simon-benegas

Nació hace 23 años en Buenos Aires, pero ahora se le hace difícil explicar dónde vive. En los últimos tiempos vivió un poco en España, otro rato en EE.UU., y bastante en la capital porteña. “Vivo subalquilando, al punto en que ya no considero que viva en un lugar fijo”, nos explica. Al cumplir 18, decidido a dedicarse a la música, comenzó un camino que lo empujó hacia el Berklee College of Music, en Boston, y ahora comienza a cantarle al mundo con un estilo que apunta a poco ruido y muchas nueces.

Con una mirada global, cantando en inglés entre mates, Simón Benegas es un joven que lleva y trae esas canciones íntimas y cálidas que hoy en día no sobran. En esta entrevista exclusiva para Indie Hoy nos cuenta cómo es pensarse “folk” en la era digital.

¿Cómo fue tu partida hacia Boston? ¿Qué te llevó allá?
Por el 2012 yo estudiaba Composición Musical en la UCA. Es una universidad muy orientada a lo clásico y bastante cerrada en ese sentido, o al menos así lo viví yo, y no me entusiasmaba tanto. Cuando vi que Berklee estaba audicionando en Buenos Aires decidí mandarme y no la pensé nunca más. Audicioné, entré y me fui. Sabía que allá iba a tener más diversidad y oportunidades para desarrollar mi creatividad de acuerdo a lo que más me interesaba de la música. También, teniendo en cuenta el renombre que tiene Berklee, de donde salieron figuras que hoy están por todos lados en la industria musical, dije: “esto tiene que ser la que va”.

¿Cómo llegás a ese sonido folk? ¿Qué te permite ese género?
Desde muy chico escucho no solo folk sino también mucho rock clásico. Mi viejo tenía unos discos de Cat Stevens que escuchábamos en todos los viajes y desde entonces me los sé casi de memoria. Cuando me independicé de los gustos musicales de mi viejo pasé por mil cosas: punk, metal, lo que se te ocurra. En un momento me fanaticé con el rock progresivo: Genesis, Yes. Pero cuando un amigo me hizo escuchar el primer disco de Bon Iver, me hizo un click, me impactó muy fuerte. Fue volver a lo simple, a lo básico. Nada que ver a los músicos virtuosos que yo venía escuchando, esto era lo contrario, pura simpleza, y me fascinó. Lentamente fui volviendo a Cat Stevens.
Cuando viajé a Estados Unidos lo único que tenía para hacer música era mi guitarra acústica. Berklee puede ser un mundo muy heavy para entrar porque todos son músicos muy tremendos y es intimidante. Yo me recluí a mí mismo y me puse a hacer música solo, con mi guitarra y mi voz, y empecé a escribir en ese estilo. Bon Iver me sigue encantando, pero también empecé a escuchar mucho Neil Young, Bob Dylan, Crosby, Stills and Nash; además del folk actual más indie. Luego de toda esa deriva musical, el folk en mí llegó para quedarse.

El año pasado editaste música en forma de dos EPs, ¿por qué así?
Hoy en día si sos un desconocido ponerse a escuchar un disco entero es muy raro y pasa pocas veces. Hay que aprovechar lo que se puede de la atención que está dispuesta a darle el público a una persona que no conoce. Es esa la idea en general. Pero te mentiría si te dijera que fue esa la razón, porque si hubiera podido hacer un LP probablemente lo habría hecho. Fue una cuestión de tiempo. Yo soy la única persona que integra el primer disco: lo produje, toqué todo, grabé todo. Con el segundo EP también me corría el tiempo, quería sacar algo con la banda antes de volverme a EE.UU, ya que ellos viven todos en Buenos Aires. Estoy contento de haberlo hecho así; el día de mañana, al momento de hacer un disco completo, ahí sí voy a laburarlo muy detenidamente, y creo que va a ser una cosa especial.

¿Cómo conjugás tu sonido más orgánico y de alguna manera “analógico” con la era digital en la que vivimos?
La verdad es que la era digital solo me ha traído beneficios, por más que mi sonido no haga juego. El primer EP que grabé solo tiene una guitarra acústica y mi voz. Todo lo demás es electrónico, lo hice todo con Ableton, lo que no le saca su identidad “analógica”, como vos decís, pero sí le da un gustito más de este siglo. Eso me copa mucho. Lo que hace mucho Aristimuño, de meter loops y cosas electrónicas, me gusta mucho para explotarlo cuando se puede. El segundo EP ya no tiene nada de eso, pero la era digital me permite grabarlo todo yo en mi computadora. No me quejo para nada. Pero siempre se va a volver a lo analógico, si bien nunca se fue.

