Descubrir
|
21/02/2022

Stefano Bietti combina su pasión por el blues con las melodías pegadizas del pop

Antes del lanzamiento de Vyekko, su primer EP, repasamos los singles que el músico argentino publicó hasta ahora.

La historia del rock argentino siempre tuvo un lugar para el blues. En este tiempo centennial de mucha sensibilidad, aparece Stefano Bietti para entregar canciones influenciadas por ese género, pero con una energía propia que vale la pena descubrir a través de las canciones que sacó a lo largo del año pasado y que formarán parte de Vyekko, su primer EP que saldrá en marzo.

Mientras esa fecha llega, prestamos ojos y oídos a lo que ya nos dejó: un paseo íntimo junto a su voz por paisajes bluseros en cuyo cielo hay nubes del pop, que por ratos explotan en tormentas con forma de solos de guitarra. Hablando de paisajes, hay algunos de Buenos Aires que seguro inspiraron la sensibilidad de Stefano Sanguinetti (nombre real de este joven de 22 años). Uno de ellos es Catalinas Sur, el vecindario en el cual se crió, conocido por ser “el mejor lugar para ser chico”. Es un barrio en donde solo hay veredas, no hay calles, ergo los autos no pueden pasar. Es un lugar donde se respira otro aire, abunda el verde de los árboles y del pasto de los jardines que rodean cada edificio dentro de la vecindad. Cuando era niño, Stefano encontró en su casa una guitarra vieja de su padrastro, quien es como su segundo padre, y por alguna razón llamó mucho su atención. “Recuerdo que era una guitarra eléctrica semi hollow”, cuenta el artista. Y agrega: “Si bien siempre fue un amante de la música y gran conocedor de bandas, artistas, y de sus historias, mi padrastro nunca supo tocar nada más allá de los acordes básicos. Me acuerdo que me enseñó tres acordes mayores y yo me pasaba todo el día tocando solo eso, cambiándoles el orden, el ritmo, pero no más que eso”. A la temprana edad de 8 años, comenzó a estudiar guitarra con un profesor, en las clases aprendía a tocar canciones y riffs populares de la música nacional e internacional. Al poco tiempo, sus padres le regalaron su primera guitarra: una muy económica de tipo Stratocaster.

Para ese entonces, no tenía ninguna preferencia por un género en específico. Hasta que un día, en un pueblito de la provincia de Santa Fe al que solía ir para visitar a su bisabuela, estaba aprendiendo a manejar y Carlos, su padrastro, puso en el estéreo del auto un CD que sería un antes y un después en la vida musical de Stefano: The Sky Is Crying, de Stevie Ray Vaughan. “Fue admiración instantánea. Creo que es uno de los dos álbumes  de los cuales puedo recordar el nombre y el orden de cada tema. Los dos que más me cautivaron fueron ‘Little Wing’ y ‘Life By The Drop’, me los escuchaba una y otra vez”, rememora sobre ese momento especial. En esa misma senda del descubrimiento, conecta otra historia: “Allí comenzó mi verdadero amor por el blues. Unos meses después, un domingo al mediodía, habían venido a almorzar familiares y amigos. En un momento, mi padrastro puso un disco y recuerdo que le dijo a su primo y a su amigo ‘escuchen a este tipo, parece Stevie Ray Vaughan’. Obviamente me sorprendí y empecé a prestar atención. Se trataba de John Mayer, y el disco era Where The Light Is. Para mí, fue como encontrar el Santo Grial”. Y sigue: “Al rato la gente se fue y yo me puse a escuchar más tranquilo los dos discos que trae el álbum. Era sorprendente, cada tema me gustaba más que el anterior, quedé fascinado”. Vaughan y Mayer lo llevaron de la mano a conocer a artistas como Jimi Hendrix, Eric Clapton, B.B. King, entre otros. Como su padrastro era amante de la música, en su casa había cientos de discos de un centenar de artistas y géneros variados; era muy probable que encontrara un disco de cada artista que descubría en su hogar. No solo comenzó a escuchar mucho blues, sino que también a íconos de otros géneros que lo asombraban: Michael Jackson, Ray Charles, Stevie Wonder, James Brown, The Rolling Stones, entre otros.

