Stefanie Ringes

Canta bien esa chica, te conviene – le decía Gustavo Cerati a Richard Coleman en el baño del Stud Free Pub. Cerati se referia a Stefanie Ringes, pero la holandesa se fue poco después a España con Daniel Melingo” (fragmento del libro “Corazones em llamas”).

“Siempre me preguntan por Coleman – se ríe hoy la propia Stefanie Ringes cuando le cito el parrafo de memoria- se ve que todo el mundo leyó ese libro, pero en realidad apenas conocí a Richard, de cruzarlo por ahí”

Estamos en un bar justo debajo de la casa de Stefanie, en el Paseeig del Born, en Barcelona y la cita del libro en el que Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz repasaron la escena rock de los ´80 funciona como excusa para comenzar la charla por el principio: la llegada de Ringes a Buenos Aires y los inícios de Lions in Love.

“Llegué a Buenos Aires en el ´83, con 14 años –cuenta Stefanie- mi papá se dedicaba a digitalizar empresas y su trabajo nos tenia en un nomadismo permanente.”.

– ¿Cómo te metiste en la escena de Buenos Aires?

– Conocí a Pablo Guadalupe y el me presentó a mucha gente. El tocaba en Nylon y fue mi guía por “la noche porteña”. Hice coros en el primer disco de Nylon.

– ¿Ya te interesaba la música?

– Sí, siempre. En Holanda tenía una banda. Cantaba y bailaba.

Entre la gente que le presentó Guadalupe, se destacó Daniel Melingo, con quien Stefanie comenzó una relación amorosa y también musical.

– Pablo me presentó a Melingo y tuvimos una relación seria, constante, que duró unos cuantos años. El ya estaba en Los Twist y en Los Abuelos de La Nada, y además tocaba con Charly García. Yo era una niña que ya estaba metida en todo eso de ensayos y conciertos. Armamos Escuela Basílio (rebautizados luego Lions in Love) con Melingo y Pablo, hicimos algunos conciertos en Buenos Aires y nos vinimos a España.

– ¿Por qué decidieron mudarse?

– En 1987 yo terminaba el secundario y me volvía a Europa. Daniel estuvo de gira con García por España y cuando volvió me habló de mudarnos a Madrid. Pablo y su novia se vinieron con nosotros…

– ¿Cómo fueron los primeros tiempos en Madrid?

– Daniel empezó a tocar con Los Toreros Muertos y conocimos a Pito Cubillas que era manager de Alaska, Loquillo, Gabinete Caligari, y mas tarde de Héroes del Silencio. El nos abrió las puertas y negoció los primeros contratos.

– ¿Lions in Love fue una banda comercialmente exitosa?

– No, nuestra música era un poco difícil para el mainstream, les costaba catalogarnos. Éramos respetados pero económicamente no era rentable. Hicimos dos discos (Lions in Love y Psicofonías) y duramos del 87 al 93, una época muy loca y divertida.

– ¿Por qué se separaron?

– Había mucho descontrol y además cada uno quería desarrollar sus propios proyectos. Me fui de vacaciones a Formentera y me quedé allá. Estaba saturada de la decadencia de Madrid, demasiada oscuridad. Yo soy una persona luminosa y no quería meterme en ese agujero.

– ¿Cuánto tiempo duró el “exílio” en Formentera?

– Cinco años. Allí aprendí a tocar la guitarra. Viajé por Oriente y estudié canto en India. Después me canse de Formentera y caí en Barcelona. Extrañaba tocar y grabar. Aquí arranqué con Shiva Sound (hoy ShiBa) que soy yo cantando sobre bases pregrabadas de reggae, funk y hip hop, con influencias orientales.

– ¿Sigue siendo complicado catalogar tu música?

– Cada disco que he sacado ha sido diferente: el primero mas electrónico, el segundo completamente brasilero y el tercero reggae…

– ¿Por qué cambiaste el nombre de Shiva Sound por ShiBa?

– Se prestaba a confusiones, venían familias índias a verme esperando otra cosa. Además no queria la responsabilidad de ser un dios del final de la rueda karmica…

– Por un lado tus proyectos no son comerciales y por otro la crisis económica hace todo más difícil, ¿como hacés para seguir tocando?

– Está muy difícil la cosa, la crisis es muy fuerte, sigo tocando pero económicamente no es rentable. Salí a tocar por Europa con La Flamme, que es otro de mis proyectos. Más allá de que en el disco hay varios músicos, en vivo me presento solo con un guitarrista, porque hoy me es imposible girar con más gente.

– Con este panorama, ¿qué es lo que te empuja a seguir?

– Tengo la necesidad de hacer música y mis proyectos están creados por esa necesidad. ShiBa somos ocho personas, entonces armar La Flamme fue para poder tocar en un formato más simple y así viajar y presentarme en vivo. La idea es abrir otros mercados: tocar en México, Colombia, Brasil o Chile que son lugares maravillosos y a la vez mercados que no están tan saturados como los europeos.

Fotos por Luciana Aldegani

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