«Nada más / Quiero ver / Cómo salimos en la foto», entona al borde de la súplica El Ruso en el estribillo de su último single, «La mexicana». Si se detuviera a observar el álbum familiar que atesora el breve pero efectivo trayecto de Conociendo Rusia, no debería sorprenderle que más de una captura haya salido movida. Y es que con la velocidad y la vorágine con la que el proyecto se desarrolló en el 2018 y lo que va de 2019, es entendible que hasta al más experto fotógrafo se le haya dificultado hacer foco.

En marzo del año pasado, Mateo Sujatovich se puso la casaca manga larga de Atlanta y, sin pedir permiso, se lanzó de palomita a la escena local porteña con su disco debut homónimo. Desde ese entonces, el crecimiento de su proyecto solista fue exponencial.

«Pasaron cosas» fue por lejos la frase más icónica que dejó el 2018. Y vaya si pasaron cosas durante la gestión de Sujatovich al frente de su imperio soviético, que casi sin darse cuenta, en poco más de un año se presentó en Santos 4040 y en el Teatro Margarita Xirgu, giró por Corrientes y Misiones y formó parte de la grilla de importantes festivales como el Buena Vibra y La Nueva Generación. El 2019 lo recibió con un show en el escenario principal del Lollapalooza y tres nominaciones a los Premios Gardel: dos con Conociendo Rusia (Mejor Álbum Pop Alternativo y Mejor Álbum Nuevo Artista) y una por «Caminante del amor», tema que compuso, junto a su padre Leo Sujatovich, para la serie Sandro de América (Mejor Álbum Banda de Sonido de Cine/Televisión).

La noche del 4 de mayo Conociendo Rusia tendrá su fiesta consagratoria en Niceto Club, y más de una cámara intentará atravesar las gafas vintage del líder de la banda. ¡Qué importa! Al ruso no lo intimidan los flashes. Posa, saca la lengua y le hace cuernitos al que tiene al lado si es necesario. No se detiene en las fotos, prefiere ver la película completa.

Cuando salió tu disco dijiste que Conociendo Rusia significaba conocerte a vos mismo y redescubrirte como artista. ¿En qué momento de esa búsqueda estás?
En la misma pero en otra etapa. Ya no es más el comienzo ni el destape de mis canciones. Conociendo Rusia me pone ahora en un momento que tiene que ver con continuar y volver a empezar un proceso de composición y de disco nuevo que estoy arrancando a grabar estos días. A la vez, presentando un Niceto, algo que hace un año no hubiera imaginado. Ya le hicimos aperturas a Barco y a Indios y estuvo buenísimo pero no se compara con la experiencia de montarse uno esa fecha en un lugar que tiene capacidad para mil personas. Y aunque ya tengo muchos amigos y muchos conocidos que ya lo llenaron no deja de ser para mí un evento súper especial y significativo.

¿Pensabas que el proyecto iba a crecer tanto en tan poco tiempo?
Fue muy rápido pero cada paso que dimos fue firme. Hay momentos que te van sorprendiendo y te van cacheteando, y hacen que te des cuenta dónde estás. De repente haber viajado por distintas provincias de Argentina y que haya gente que te esté esperando, deja marcas que te van ubicando. No hay otra que estar con los pies en la tierra porque sino te comés cualquier cosa. Todo lo que sube puede bajar. Yo ya viví muchos proyectos que subieron y bajaron, vi pasar muchos artistas que decidieron dejar de hacer música y otros que de repente aparecen con todo. Me parece que lo más importante es estar en la de uno e ir entendiendo los procesos artísticos personales.

Hablás de proyectos que subieron y bajaron. En ese sentido, ¿qué no tuvo tu antigua banda, Detonantes, para que funcione y le vaya tan bien como a Conociendo Rusia?
Es la pregunta de todo artista: «¿Por qué algo está funcionando y por qué algo no me funciona?». Creo que está lleno de proyectos que están muy buenos. Algunos no caminan, no tienen llegada o no despiertan a la gente, y otros que sí pero me parece que lo más lindo y lo más intrigante, divertido y a la vez angustiante es la incertidumbre. Es como el amor. Es lo más lindo y a veces lo más angustiante. Es eso que te da hambre, que decís «bueno esto no tiene respuesta, loco.»

En el caso de Conociendo Rusia, ¿no creés que la estética jugó un papel importante y que el público compró un concepto además de canciones?
Creo que va más allá de la estética. Tiene que ver con que las canciones están linkeadas a la persona, que la persona está linkeada a la estética, y la estética está linkeada al grupo humano. Todo se hizo y se apuntó desde un mismo lugar con muchísimas ganas y sinceridad. También, hay un par de canciones en el disco que están muy buenas. Quizás Detonantes era una banda que estaba buena, pero le faltaba que la gente se quisiera quedar escuchando sus canciones y mostrárselas a sus amigos. Era algo que alguien podía escuchar y decir: «Ah mirá que bueno, pero sigamos en otra.» También tiene que ver la época. Ahora hay un montón de bandas que están en auge y que a una banda le vaya bien hace que a otras también les pueda ir bien.

