Categorías: Entrevistas
| Publicado
22/02/2017

Barfeye: “No elegí la música, tengo que hacerla aún si no quiero”

Foto: Abril Spagnolo

Sorprende, en el marco de una entrevista, que un músico te diga que no siempre disfruta hacer música. Que no fue su decisión o que a veces no tiene ganas. Ramiro Hernández es un pibe rosarino que asegura que no eligió hacer música, pero no tiene otra alternativa. Hay música en él y tiene que salir. Acá, parece, la situación es otra: fue la música quien lo eligió a él.

Para su primer disco (muy) solista, agarró un montón de instrumentos y los tocó y los grabó todos él mismo, para luego colgar el resultado en Facebook sin ninguna expectativa. Black Beer (2016) terminó cosechando miles de reproducciones y tuvo que salir a buscar gente para tocarlo en vivo. Ramiro firma como Barfeye y canta en inglés. Quizás un presagio de su inminente mudanza a Inglaterra el año próximo, gracias a una beca que le otorgó la compañía Routenote. Antes de que eso suceda y con el segundo disco ya comenzando a grabarse, Indie Hoy habló con él para conocer más sobre la soledad de su proceso creativo y sus ambiciones.

Tocás todos los instrumentos en tu disco. ¿Por qué?
Yo estuve en muchas bandas, tres o cuatro, al menos un año y medio en cada una. Toqué distintos estilos e instrumentos, pero últimamente no me gusta mucho socializar en la música. Para expresarme, me gusta más estar solo. Al tocar los instrumentos y armar todo yo, por ahí me doy otras libertades. En una banda tenés que enfrentarte a la opinión constante de los demás, te rechazan, te tenés que adaptar a las ideas de los otros, y todo eso. Estando solo, si quiero hacer un tema que sea una hora de silencio, lo hago. Tengo la libertad, y por suerte la posibilidad. El disco lo grabé en bóxers, comiendo fideos fríos frente a la computadora, y por ahí paraba y me iba a mirar una serie, y así. Juntarse con otra persona implicaría compartir ciertas cosas, incluso formalidades, y soy medio aislado con todo eso.

De todos modos, ¿cuál de todos es tu instrumento?
Siempre fue la guitarra, pero últimamente me empecé a identificar más con los synthes, máquinas de ritmos, mellotron y cosas así. No toco demasiado bien ninguno, pero al entender cómo funcionan podés crear cosas simples. Además, no sirve quedarse en lo seguro. Lo otro me desafía más.

Sé que tocás desde chico, ¿cómo empezaste y por dónde?
Empecé a los siete u ocho años. Mi vieja toca la guitarra y me enseñó un par de acordes cuando era chico, en un momento en que ya no me interesaban ni los juguetes ni los deportes. Ella me influyó mucho, mi viejo también. Siempre tuve las puertas abiertas por el lado familiar; yo a los diez años ya no quería estudiar más, quería hacer música. No era lo ideal, obvio, pero mis viejos siempre me respetaron y trataron de guiarme. Hice la facultad de música a la par de la secundaria y ahora estoy estudiando Psicología.

Tocás hace mucho, pero ¿en qué momento te decidiste a hacer este disco?
Yo veo que la gente toma a la música como una elección, como que agarran y dicen “quiero hacer música”. Pero para mí hacer música es como tirarme un pedo. Es algo muy simple, natural. Algo que tengo que hacer. O como comerme un plato de fideos. Yo puedo comerme los fideos, pero después no voy a estar todo el día diciendo “el plato de fideos es mi mejor amigo y amo cocinar fideos”. Yo siento que tengo que hacer música. Incluso a veces no me gusta, no lo disfruto. No lo siento como una elección. Pero si no lo hiciera me terminaría encerrando en mí mismo sin poder decir nada. Me gustan otros tipos de arte, consumirlos, pero no hacerlos. Pinturas, escrituras, y demás. Verlo, leerlo, pero no me nace hacerlo. En cambio la música, desde que tengo memoria fue lo mío. De chico me regalaban un juguete y me quedaba haciendo ruido con la caja. Es un poco contradictorio todo esto, porque en el disco no digo prácticamente nada, no hay un mensaje…

Eso te iba a preguntar: ¿el disco es un rejunte de canciones, o está orientado hacia algún lado? Aunque sea algo que encontraste después de ya haberlo hecho.
Son canciones que pensé que podrían sonar bien en un primer disco. Yo tengo proyectado seguir con esto, al menos el resto de mi vida; al estar yo solo, en cualquier momento podría hacer un disco con el nombre de Barfeye. Pero este era el primer disco, ¿viste el primer disco típico? Que por ahí no suena perfecto, tiene canciones medio de relleno… Yo tocaba en Momafunk, una banda de acá que por diciembre de 2015 se disolvió. Pero pasó casi un año hasta que agarré las canciones que tenía, las grabé, les busqué un nombre, un nombre al álbum. Yo estaba saliendo con una chica y se pudrió todo, eso fue muy importante, creo que se lo voy a agradecer toda mi vida *risas*. Estuvo bueno, por ahí, al encontrarme más triste, eso me movilizó.

