Juana Molina se presenta este sábado 18 de mayo en Tecnópolis en el marco del Festival Nuestro 2019. Hablamos con ella y nos contó algunas cuestiones sobre su trayectoria, una carrera musical de más de 20 años que comenzó en las sombras de su pasado televisivo y con todas las grietas del sistema que eso conlleva. Juana empezó muy desde abajo a experimentar con sonidos que hace dos décadas eran sueños anacrónicos para la música nacional. Hoy es una de las figuras más peculiares de la escena, por varios motivos: su forma de enfrentar la canción, su inquietud en encontrar algo nuevo y la lucha constante de derribar los obstáculos que le pusieron adelante. Desde sus primeros discos Rara (1996) y Segundo (2000), hasta el enigmático Halo (2017), Juana mantuvo su esencia inconfundible y una estética onírica que vuelven a su sonido una joya extraña para distinguir y apreciar con todos los sentidos.

¿Qué nos podés anticipar de tu presentación en el Festival Nuestro?
Ya estamos en la etapa madura del show de Halo, donde ya está todo como muy armado. Si bien era más o menos el mismo show, sentimos que en estos shows de ahora comparados con los que hicimos antes hay una diferencia abismal. Eso es lo que te da tocar mucho y hay cosas que se van consolidando y terminan siendo como una sola pieza, un bloque hecho más homogéneo y es como una bomba. Cuando sucede eso a mí me da una alegría que no te puedo explicar. Últimamente venimos en una racha de shows hermosos con la gente muy contenta, es como un feedback recíproco. Lo que pasa también es que siempre los festivales son más difíciles que los shows personales, porque hay mucho menos tiempo para todo. Hay que arreglarse con lo que hay. Dormís menos porque las pruebas de sonido son mucho más temprano y después te quedás medio como vagando. Tenés que cumplir con unos tiempos muy estrictos. La libertad está más acotada para soltarse y charlar sobre algún tema, porque si te pasaste un rato de más hablando, te perdiste de tocar dos temas. Tenés una hora y no te podés mover de ahí, porque además es una falta de respeto con quien está esperando para tocar después que también tiene su tiempo. Se practica la camaradería en los festivales, porque si sos el malo que se queda en el escenario, no está bueno para el que viene.

Halo fue un disco que tuvo mucho impacto. ¿Cómo lo desarmarías en estados alterados o emociones?
No es lo mismo para quien lo oye que para quien lo hace. Yo me manejo más con imágenes que con emociones, que en general son abstractas. Y medio que entro en una especie de túnel musical que me va llevando. Lo que pasa también es que acá colaboraron otras personas y eso me obligó a tomar elementos de otros y pasarlos por mi filtro. Y los devolví de una manera juanamolinizada. Pero no hubiese pasado eso si no me hubieran dado la materia prima. Fue un proceso que hacía mucho tiempo que no estaba acostumbrada a hacer, que haya ideas de otros y procesarlas para que se amalgamen perfectamente con lo que hago. Que parezca que soy yo pero también son los demás.

¿Influye a nivel compositivo musical tener una sensibilidad por las imágenes?
Hay músicos que no tienen imágenes, que cuando le hablás de «paisaje musical» no saben de lo que les estás hablando. Un jazzero re groso dijo: la gente ve imágenes, yo veo música. Para mí es lo mismo, es como una sinergia, la música con la imagen se produce sola. Y son imágenes imposibles de explicar, es como una especie de sueño donde la explicación es interna. Donde todo cobra sentido y es coherente, pero no sé si se puede explicar. Por eso no me interesa mucho que haya proyecciones, porque ahí ya generás un espectáculo audiovisual, que puede ser increíble pero es otro camino. A mí con la música me alcanza, y después sé que está el show business y eso hace que tengas que dar un poco más de lo que a vos te alcanza, más de lo que a vos te basta. Es ahí donde colaboran otras personas, como las luces por ejemplo, nosotros trabajamos con Pato, nuestro iluminador, y cuando él no está se siente mucho la diferencia. Hace algo que aporta muchísimo al show. Por eso me cuesta tanto hacer videos también, porque yo creo que está todo en la canción y los videos hacen que la música se ponga por debajo de la imagen.

Sin embargo tus videos son increíbles. ¿Trabajás también en los guiones?
Sí, claro. Salvo el de Mariano Ramis que es de la canción «Lentísimo halo» donde él me dirigió a mí. Él tenía unas imágenes que a mí me habían gustado y le comenté que me encantaría hacer un video así. Como yo me iba me dio una cámara y me dijo qué filmar, pero creo que no lo pude complacer mucho porque es muy difícil transmitir lo que vos te imaginás y que otro te lo filme igual. Entonces muchas de las cosas que yo filmé, que me parecían lindísimas, no las usó porque él tenía otra cosa en la cabeza. Usó bastantes, pero es un video que se le ocurrió todo a él, participé solo en pavadas, conectar unas imágenes que él tenía con una de mis canciones que pensé que podía quedar bien. Pero todos los demás en general sí, escribimos el guion con Alejandro Ros, otra vez escribimos otro con Pablo Ramos en «Paraguaya». Uno de mis videos favoritos es uno que hice con Mario Caporali que es de «Lo decidí yo».

¿Cómo empezó tu amistad con David Byrne de Talking Heads?
Una vez me contactó para abrir uno de sus shows y desde ahí. Y además ahora me escribió para presentarme a Annie Clark [St. Vincent], me dijo que iba a tocar en Buenos Aires, que sería lindo que nos conociéramos. Y fue así, entonces nos conocimos por él. Es una masa ese pibe, tiene una generosidad única. Su show en el Gran Rex fue de lo mejor que yo vi, me quedé helada, me encantó. Y al día siguiente abrí para él en Montevideo, una genialidad.

