«Somos un monstruo de Frankenstein que coincidió en gustos y discursos», explica efusivo Guillermo Masse mientras se acomoda en el sillón de la sala de ensayo de Gente Conversando, ubicada en pleno corazón del Abasto. Interrumpe el relato para sacar de una bolsa floreada un cuadro con la figura de un perro, pieza que más de uno encontrará familiar si presenció alguno de los últimos shows de la banda. A esta altura, el can ya es un gurú kitsch que se encargan de llevar bajo el brazo cada vez que tocan. Con esa misma dedicación arman souvenirs para cada fecha, transformando fotos que encuentran en la calle en objetos dignos de colección. Además, entre tema y tema, sortean comida: desde latas de arvejas, salchichas y frutas, hasta media docena de facturas o un huevo de pascua. «Todo lo que sirva para paliar la crisis existencial, sirve», agrega Masse al respecto. Apostar por lo artesanal en plena era del like es todo un acto de valentía y, en este caso, también una declaración de principios salpicada de romanticismo: «No nos olviden del todo, porfa…», suplica Masse con ternura. «De paso, contribuimos al reciclaje.»

Desde abajo del escenario, la cosa parece anárquica. Pero es ahí, en esa delgada línea entre lo ceremonial y el delirio improvisado, donde radica la destreza de Gente Conversando. Otra habilidad tiene que ver con el factor sorpresa: nunca un show es igual a otro. En lo sonoro, la consigna es una suerte de «elige tu propia aventura» en clave new wave: dependiendo la canción, invitan a imaginar unos Devo producidos por Pipo Cipolatti, o a Talking Heads bajo los caprichos de Luca Prodan. No sin antes darse el lujo de tener un arrebato punk, o de ponerse intimistas, místicos e incluso experimentales. Si a eso le sumamos su fanatismo por la TV basura, el cine de clase B, los archivos radiales, la parodia política, el humor absurdo y todo lo que la cultura pop tenga para ofrecer, el resultado es un mundo de sensaciones. Esa es la mejor manera de definir a este quinteto surrealista que completan Martín Cajales, Detective Juan, Martín Sucari y Abelardo El Pollo, y que en enero del 2018 sacó su primer álbum bajo un sello discográfico. Los nuevos ídolos de la juventud vio la luz vía Fuego Amigo Discos, y en abril de este año redoblaron la apuesta con «No me olvides del todo», un single de 10 minutos de duración. Para completar el cóctel, acaban de estrenar un nuevo single titulado «Ritmo!», un impulso de pasión bailable en formato ATP.

¿Cuándo les cayó la ficha de que podían capitalizar ese collage de influencias y transformarlo en canciones?
La ficha siempre estuvo. Otras fueron cayendo por azar, y así sucesivamente. Como todo, depende de las ganas que tenga uno de hacer en la tramoya del baile. No podemos estar mucho tiempo sin decir algo. Tal vez mañana sea otra cosa. ¡Ritmo!

¿Pero no hubo un hecho revelador, una epifanía?
Nos cayó la ficha en el primer beso. Luego vimos que nuestros cuerpos se entendían. Luego el auto, la casa, la pileta, los chicos…

¿Por qué «Gente Conversando»?
Es un ente abstracto al cual muchos tienden a referirse como un tercero. Como en los programas de televisión ATP donde a la cocaína se le dice «droga» y al cáncer se lo llama «enfermedad». Por otro lado, nos gusta la idea del continuado: algo que sucede ahora y hasta el fin de los tiempos.

Aunque su sonido tiene un anclaje post-punk, lo que mejor los define es el eclecticismo. ¿Con qué género o formato les gustaría experimentar, que todavía no lo hayan hecho?
Eso mismo nos preguntamos nosotros.

Para bandas como Devo o Los Redondos en su primera etapa, la puesta en escena y la performance eran casi tan importantes como la música. ¿Hasta dónde les interesa desarrollar a ustedes ese costado performático?
Creemos en el espectáculo desde los comienzos de la historia. Desatender ese aspecto sería una traición a quien nos vea. Seas Wendy Williams o [Alfredo] Zitarrosa, estás eligiendo subirte a un escenario y hay gente que invierte tiempo y dinero para ese pequeño lapso de entretenimiento. El culto a la simpleza no se pude sostener mucho tiempo más. Por otro lado, es tan lindo maquillarse… qué picardía perdérselo, ¿no?

Pero requiere trabajo sostener ese nivel de compromiso en cada show. ¿Resuelven todo ustedes?
Además de nosotros, la banda está constituida por Daniela Mitolo que nos hace el vestuario y Leah Beo que se encarga de las proyecciones. Él sería como nuestro VJ Peggyn, solo esperamos que no se haga pastor evangelista. Ellos son fundamentales a la hora de imaginar un show. Igual, tampoco es que nos interese pensarnos como el Cirque Du Soleil… Gente Conversando es como el cine negro: «Grandes resultados con pocos recursos.»

¿Qué lugar creen que ocupa una propuesta como la de ustedes en la escena actual?
El cuartito de la terraza.

¿Y qué tal? ¿Les gusta o se imaginan siendo una banda mainstream?
Nos imaginamos tantas cosas…

¿Con el trap cómo se llevan?
La gran conquista del trap es hacerte creer que si no te gusta sos un snob, un dinosaurio o un ignorante.

Los premios Gardel de este año reflejaron la renovación que viene dándose en la escena. ¿Piensan que es importante que los músicos independientes y las nuevas generaciones puedan conquistar esos espacios?
La renovación existe, pero no creemos que sea gracias a los premios Gardel. Aunque, por supuesto, agradecemos que no lo haya ganado Diego Torres.

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Gente Conversando se presentará junto a Hiroshima Dandys y los españoles Bigott el viernes 7 de junio a las 20 h en Xirgu Espacio Untref (Chacabuco 875, CABA). Entradas disponibles a través de Plateanet.

Foto principal: Melissa Restrepo.