Abrumadora. Así podría describirse a Buenos Aires en hora pico, donde la muchedumbre comienza a ocupar el ancho de las veredas y el aire se torna denso por el calor de los motores. El refugio que acordamos con Candelaria Zamar es un pequeño bar de Palermo. “Mudarme a esta ciudad me llevó un tiempo,” comenta la artista, “es vertiginosa”. Sin embargo, ni los gritos de las conversaciones a su alrededor o el ruido de los autos al pasar, hacen que pierda el hilo de la conversación. Mientras bebe su taza de té, describe los principios de su larga y sinuosa trayectoria musical: “No me gusta definirme. Tampoco me gusta definirme como académica. Fue una parte importante de mi camino y me dio una buena estructura, pero con el tiempo logré darle mi propia forma”.

La música siempre interpeló la vida de Candelaria Zamar. El acercamiento hacia el piano durante sus primeros años de vida, las primeras composiciones durante la adolescencia y su formación en composición musical en su ciudad natal de Córdoba, fueron la antesala de su actual proyecto sonoro. El reciente estreno del single “Visión”, adelanto de su próximo disco, pone de manifiesto todo esto: la habilidad, el detallismo y la capacidad de reinventarse sin perder ese halo de misterio en cada nota de la composición.

¿Cómo fue el proceso que dio origen a tu proyecto actual?
Mientras estudiaba composición fueron surgiendo canciones que me remitían cosas que hacía en mi infancia. De a poco fui juntando estas canciones de forma privada y seguí haciendo mi carrera. De repente tenía un montón de canciones. Se las mostré a varios amigos que me dieron ánimos y esto significó no solo sacar un disco sino toda una nueva aventura para mí. Puse todas las herramientas que tenía a mi alcance y me mandé a hacer todo yo sola, así que estuve mucho tiempo para realizarlo. En el medio de estos sucesos, comencé a tocar en formato solista, lo que significó un desafío. De ahí en más, saqué el disco en Córdoba y me vine a vivir a Buenos Aires para continuar todo este movimiento. A partir del 2017, en paralelo a mis presentaciones solistas, se empezó a consolidar el formato banda.

Las canciones de tu disco Un vaso de agua las hiciste sola. ¿Cómo es el trabajo compositivo que se da entre vos y tu banda? 
Es una buena pregunta. Ahora estamos trabajando en un disco y hay algunas canciones que ya son parte del repertorio de la banda, aunque la otra parte son los temas de Un vaso de agua. Los chicos ya tienen una referencia más clara del sonido que buscamos, no podría ser lo mismo que lo anterior porque son otros los timbres que uso. También tengo un mayor entendimiento de los temas y de cuál va a ser el color o el humor que quiero generar. Es colaborativo. Eso fue algo a aprender, porque me planteo las cosas como desafíos. Un parámetro de vitalidad es ponerme cada tanto en esa situación. Lo que siento con la banda, además de lo musical, es un apoyo emocional. Los chicos comprenden de lo que va la cosa, más allá de las cuestiones estilísticas. Obviamente, tenés que ir negociando con los códigos de cada uno y aprendiéndolos.

Foto: Melissa Restrepo Berrio

Tus letras están cargadas de poesías y metáforas sencillas, donde cualquiera puede identificarse al escucharlas. ¿Desde dónde te encontrás para transmitir ese mensaje?
Las letras son un lugar misterioso que aún estoy explorando, distinto a la música. Escribo un montón, pero más que nada de manera terapéutica y sin una intención poética. Tengo pilas de cuadernos atiborrados de pensamientos y revisándolos me di cuenta que ciertos temas se repiten en muchas ocasiones. Algunas de mis canciones son síntesis de estos cuadernos que llené con cosas. Tal vez hay ciertas formas de referirme con imágenes, analogías o metáforas de esas cosas, porque al momento de hacer la canción me pongo a pensar en toda esta maraña de ideas y el mejor vehículo para transmitirla son las canciones. En ocasiones también sucede que me siento en el piano o con la guitarra y me dejo llevar por lo que suceda. Es un poco mágico. Me es mucho más fácil cuando tengo clara la idea y a dónde me estoy dirigiendo. Por lo general, la letra sale en conjunto con la música.

En Un vaso de agua hay colaboraciones de artistas como Francisca y Los Exploradores y Hernán Segret. ¿Cómo llegaron a ser partícipes de tu obra?
Nada es casual. Con Franco [Saglietti] colaboré en 2014 en su disco Barbuda. En esa época tuvimos bastante contacto y admiraba mucho su manera de trabajar, compartíamos un mismo lenguaje musical. De ahí que le pedí una mano en las cuestiones de producción para el disco. Él me ayudó a deconstruir muchas cosas en el proceso y me sirvió mucho su visión. Me ayudaba a salir de mis lugares comunes en ese momento. Hernán Segret al principio se encargaba de cuestiones más relacionadas a la producción. Finalmente seguí sola, pero él dejó sus marcas en el hit del disco, “Si no es así”, con un bajo que quedó increíble. En mi próximo disco estoy trabajando con dos productores y la organización es otra. Todo esto me enseñó a no ser tan solitaria y a aprender a armar equipos de trabajo, porque uno de los objetivos de mi vida es producir mucho en poco tiempo. Y para esto hay cosas que necesitan su acelere.

En estos últimos años, los line-ups de ciertos festivales han dado una mayor presencia a las artistas femeninas. ¿Cómo ves estos cambios? ¿Cómo es tu experiencia al compartir escenario con artistas del sexo opuesto?
Es una pregunta que yo también me hago. En la época en que yo me formé no tenía a mi alrededor tantas mujeres haciendo música ni tampoco el espacio que hubiera sido deseable. El feminismo hizo posible todo esto. No es menor el proyecto de ley que busca que haya más mujeres arriba del escenario. Me encantaría que no hiciera falta, pero para que eso suceda a veces es necesario empujar. Mi análisis personal, como música, es un poco oscilante. Me siento afortunada porque no he sentido faltas de respeto de manera directa, tal vez indirectamente sí, pero yo no me di cuenta. Con esto no quiere decir que no suceda nada. La impresión que yo tengo es que la mujer es subestimada en el mundo de la música. Tenés que demostrar lo que sabés para que no te minimicen.

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Foto principal: Melissa Restrepo Berrio.