¿Puede que esa ebullición tenga que ver con que la vieja escuela del rock nacional esté de capa caída?
No sé si es que el rock decayó, sino que había una necesidad de que haya gente más joven ocupando un espacio y se dieron algunos factores que desconozco y que matchearon. También me parece que hay algunos proyectos que abrieron muchas puertas. Louta, por ejemplo, me parece que es un proyecto que salió como un disparo y que sirvió para que otras bandas se despertaran y la gente empiece a escuchar otras cosas. Los buenos discos no solo hacen que las bandas convoquen más, sino que también despiertan a que otras trabajen mejor. Está bueno que los músicos levanten la vara. El otro día hablaba con un amigo que lo conoció bastante a Cerati y me decía que Gustavo trabajaba a un nivel que te levantaba la vara, no solo en lo musical sino como empresario de la música. Era un tipo que apostaba, que sabía invertir, y que levantaba la vara desde ese lugar de decir: «Bueno che, hay que poner, hay que poner en el proyecto de uno, eh.» No es todo «denme y vamos a ver qué pasa.» Hay que hacer un disco nuevo, vamos a investigar cosas, vamos a buscar qué nos gustaría ponernos, con qué guitarras vamos a tocar, quién nos va a hacer el sonido, con quién vamos a producir y demás. De repente hay muchas cosas para pensar en un proyecto y cuando todas patean al mismo lugar no hay con que darle.

En esa toma de decisiones que mencionás, por la que tuviste que pasar como cabeza del proyecto, ¿puede que la más arriesgada haya sido la de lanzarte a componer?
Empezar a componer fue un súper desafío. Ahora me toca hacerlo desde otro lugar, ya sabiendo que lo anterior anduvo bien. Eso tiene un doble filo. En un punto, no te querés parar en el mismo lugar que antes porque no tiene gracia, pero despegarte mucho también es un riesgo. Después, hay algo que no se puede pensar porque las canciones muchas veces salen solas y no te dejan pensar, te agarranl salen y vos las tenés que aceptar.

Conociendo Rusia en Festival La Nueva Generación – Foto: Juan Curto

Ahora que comprobaste que lo que haces gusta, ¿se compone con más confianza?
Ahora tengo otras inseguridades…

¿Cómo cuáles?
Ahora también pienso: «¿Y si no gusta lo nuevo?» o «¿Y si lo nuevo no tiene la repercusión que tuvo lo anterior?». Miedos nos podemos inventar en todos los momentos de la vida. Las personas más exitosas y que parece que más confianza tienen deben estar requete llenos de otros miedos que se les van generando. La cabeza es muy traicionera y para el buen pasar de un proyecto de una persona tiene que haber un gran control mental. La cabeza tiene que ser una aliada.

¿Cómo te llevás con esas inseguridades a la hora de afrontar un desafío cómo fue tu participación en el Lollapalooza?
El Lollapalooza es un mega festival, lo vimos todos. Fue un show muy especial por sus dimensiones y por otro lado vuelve a ser un escenario en el que tocás 30 minutos y te vas. Lo disfruté y la experiencia me fue divertida, pero a otra cosa, ya está. Me importa mucho más mi Niceto que haber tocado en el Lollapalooza.

¿A pesar de lo que significa el Lollapalooza y el reconocimiento que te da?
Es un reconocimiento más importante poder hacer un Niceto, que es un lugar gigante y que a mí me cambia la vida. Tocar en el Lollapalooza me parece un reconocimiento, pero salgo de ahí bastante parecido a como entré.

¿Por qué decís que Niceto te cambia la vida?
Niceto es un antes y un después en mi carrera. Poder al otro día decir: «che, nos vinieron a ver mil personas». A mi cumpleaños vienen un par de amigos, mi familia y de repente mil personas.

Qué cumpleaños…
Qué pedazo de cumple (risas). Es muy significativo saber que podés convocar esa cantidad de gente. Vamos a ver qué pasa.

¿Qué estás tramando para ese show?
Además de las canciones del primer disco, vamos a tocar dos temas nuevos de los nueve que ya tenemos para el segundo disco, para tantear cómo los sentimos en el vivo y vamos a hacer otros de chicos de la banda, que va a estar agrandada para este show. Tenemos como invitados a instrumentistas y alguna sorpresita antes de nuestro show va a haber.

¿Niceto despide el primer disco?
Niceto es la despedida de una etapa. El primer disco no se despide porque lo voy a seguir tocado todo el tiempo que pueda porque me gusta y a la gente le gusta también, pero me parece que es una despedida de una etapa porque voy a empezar otra y cuando empezás una nueva la anterior pasa a ser parte del pasado. Y es empezar un nuevo camino, con nuevas preguntas, con nuevas canciones, con nuevas estéticas y es cruzar los dedos y esperar a que en un par de meses presentemos un nuevo disco y que tengamos más cosas para decir y más sorpresas.

Conociendo Rusia se presenta el sábado 4 de mayo a las 21 h en Niceto Club (Niceto Vega 5510, CABA), entradas disponibles a través de Ticketek.

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Foto principal: Joaquín Olivos.