¿Qué artistas creés que te influyeron en este disco? ¿o qué escuchabas por esos días?
Mis influencias son muy variadas. No es que escucho de todo, pero para este disco me influencié mucho en el indie, en cosas muy distintas a las que venía acostumbrado. Yo por ahí escucho muchos artistas jazzeros, complejos, virtuosos, con estructuras muy bien armadas, Pat Metheny... soy fanático de Spinetta, incluso John Frusciante. Pero últimamente venía escuchando mucho Tame Impala, Pond, los Strokes.

Cuando grababas este disco, o incluso antes, ¿cómo planeabas hacerlo en vivo?
Eso fue un problema y sigue siéndolo. Es muy fácil grabar un disco solo porque si quiero grabo una ópera vikinga, pero después para plasmarlo en vivo es complicado. En diciembre presentamos Black Beer con una banda que armé, les pasé a los músicos el disco, todo, y salió muy bien, incluso lo grabamos. Pero esos músicos fueron solo para esa ocasión, y va a ser así toda mi vida, creo. Toqué con tres amigos, de los cuales uno era Lautaro Ruggieri, que fue mi brazo derecho durante todo el proceso del disco. O mejor dicho, es mi silla de ruedas, y yo soy un inválido. Sin él todavía estaría en mi cama tirado, escribiendo temas, y pensando “capaz algún día los grabo”. Él es un gran profesional. Yo entré al estudio en pelotas y salí de traje.

¿De qué hablás en las letras?
Las letras de Black Beer son todas sentimentales y temporales. De hecho entre que lo escribí, lo grabé, lo produje, lo mezclamos, lo masterizamos y todo, yo creo que pasó un mes y medio. Desde que arranqué hasta que estuvo en Spotify. Y las letras casualmente hablan de esta situación de ruptura, de querer decirle algo a una persona y no poder. Quizás decirlo con una canción me resulta más fácil.

¿Qué va a traer de nuevo este segundo disco?
Black Beer es una milanesa recalentada y el nuevo disco es un pato a la naranja en el restaurante más caro de Francia. Está bien hecho. Voy a grabar las batas y las voces en un estudio; después el resto lo voy a seguir haciendo en casa. Tiene más profesionalismo. Yo no soy una persona tan creativa como sueno, igual… tengo baches. Por ahí no escribo nada en todo un año y después me agarra en una semana y hago cinco discos. Este nuevo disco va a tirar hacia algo más pop quizás, más psicodélico, versátil. Y va a tener más laburo. Sin rellenos.

Hay mucha música copada en Rosario. ¿Qué te gusta?
Hay mucha gente zarpada y también mucha competencia, lamentablemente. Hay muchas personas que no saben diferenciar el arte del deporte. Pero posta que hay mucha música increíble; gente que está en la movida hace mucho, el Dani Pérez con Los Sucesores de la Bestia, Pablo Jubany, Retro, Jimmy Club. En Rosario caminás una cuadra y en esa cuadra tenés diez músicos. Acá el oyente también es músico y el músico también es oyente. Pero no se aprovecha, porque las bandas se tienen rechazo, se prejuzgan.

¿Hoy en día qué estás escuchando?
Últimamente estoy mucho con David Bowie. Lo descubrí como mucho un año antes de que muera, pero me identifiqué muchísimo. Me ayuda mucho para mi proceso de creación también. Desde eso a Lady Gaga, que me re gusta, el último disco es increíble. Además Jack Johnson, Tame Impala, John Frusciante.

¿Qué planes tenés para el futuro, además del nuevo disco?
En enero me voy a vivir a Inglaterra. Lautaro se va a estudiar Music Business en unos meses y yo me voy un rato después porque fiché una visa de talento con Routenote. Yo ni sabia que existía eso. Me voy a hacer lo mismo que hago acá: grabar, tocar. El primer disco tuvo una repercusión que no esperaba, pero muy grande. Eso me dio la confianza para decidir ir. Tengo todo este año para armarme e ir a la guerra.




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