alas y se vincula con el aire, Ultramar remite a las emociones y al agua, mientras que Electrocriolla representa la raíz y la tierra misma. "Me siento muy atravesada por lo astrológico, por los astros, por el cielo, por la naturaleza", dice. Su obra, define, es "una gran oda a ese proceso de la naturaleza" y al espacio que le da en su propio arte y en su vida cotidiana.
Para entender ese universo hay que volver a Chascomús. La formación de Kate comenzó en primer grado, en el coro de una escuela estatal que valoraba lo artístico, y continuó en el Conservatorio Municipal, donde estudió piano y guitarra. Su pueblo, declarado Capital de los Coros Infantiles y Juveniles, respira esa tradición. Su abuelo, que integraba la orquesta de tango El Trébol, creció a su vez en una familia de músicos, con tías que tocaban el bandoneón, algo poco habitual para una mujer de su época. "Era una familia que ya era una orquesta en sí", resume.
A los 14 años ya cantaba en los festivales de tango locales y competía en categorías intercolegiales bonaerenses. Entonces todavía no dimensionaba la herencia familiar: "Era algo que estaba muy adentro mío y a mí me fascinaba". Cuenta que a los 12 años podía escuchar entero un disco de Goyeneche sin entender del todo lo que cantaba, "pero buscaba en la interpretación".

A los 18 años se mudó a Buenos Aires, donde continuó expandiendo ese universo: cantó en milongas y micrófonos abiertos, integró el coro argentino-británico con el que recorrió el país con folclore de Europa del Este y góspel, y estudió teatro, guitarra, danza contemporánea y hip-hop. También trabajó en dirección y asistencia de arte en producciones audiovisuales, hizo escenografías y escenarios musicales, y actuó en películas y cortos independientes. Más tarde salió a recorrer Latinoamérica como música callejera, con clásicos del folclore, el tango y la canción latinoamericana.
La decisión de fusionar todo ese bagaje llegó con la pandemia. "Bueno, esto que es tan mío, yo lo quiero mezclar", se dijo a sí misma entonces. Cuando llevó el tango al terreno del trap —algo que podría sonar osado para cualquiera—, lo hizo sin sentir que cruzaba una frontera: ambos hablaban de las desilusiones, del desarraigo y de las calles. "Para mí era como lo mismo: el tango y el trap". Fusionarlos, asegura, fue "algo muy natural".
El impulso final llegó en 2020. Hasta entonces había sido voz y coro en proyectos ajenos que, a menudo, se desvanecían cuando sus líderes cambiaban de rumbo. "Me tuve que hacer cargo de mí y decir: 'Bueno, soy yo. Soy solista, tengo mi identidad y tengo algo que quiero decir y transmitir'", recuerda. La pregunta que se hizo fue simple: "Si el mundo se termina mañana, ¿qué es lo que quiero hacer de mi vida?". Y la respuesta llegó enseguida: "'Bueno, cantar mis canciones'". Ese año lanzó su primer single bajo el nombre Astr0kate.
Hay una marca inconfundible en su obra y en su forma de interpretar: la argentinidad, que se escucha en el lunfardo, en cada fraseo y en las erres. No es casual. "A veces, cuando me doy cuenta de que de pronto le bajo un poco el volumen a eso, digo: 'No, no, le voy a subir el volumen a la argentinidad, a lo latinoamericano'", asegura. Por eso se declara "muy orgullosa de ser parte de este guiso que somos", con "todas nuestras raíces inmigrantes y autóctonas", y celebra incluso lo melancólicos, románticos y pasionales que somos. "Me parece muy rico ser argentino", concluye.
El próximo 18 de noviembre, Astrodélika tendrá su presentación oficial en Biri Biri, un lugar que Kate imagina como el marco ideal para dar rienda suelta a su faceta performática. Ya está ensayando, armando el guion del show y convocando músicos para una banda que todavía no existía cuando se gestó el disco. "Quiero que sea todo un viaje en sí mismo", dice, con una antesala, un cierre, invitados y un recorrido por sus etapas previas para desembocar finalmente en Astrodélika. El desafío, admite, es hacer convivir lo nuevo con lo anterior.
Y aunque tiene medianamente todo planificado en su cabeza, sabe que el escenario le reserva alguna que otra sorpresa. "Seguramente ese día me sorprenda yo misma con la devolución del público, porque ahí se transforma todo", anticipa. Y cierra: "Creo que me va a enseñar mucho más que todo el proceso previo a presentarlo".
Astr0kate se presentará el miércoles 18 de noviembre de noviembre a las 20 h en Biri Biri (Malabia 1175, CABA), junto a Flor Lovaglio. Entradas disponibles a través de Sumo Tickets. Escuchá Astrodélika en plataformas (YouTube, Spotify).