¿Cómo te manejás en vivo?
Estando acá toco mucho yo solo, acústico. Para eso tengo que agarrar todas las canciones y medio arreglarlas para que tengan sentido en ese formato. Las canciones del primer EP, “The Age of Simple”, tienen bastante sentido porque fueron concebidas así, pero las del segundo se desarrollaron tocando con una banda, y tengo que pensar las alternativas. Me encanta tocar solo y me encanta con banda, son posibilidades distintas, pero ambas satisfactorias. Cuando estoy solo tengo el control de todo lo que pasa, podés generar emociones mucho más íntimas. Hay más improvisación, más libertad. Tengo la base en las canciones pero de ahí voy a cualquier lado.
La energía que tiene tocar con banda es otra cosa, tiene más impacto desde ese punto de vista. Y hacer música con otra gente, sentir que estamos tocando y que está sonando bien, y meterse de lleno, conectar, es increíble.

¿Qué artistas de ese palo estás escuchando hoy?
The Staves, que ahora están de gira con Bon Iver, Ben Howard, S. Carey; Dave Matthews Band, que tiene mucho de jam band, y por ende conecta lo que me solía gustar con lo que me gusta más ahora; Ed Sheeran me gusta bastante; Feist, Iron and Wine, Ryan Adams; Kings of Convenience me gusta demasiado, estoy pensando en hacer un disco bien acústico y a dos voces; y me caben mucho Radiohead y U2, aunque claramente no son del estilo. Las melodías de Bono y el sonido de The Edge son algo que nunca me van a aburrir.

¿Y algo argentino?
Raro como lo ves, no crecí escuchando música argentina, para nada. A mi viejo lo que más le gusta es el folclore, cosas así, pero tampoco escuchábamos eso juntos. Yo por mis propios medios me instruí un poco en la música nacional. Me gusta mucho Sui Generis. Hoy en día voy a ver a Lisandro Aristimuño cada vez que tengo la oportunidad. Me gusta Divididos. Desde ahí, no hay mucho más en lo que haya profundizado.

¿Volvés seguido al país? ¿Cuál es tu relación con Argentina?
Sí, mucho. Mi novia es argentina, y cuando tengo la oportunidad vuelvo. Y cuanto más tarde pueda volver a Estados Unidos, mejor. Argentina me encanta, y viviendo afuera apreciás mucho lo que tenés en tu país. No solo por mi novia y mi familia, sino porque me gusta cómo es la vida argentina. Lamentablemente no es muy amigable con lo que yo hago, y no le veo mucha oportunidad para arrancar de cero allá. No quiere decir que no la haya, sino que desde EE.UU. es mucho más factible construir una carrera musical, más que nada si hacés una música cuyo mayor mercado no está en los argentinos. Música folk, en inglés… claramente el mercado está en otro lado. Pero mi objetivo a futuro es hacer mi base en Argentina. Me gusta mucho mi país como para no vivir ahí.

¿Cómo cambia hacer música en uno u otro país?
Acá -en Boston- tengo más tiempo de soledad para mí, y eso me activa mucho más a la hora de escribir. Me desespero si pasan tres días y no escribí nada. Me empuja a crear constantemente. En Buenos Aires es más jodido, tengo mas “distracciones”, más cosas que hacer. Además cuando estoy lejos de la banda puedo pensar las canciones solo. También es un desafío ver cómo conjugar los temas luego con los músicos y ver como hacer para que no se pierda la simpleza.

¿Qué te dejó el Berklee?
Mirando para atrás, Berklee me abrió la cabeza increíblemente. El solo hecho de irse a vivir a otro país, a otra cultura, te genera una reacción creativa muy grande. Te saca limitaciones, que es lo más importante para crear. Berklee me permitió descubrirme musicalmente, tiene espacio para todo tipo de música. Nació como una escuela de jazz y sigue siendo muy de ese palo, pero tiene de todo. Los Stone Giant también salieron de acá, y con ellos se armó una especie de “microsociedad” de músicos argentinos en Berklee. Ellos hacen algo que nada que ver, pero justamente, la diversidad en Berklee es algo impresionante.

¿Qué planes tenés para el 2016?
La idea principal es hacer una gira con la banda en septiembre. Probablemente por la costa este de Estados Unidos, lo estamos planeando en este momento. Vamos a tener la base en Nueva York, porque ahí voy a estar viviendo, y también mi manager. Trataremos de llegar hasta Canadá, porque parece que hay una escena musical muy interesante, y quiero explorarla un poco. Esa es la idea, conectarnos lo más que podamos, conseguir oídos nuevos, y que esto lleve a más giras, por todos lados. A la par, yo nunca paro de componer, así que quizás después de la gira grabaré algo, si bien no está planeado aún. No me gusta dejar mucho intervalo entre la música que saco.