No sé por qué, honestamente, en algún momento previo al lanzamiento del disco pensé que ya no iba a ser lo mismo, que iba a haber algo que no me iba a convencer, pero apenas le di play a La Dinastía Scorpio, el nuevo disco de El Mató, supe de que no, de que estaba equivocado. Lo hicieron de nuevo.

Pasaron unos casi exactos cuatro años desde el lanzamiento de Día de los Muertos, fin de la trilogía que comenzó con Navidad de Reserva de 2005, y en cuatro años pasaron infinidad de cosas, infinidad de shows, reconocimientos y un público que cada vez iba en aumento: la bola se corre. La banda se consolidó, sumó un teclado, algunos hicieron sus proyectos solistas o paralelos, pero sabemos que El Mató son “todos” ellos. Algo así como les pasa a los Deerhunter, que Bradford Cox se va a hacer discos de Atlas Sound y Lockett de Lotus Plaza: son buenísimos por sus cuentas, sí, pero cuando vuelven a ser “el” grupo… nos empiezan a pasar cosas.

La Dinastía Scorpio es, quizás, la propuesta más ambiciosa (iba a poner arriesgada, pero no es esa la palabra) o que significa un quiebre. No hay explícitamente una temática como en los discos de la trilogía, estructura que logran romper de una manera acertada. Ojo: el primer disco homónimo de El Mató… tampoco tenía esa estructura, pero de aquí para allá hay un gran abismo, bien sabemos. También sucede que logran despegarse de la etiqueta “sonido platense” pero a su vez siguen siendo la máxima referencia contemporánea de ese circuito, que escapa a algo meramente geográfico: es el sonido lo que los marca, y en La Dinastía Scorpio saben volver a definirlo, no todo es tan lo-fi, no todo es como antes.

El disco comienza con “El magnetismo”, el costado romántico del apocalipsis, la continuación de Día de los Muertos. Están vivos, nosotros también, estamos bien. “Mujeres bellas y fuertes” es la antesala para “Chica de oro”, la versión El Mató de “Algún día Jenny” de aquél Santiago solista… y vuelvo a mi teoría de que cuando esas canciones caen en manos de la banda, el poder, el alcance, se disparan. Retoman la senda pop en “Más o menos bien” (¡la ironía!). Formemos una banda de rock and roll para que esté todo bien, así de inocente lo proponen. Así de real. Así lo hicieron. Siguen con “Yoni B” (nuevo personaje en la dimensión lo-fi), “Terror”, “Nuevos discos” (la canción más bajón de la banda, triste y asfixiante), “La cobra”, “Noche negra”. Entonces llega “La cara en el asfalto” y te vuelven esas ganas de ver un show de El Mató entre amigos, como siempre, como Dios manda. Cierra “El fuego que hemos construido”. Se termina.

El fenómeno El Mató es un caso aparte. Retomo las palabras que se publicaron en la reseña del show que dieron antes de Dinosaur Jr.: ya no son “la promesa” de La Plata. Es real. El Mató es real, es la banda más convocante de la escena alternativa al nivel icónico de lo que representó Fun People en algún tiempo, o Peligrosos Gorriones. Un retrato generacional de la generación que se aburrió de todo, de la generación que se cansó de todo también, de la generación que pensó que el mundo era una mierda hasta que creció y se dio cuenta de que tampoco era para tanto, está buenísimo, como así también está buenísimo enamorarse o tomar una Pepsi en lata, bien dicen los Faunos.

Nuevo disco, nueva droga. “Emotivas explosiones de verdad y belleza” reza su Facebook. Y yo acá tratando de resumir un disco. En fin, gracias.

El Mató a un Policía Motorizado – La Dinastía Scorpio

2012 – Laptra

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01. El magnetismo
02. Mujeres bellas y fuertes
03. Chica de oro
04. Más o menos bien
05. Yoni B
06. Terror
07. Nuevos discos
08. La cobra
09. Noche Negra
10. La cara en el asfalto
11. El fuego que hemos construido

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