Stefano Bietti – Foto: Inés Allievi

Entre 2015 y 2017, Bietti tomó distintas clases en el I.M.M.A. (Instituto Municipal de Música de Avellaneda), donde tuvo una formación más profesional y descubrió el mundo de la teoría musical. Si bien la escuela tiene un enfoque clásico, también tiene su lado más orientado al jazz, con una big band que toca los standards más conocidos. Eso le ayudó a conocer el mundo del género y a artistas como Herbie Hancock, Miles Davis, Frank Sinatra, John Coltrane, entre otros. Comenzó a impregnar sus oídos con jazz: armaba progresiones de acordes y les agregaba complejidades armónicas con los conceptos que iba aprendiendo solo a modo de juego. Al final de ese lapso de tiempo, egresó de su colegio secundario y, a la vez, terminó el Fo.Ba (periodo de formación básica de tres años obligatorio) para ingresar a la carrera en el Instituto. Su plan para el año siguiente era, por un lado, continuar sus estudios en el instituto de música y, al mismo tiempo, comenzar sus estudios como traductor.

Pero el 2018 no resultó como él esperaba. “Una noche me encontraba en Quilmes, a punto de subir al escenario con Agalma (la banda en la que tocaba para aquel entonces), y unos minutos antes entré a la página de la facultad para darme cuenta que no había sido admitido. Se necesitaba una nota que en promedio con los cuatro exámenes sea 8 como mínimo. Yo había sacado 7,5. Me acuerdo que por un momento se me vino el mundo abajo y sentí un poco de vergüenza. Por suerte enseguida subimos a tocar y pude olvidar todo eso durante los 45 minutos del show“. Como si las cosas no pudiesen empeorar, a las dos semanas le informan del instituto de música que no iba a poder entrar a la carrera de profesorado. Para eso debía cursar todo el año solamente una única materia pendiente (y la más aburrida), aprobarla, para luego en 2019 poder entrar. Apenas una semana de marzo y Stefano ya había decidido abandonar el instituto. No iba a estar un año cursando una materia para entrar a una carrera que, al final de cuentas, no era lo que buscaba. Pero como dice él, “aunque en el momento cueste ver el lado positivo, todo pasa por algo”. Algo mejor se estaba gestando.

Estos sucesos fueron los que empujaron a Bietti a decidir verdaderamente a qué quería dedicarse: quería ser un artista y hacer música que llegue a la mayor cantidad de personas. Siempre supo que era lo suyo, y su familia siempre lo ha apoyado. Le dijeron que si quería dedicarse a la música debía estudiar seriamente, con un buen profesor. Así que comenzó a tomar clases con un reconocido guitarrista dentro del ámbito blusero de Buenos Aires, Rafael Nasta. Un mes después hacía lo mismo con el canto con una profesora de su barrio llamada Luciana Bozzo. Sus padres querían que, además de los estudios particulares, tenga un estudio más formal. Así, en 2019 entró a la EMC (Escuela de Música Contemporánea): el año que había arrancado de la peor manera fue el punto de partida de todo lo que vendría después. No solo comenzó a adquirir los conocimientos que siempre buscó, sino que además conoció personas que lo ayudarían a llegar a donde siempre quiso estar.

Vyekko es el nombre de su primer EP como solista y contiene cuatro canciones: “Sobre mi cuerpo”, “El balcón”, “Noche gris” y “Bajo las sábanas”. Para el proceso creativo contó con la producción de una dupla de Agustines: Agustín Elizalde y Agustín Pugh. Por su lado, Manuel Maestu se adueñó de la batería, Pablo Álvarez de las notas graves, y May Santoro aportó su bella voz en más de una ocasión. 

Sobre mi cuerpo” es, además de su primera composición, una canción enérgica, con rasgos de distintos estilos: la potencia del rock, una melodía pegadiza típica del pop y la pasión del blues. Esta tiene un clip dirigido a cuatro manos: la primera parte por Pachi Rivas, y la segunda, por inconvenientes con el coronavirus, por Nicolás Torre Spika. Este último también dirigiría, en una casa de campo, el siguiente clip, “El balcón“. En contraste con el primer lanzamiento, es un tema de amor más cálido y tranquilo, puede ser escuchado a la hora de estudiar o simplemente descansar. Tiene un groove que camina por su propia cuenta e invita a mover el pie siguiendo el pulso.

El tercer corte del disco, “Noche gris”, fue trabajado de una forma exquisita al contar con el sonido del contrabajo y con la voz a dueto de May Santoro. El ya mencionado Nicolás Torre Spika vuelve a realizar el lado visual de la canción, con San Telmo de locación. La cuarta canción, “Bajo las sábanas“, estará disponible en plataformas junto al EP completo en marzo.

Mirá el video de “Noche gris” a continuación y escuchá a Stefano Bietti en plataformas de streaming (Spotify):


Ver más sobre: Música en Argentina