“Acostumbrate a la felicidad” suena como el consejo adolescente de un amigx a otrx durante una instancia de inestabilidad, en un momento de intimidad. Así se siente el álbum debut de Y Nevó, banda sub-23 de zona sur. Ambientes íntimos y efusivos, enunciados bajo un lenguaje juvenil y agridulce, determinan un sólido primer disco mezclado por ellos mismos y grabado en Fauna Cósmica y la casa de sus integrantes.

En “No sales“, con una estructura cancionera por excelencia, las guitarras paneadas hacia los costados dejan el centro para el vehemente canto de Tom Rondina, quien relata desventuras que tratan el ecúmenico tópico de los amores no correspondidos. Con una prosa sencilla y efectiva, el tema conduce a un clímax en el que el estribillo final junto con sus coros induce al oyente a participar de esa grandiosa función catártica del canto: vociferando a ojos cerrados y deseando que la canción nunca termine.



Un arpegio de tintes barrocos y una entonación susurrada lideran el asunto en “Solana“, acomodando al espectador en un muy bien logrado clima de intimidad, contrastado por la distorsionada guitarra de Berardinelli. La batería y el bajo de Costa y Segovia manejan el ritmo en un eficaz 3/4, como si de un lacónico vals se tratara, despejando el camino para las agridulces estrofas de una historia de amor desentendido.

No obstante, es en “Acordes menores” que Y Nevó nos deleita con una balada electroacústica de pequeñas reminiscencias de “Barro tal vez“. Las armonías dominadas por Rondina y Berardinelli interpretan de gran forma la presunta soledad de la guitarra y de su letra. A su vez, unos teclados oportunamente colocados redondean esa necesaria cuota de dulzura en un tema que amerita una escucha a ojos cerrados en un momento de introspección.

Sin embargo, este primer disco de Y Nevó no se trata solo de ambientes intimistas y estrofas vehementes. También vamos a encontrar pasajes reflexivos, sentencias y quizá una especie de aforismos. “No le temas al pasado incambiable ni al futuro invisible” es uno de los mejores versos del álbum, y lo encontramos en el sólido mid-tempo que es “Dame la mano“.

Por su parte, la distorsión necesaria en todo álbum que de rock se haga llamar la encontramos en “Grata faena“. El gran juego de preguntas y respuestas por parte de las guitarras permite el lucimiento de las líneas de bajo de Mati Segovia y el eficaz beat de Agustín Costa.

“Quiero mucho a muchos, pero no amo a nadie” pareciera ser el aforismo de los inconformistas, pero es el estribillo del mejor tema en el debut de Y Nevó, y un fragmento que ilustra acertadamente al disco. El dejo optimista en una poesía melancólica, las guitarras intimistas y/o efusivas, el dulce relato de los defectos y los talentos, como si de un álbum adolescente se tratara. En fin, una pequeña oda a la juventud y a sus (im)perfecciones.