Categorías: CineEntrevistas
| Publicado
01/11/2013

Piroyanksy y su Abril en NY

Martín nunca se imaginó de chico que algún día iba a dirigir una película. Y, mucho menos, a los 27 años. Martín siempre quiso actuar; quiso canalizar situaciones cotidianas que podían parecer tristes o graciosas para convertirlas en algo más, en un lugar común que pudiera rozar alguna fibra emocional del espectador. Que uno pueda detectar ciertos caracteres de su propia personalidad en construcciones fílmicas ajenas no es un gran desafío, pero lograrlo quizás sí. Con una tendencia hacia lo real y bromista, este joven argentino pronto fue encontrando su merecido lugar en el cine contemporáneo.

A las 20hs estaba pautada la cita por Skype. Me saludó simpático mientras yo repasaba, rápidamente pero sin disimular, mi libreta verde con los garabatos de preguntas que había pensado unos días antes. En cuanto me dijo “Hola” supe que quizás no la iba a necesitar. Mi primer pregunta fue bastante obvia y, además, no sutilmente acompañada por una risa nerviosa.

¿Por qué una comedia romántica como ópera prima?
Automáticamente Martín mueve la cámara y, tras revolver unos papeles, me muestra un artículo de un diario impreso que anunciaba un titular junto a una fotografía de él: “Me gustan las comedias románticas”. Nos reímos, y gracias a eso pude distender los resabios de los nervios que me hacían cosquillas en las plantas de los pies. Martín me empezó a contar entonces acerca de esa cuasi necesidad que tuvo de comenzar a rodar su película a mediados de 2010 en un país extranjero y con un equipo sumamente selecto.
“Abril en Nueva York es 2/3 improvisada. La hicimos los que estábamos con lo que teníamos, en base a un guion que escribí yo pero que también fue mutando sobre la marcha”, comenta. También le pregunto por las condiciones de producción del film y me narra la seguidilla de conexiones persona a persona que se fueron dando para conformar el elenco y el equipo.
“Sentimos que esta película tenía que hacerse así, en un ambiente familiar, íntimo, que fuese con ganas; que generase un compromiso, que terminó siendo sumamente extremo para todos los que participamos”. Yo la llamé “colaboración afectiva de voluntades”.

“Fue como si se alinearan los planetas; nos fuimos buscando y encontrando y trabajamos con una exigencia tanto técnica como artística en relación a los recursos que teníamos disponibles”.
Se nota que “Abril en Nueva York” está hecha casi entre amigos, con el aporte y predisposición equitativos de todas las partes del reducido equipo.

¿Cómo definirías las temáticas que, como director, te han interesado representar?
“Generalmente son cosas que devienen de mi experiencia propia. Los desamores, las inseguridades, los momentos divertidos. Creo en la naturalidad del presente, en el regalo que eso significa, y en la poca atención que prestamos a esas pequeñeces. Más allá de que lo que me gusta hacer sin dudarlo es la comedia, siempre busco ponerme a prueba en mis proyectos, superarme, ampliar horizontes.”

¿Qué podemos esperar de Martín Piroyansky a futuro?
“Ahora estoy trabajando en un formato bastante novedoso para mí. Desde la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) me invitaron a participar dirigiendo dos cortometrajes para un nuevo programa de televisión del canal universitario UnTres. Fue una propuesta súper generosa y para mí significó un gran desafío y una etapa de experimentación, no sólo en cuestiones de actuación sino también en dirección. Estoy muy ansioso y contento con este proyecto. Y bueno, todavía me quedaron las ganas de hacer una súper-comedia, repleta de los guiños, los personajes y las situaciones que a mí me resultan familiares pero que al mismo tiempo me causan mucha gracia. Quedan a la espera.”

La mayoría de los cineastas representa un escalón inaccesible de éxitos y libertades al cual resulta difícil llegar. Conocerlos, ahondar en las raíces de sus ideas y cuestionarlos es tarea compleja, pero Piroyansky creó durante todo el encuentro una atmósfera tan natural y espontánea como su cine. La cercanía no es una cuestión de distancia física; tiene que ver con compartir, bajo cualquier barrera de tiempo, espacio y formato.