Con una obra construida desde el reggae roots y una mirada siempre atenta a las raíces del género, Riddim se consolidó como una de las bandas fundamentales de la escena argentina. Tres décadas después de su formación, su recorrido también puede leerse como el de un grupo que acompañó el crecimiento del reggae en el país sin perder de vista la esencia que le dio origen.
Treinta años después de aquel primer ensayo, Riddim celebró su trayectoria con un show especial en el Teatro Vorterix el pasado 20 de junio. La fecha reunió a exintegrantes, músicos invitados y un repertorio construido a partir de más de ciento cincuenta canciones: un recorrido por las distintas etapas de una de las bandas más importantes del reggae roots argentino.
Hablar de tres décadas de trayectoria también implica mirar hacia atrás. Para su líder Pety, sin embargo, el primer recuerdo no está asociado a un recital o a un disco en particular, sino a la enorme transformación que atravesó la forma de escuchar música. “Lo primero que se me viene a la cabeza es cómo cambió todo. La modernidad hizo que la música se escuche de otra manera, que ya no se coleccionen discos”, explica el cantante en conversación con Indie Hoy.
“Para nosotros es un viaje a través del tiempo muy flashero. Somos medio viejitos, coleccionistas de vinilos, cassettes y todo lo que escuchábamos en esa época. Ahora uno escucha música a partir de una lista de Spotify y ya no es como antes, cuando te sentabas a escuchar un disco entero”.
Aunque el contexto cambió por completo, reconoce que Riddim nunca modificó demasiado su manera de entender la música. “Nosotros seguimos con la cabeza puesta en sacar discos, cuando ahora pareciera que hay que sacar simples y adaptarse a todo lo que la industria propone. Pero nos mantuvimos en la nuestra. Seguimos tratando de hacer reggae de la mejor manera posible, respetando el género de lleno, tanto en la música como en el mensaje. Creo que eso es lo que nos mantiene vivos y vigentes”.
Esa permanencia tampoco podría explicarse sin el público que acompañó a la banda durante estas tres décadas. Para Pety, la verdadera razón por la que Riddim sigue existiendo está, en realidad, fuera del escenario. “Yo creo que el motor de todo esto es la gente. Cuando cumplí cincuenta años pensé: ‘Ya está con la musiquita, vamos a arrancar para otro lado’. Y un día un pibe me cruzó en el supermercado y me mostró un tatuaje de Riddim. ¿Cómo voy a frenar? No tengo que frenar”.
Su vínculo con el reggae, mientras tanto, permanece prácticamente inalterable desde los comienzos. “Tengo la esencia cien por ciento igual que en el 96. Sigo escuchando los discos de los artistas que me gustan, pese a que aparecieron millones de cosas nuevas. Recién me levanté a barrer un poco y de fondo estaba sonando The Gladiators. Me cuesta mucho aggiornarme a lo moderno, soy re vintage. Sigo disfrutando de los artistas de la época dorada del reggae, que para mí fue a fines de los setenta y principios de los ochenta”.

Hablar con Pety sobre reggae es hablar con alguien que pasó buena parte de su vida escuchándolo. Las referencias aparecen de memoria, una detrás de otra, sin esfuerzo. No hay una única escuela ni un solo disco fundador: en su recorrido conviven el reggae roots jamaiquino y la escena británica que, durante los años setenta y ochenta, reformuló el género desde otro contexto social y político. Esa formación, construida mucho antes de la existencia de internet y de las plataformas digitales, sigue siendo el lugar desde donde escucha música hasta el día de hoy.
“Burning Spear para mí es como Bob Marley para otros. Pero también me gusta mucho el reggae inglés: Linton Kwesi Johnson, Aswad, Steel Pulse, Matumbi, Black Slate. Hay un montón de bandas que te puedo nombrar. Soy medio melómano. Es algo que amo, es algo que respiro. Voy a comprar al chino y estoy con una canción de esas en la cabeza. El reggae forma parte de mis días. Cuando escucho música, lo primero que suena es reggae. Sin querer, después de tantos años, me hice un experto en el estilo”.
Ese recorrido personal también se cruza con la historia del reggae en la Argentina. Para Pety, el primer gran punto de inflexión fue Sumo y la figura de Luca Prodan, que acercó al público local a un sonido que todavía era prácticamente desconocido. A partir de allí comenzó a formarse una escena que terminaría encontrando una identidad propia durante los años noventa, cuando empezaron a convivir bandas con búsquedas diferentes, pero un mismo respeto por las raíces del género.