El público argentino tardó en entender tu forma de expresarte musicalmente, que siempre fue experimental. Pero estos últimos años la gente comenzó a acercarse de a poco, y vos nunca cambiaste tu sonido ni te adaptaste. ¿Qué sentís que cambió en el país o en el oído de la gente?
Para empezar, y para ser francos y hablar honestamente, creo que en principio hubo un gran rechazo completamente prejuicioso. Porque yo era actriz y entonces de plano toda la prensa y la gente que tenía que moverme rechazó mi propuesta de música y muy contundentemente. Eso es un hecho. Otro es que yo también venía con toda la carga de lo que estaba haciendo y como que me hacía cargo de que la gente pudiera no gustarle lo que yo hacía. Después eso con el tiempo se me fue pasando. Y de las pocas personas que iban a verme, que les gustaba lo que hacía, se fue formando muy lentamente un público cada vez más grande. No fue nunca un boom, pero sí un público sólido que fue creciendo, como una especie de bola de nieve que va cayendo por una pendiente muy suave, se va agrandando, va cayendo, se va moviendo muy de a poco, pero se haciendo cada vez más grande. Hay veces que la gente no se da cuenta lo que me está diciendo… El otro día me llega un mensaje y me dicen que me habían pasado de cortina en no sé qué programa y «está bueno lo que hacés… mirá vos.» Como que llegan de una forma rara, yo entonces le dije, ¿vos pensabas que no te iba a gustar? Hay un prejuicio de entrada, como que «lo que hace esa nena no me va a importar.» De entrada es «no.» Pero cuando ya hiciste siete discos y vos entraste por el séptimo y escuchás todos los discos que te habías perdido y te empiezan a gustar, ahí viene una admiración más grande, como que te dabas cuenta que lo que pensabas que estaba mal, no era así. Hay gente que ni sabe que existo, montones de gente que ni idea tienen de que yo hago música. Gente grande que me dice que ya no se me ve más, que no trabajo más. Y en la tele no se me ve más…

Pero también ahora hay mucha gente que llega a vos sin saber de tu pasado en televisión. Gente con oídos nuevos que les encanta tu música sin prejuicio.
El promedio de público que tengo no vio mi programa. Y además las personas que me siguieron después con la música tampoco fueron los fans de mi programa. Hay muy pocos que coinciden con las dos cosas, porque son mundos muy diferentes. Es una carrera rara la mía y yo sé que es consistente, porque yo soy consistente con lo que hago. Entonces eso a la larga, más o menos, te tenés que dar cuenta que no era un invento.

Juana Molina en el Lollapalooza Argentina 2019 – Foto: Matías Casal

Sos una referente de la música, una mujer que la luchó, que la crítica nacional bastardeó su trabajo, y que luego fue reconocida internacionalmente. ¿Cómo ves el rol actual de la mujer por ocupar el lugar que tanto tiempo se le quitó, en el cupo de festivales por ejemplo o en otras tantas cuestiones?
Me parece que la realidad del machismo está tan arraigada en todos nosotros o en la mayoría, que no nos damos cuenta de algunas cosas que hacemos. Yo misma una vez me hice muy fan de un disco, de un nombre artístico que no te indicaba si era hombre o mujer, y era instrumental. Durante años pensé que era un pibe y recién el año pasado me enteré que era una chica. Me llamó la atención mi forma de estar estructurada, de que si algo era muy bueno, por default me parecía de un hombre. Era de Fohen, una música muy climática, muy lindo disco. Me lo mandaron del sello en una caja de las cosas que editaban y me hice muy fan de ese disco, y te juro que toda la vida pensé que era un tipo. Me sorprendí a mí misma y aprendí la lección, y me ví, me tuve que ver, porque todos pensamos que estamos recontra deconstruidos y ese pensamiento mío era un reflejo de lo que culturalmente todos somos. Por eso creo que cuando aparecen 20 bandas que no conocés muy bien elegís a los chabones porque te parece que son mejores. Es un delirio, lo arraigado que está culturalmente ese pensamiento, nadie se da cuenta de que piensa así. Somos todos muy machistas. Hay que empezar a darse cuenta de las cosas que uno tiene inculcadas muy dentro. Gente más grande sobre todo, la más joven ya no, de 25 para abajo ya no. Ahí ya el machismo existe, pero es muy inferior al de la gente de mi edad. Era algo de lo que ni se hablaba. Cuando trabajaba en televisión me preguntaban qué se sentía trabajar siendo cómica en un medio tan machista como es el humor. «Nada que ver», decía yo. A mí me parece que hacés las cosas bien o no, no importa lo que seas, que lo sigo pensando, yo creo que la música y las artes van más allá del género. Pero lo que la gente cree, inconscientemente, es que algo bueno lo hace un hombre. O creíamos, hablemos en pasado, porque ya no me pasa más. Y lo del cupo es una manera de que por lo menos escuchen más y que presten más atención a lo que van a elegir. Y que no descarten creyendo que lo hacen por gusto, cuando están descartando porque culturalmente creen que una cosa es mejor que otra. Es un proceso que va a llevar muchos años y que vamos a tener que morirnos todos los de mi generación, para que las generaciones nuevas vengan ya limpias de esa idea.

Vos no te mueras nunca, Juana…
Bueno, entonces yo me quedo y les digo, «qué bien… cómo mejoraron.»

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Juana Molina se presentará el sábado 18 de mayo en el Festival Nuestro 2019 en Tecnópolis junto a Nathy Peluso, El Kuelgue y más artistas. Entradas disponibles a través de Tu Entrada.

Foto principal: Juana Molina en Niceto Club, octubre 2018, por Dana Ogar.