“Todo empezó a fines de los ochenta con Sumo tocando algunos reggae. Obviamente era un reggae más rockeado porque los músicos de acá todavía no sabíamos bien cómo tocarlo. No existía internet, no había celulares. Conseguir discos era dificilísimo. Cuando llegó Luca Prodan y empezó a musicalizar las previas de los recitales de Sumo con reggae jamaiquino, fue la primera vez que muchos escuchamos esa música. Para mí fue el pionero”.
Para cuando Riddim dio sus primeros pasos, el reggae argentino ya había dejado de ser una rareza para convertirse en una escena en expansión. Varias bandas comenzaban a consolidar un circuito propio y el género empezaba a construir una identidad local. “Cuando nosotros arrancamos, en el 96, ya existía una segunda ola. Estaban Los Pericos, Los Cafres y La Zimbabwe. Empezaban Resistencia Suburbana, Nonpalidece y Todos al Obelisco. Después llegaron Dancing Mood, Dread Mar-I… La movida fue creciendo muchísimo”.
Tres décadas después, esa escena sigue evolucionando y Riddim ocupa un lugar de referencia para muchas de las bandas que aparecieron más tarde. Al preguntarle qué proyectos disfruta escuchar en la actualidad, Pety elige destacar a uno que, desde otro formato, continúa expandiendo las posibilidades del reggae argentino. “Me gusta muchísimo Dancing Mood. Me parece que, cuando hacen reggae, lo hacen mejor que ninguna otra banda de acá. Me hacen volar. Son quince personas talentosísimas: te hacen mover los pies, bailar. La rompen”.
“Y la movida creció muchísimo. Hay muy buenas bandas en la Argentina. Siempre nos dicen que fuimos una inspiración para otras bandas, que cuidamos el género y que lo tratamos con respeto. Cuando recorrés el interior y aparecen bandas que te dicen: ‘Riddim fue la banda que escuché siempre’, la verdad es que nos hace sentir muy bien”.
Ese respeto por el reggae nunca estuvo separado de una forma de entender las canciones. Más allá de los cambios de formación o del paso del tiempo, Pety siente que hay una idea que atraviesa toda la discografía de Riddim y que explica, en buena medida, por qué la banda sigue encontrando sentido después de treinta años.
“El amor es, para mí, lo más importante. Dentro del reggae existe un género que se llama lovers rock. Pero no hablo del amor de pareja, sino del amor del uno al otro. Eso siempre está presente en el mensaje del reggae y también es una fuente de inspiración. Un hijo inspira, Dios inspira. Tratamos de que las letras siempre tengan un mensaje positivo y hablen de amor".
Cuando mira hacia atrás, el disco que sigue ocupando un lugar especial es Roots Riddim Reggae (1999). “Capaz que no tenga el sonido hi-fi que buscamos hoy porque se grababa en cinta abierta y era otra época, pero, a nivel de canciones, sigue siendo, para mí, el mejor disco de la banda”.
Si el debut conserva un valor afectivo especial, hubo otro álbum que terminó ampliando el alcance de Riddim. “Donde brilla el sol (2009) sonó mucho en las radios. Tenía temas como ‘Tu amor’ o ‘Hey Bredda’, que empezaron a escucharse en todos lados. Nunca dejamos de ser una banda under, pero ese disco nos dio un impulso para tocar más, viajar por el interior y también al exterior. Fue una inyección de adrenalina”.
Esa historia termina encontrando su verdadera dimensión en los shows en vivo. Después de cientos de escenarios, Pety sigue rechazando cualquier elemento que lo aleje del público. “No uso in-ear porque te aísla de la gente. Tampoco uso anteojos de sol. Me gusta mirar a la gente, escucharla. Me gusta que me griten cosas, sentir ese ida y vuelta. Ves personas emocionadas, cantando, llorando, abrazando a sus hijos. Eso es lo que me llevo. En dólares no me llevo nada. Lo que me llevo es eso: una energía hermosa. Me mantiene vivo, me mantiene vital. Y me pasa igual en un show para cincuenta personas que en uno para veinte mil”.
En una industria que cambió radicalmente durante las últimas tres décadas, Riddim eligió seguir un camino propio. Mientras los formatos, las formas de consumo y las reglas del mercado se transformaban, la banda mantuvo intacta una manera de entender el reggae que privilegia el respeto por sus raíces, el valor de las canciones y el vínculo con el público. Tal vez esa sea la razón por la que, treinta años después, su historia sigue escribiéndose.
Escuchá a Riddim en plataformas (YouTube, Spotify, Tidal).












