107

Hablar de 107 Faunos al día de hoy es hablar de uno de los pilares de la escena musical independiente más efervescente de la Argentina: la escena de La Plata. Una ciudad que ha acunado a un cúmulo de bandas jóvenes con curiosidades artísticas similares que han forjado una amistad entrañable y una trinchera contracultural muy fuerte.

El año pasado 107 Faunos editó Últimos días del tren fantasma (2014, Laptra) un disco en el cual la banda, casi sin quererlo y condicionados por el acceso a los medios técnicos, se alejó del sonido lo-fi de sus primeras grabaciones. Comenzando el 2015 la banda parece encontrarse en su mejor momento.
De la  amistad, el lo-fi, el amateurismo, el paso del tiempo y el amor por éste camino conversamos con la banda.

¿Cómo viene el año para los Faunos?
Si esperás que las cosas lleguen solas con los años, no llegan nunca. El año se fue y no hiciste nada. La mejor manera de contrarrestar el avasallador paso del tiempo es organizar cosas para que éste valga. Por nuestra parte estamos armando una agenda de shows para estar cerca de la gente que nos quiere. Estamos poniéndonos a componer un disco nuevo, quizá un par de simples, y tenemos pensados unos viajes a lugares en donde nos reclaman.

¿Estamos a casi un año del lanzamiento de Últimos días del tren fantasma. ¿Cómo lo ven a la distancia?
Últimos días del tren fantasma fue bien recibido, pero todavía está terminando de tomar fuerza. Fueron canciones que preparamos mucho tiempo, con cariño. Un año entero las tocamos entre nosotros solos, y recién hace un año las publicamos. Es un descubrimiento compartido.

A ocho años de comenzar con la banda e intentando mirar para atrás, ¿le harían alguna recomendación a aquellos pibes que arrancaron con la banda?
A mí me hubiera encantado recibir recomendaciones, y me encanta darlas. De todas formas, estoy seguro de que cada uno tiene que vivir la experiencia, y aprender en base a sus caprichos. A la larga termina siendo todo mucho más interesante.

Hace un año en sus entrevistas y en la canción “La Plata” hablaban de una escena platense culturalmente decadente. Sin embargo parece que esa opresión en lugar de debilitarlos les ha dado un motor creativo. ¿Cómo los afecta a ustedes que para la falsa aristocracia que llena los lugares ustedes sean lo menos?
Cuando escribí la letra de “La Plata” era muy chiquito. El pueblo no cambió mucho, sigue siendo conservador en muchos sentidos. Las bandas de cumbia rugbier que exportamos lo demuestran. Para nosotros La Plata es un lugar lindo para vivir, pero preferimos tocar en cualquier otro lado.

¿Cómo llevan la masividad que ha alcanzado la banda?
No sé si somos masivos, lo que sí sé es que hasta en algunos pueblos chiquitos de la provincia tenemos un par de pibes que nos bancan a muerte. Uno al menos. Eso es emocionante.

¿La unión hace la fuerza?
No siempre. Tampoco da para unirse por cualquier cosa. Te das cuenta con las alianzas de los partidos políticos. A veces es mas interesante, más excitante, disfrutar de una fragilidad solitaria.

¿Por qué intentaron sonar más convencionales en su último disco?
No fue intencional. Fue un error de cálculos.

Más de una vez han hablado de que la escena es bastante cerrada y que les gustaría que no fuese así. ¿Están haciendo algo para intentar romper esa barrera?
Los parámetros para decodificar el rock son bastante cerrados. Hay convenciones alarmantemente conservadoras. Yo entendía al rock como un espacio para desafiar lo establecido, hacer cualquiera. Y por ahí sigo pensando que lo mejor sería que fuera así, pero ya no espero grandes novedades. Claro que nosotros hicimos lo nuestro para romper la barrera del sentido común. Por ahí no la rompimos pero la astillamos. Tenemos unas cuantas ideas más. Todavía podemos hacer un quilombo terrible.

Al describirse suelen decir que son una banda de amigos, sin embargo han montado todo un grupo de personas casi empresarial alrededor de la banda: Desde su manager al sello independiente. ¿Cómo conviven esa faceta semi empresarial y esa faceta lúdica/amateur/cotidiana en ustedes?
Puede ser que en algún momento hayamos aparentado tener una estructura más grande, pero en este momento hacemos todo nosotros. No tenemos manager, el sello somos nosotros. Tener una banda está lleno de pequeñas tareas dispersas, cada una con su complejidad específica. Es un desafío muy lindo irlas solucionando todas, desde temas técnicos a cuestiones burocráticas. Y siempre entre amigos.

¿Sería justo hablar de una profesionalización de la escena independiente argentina hoy? ¿Cómo la viven?
Es verdad que los espacios para tocar se han adaptado a ciertos estándares que tienen que ver con el profesionalismo. La escena ha crecido en público también. Pero la mayoría de los músicos tienen que trabajar de otras cosas, y eso no es nada profesional, más bien algo relacionado con el amateurismo. Y es igualmente hermoso.

Al mirar la escena musical argentina asombra ver como la gran mayoría ha pasado a estar dominada por sellos y colectivos independientes. ¿A qué creen que se debe ésto?
Con el tiempo hubo sellos chicos que se fueron organizando, pero la escena sigue dominada por los sellos grandes. Ningún colectivo independiente tiene más poder que los sellos millonarios. Algunos colectivos han ganado visibilidad pero su poder es limitado.

De afuera pareciera que Laptra fuese un sello independiente muy cerrado hacia las bandas ajenas al mismo. ¿A qué se debe esto?
Parece cerrado pero en general somos gente bastante horizontales y abiertos. Cuando fundamos Laptra ni siquiera conocíamos a algunas personas que hoy tienen un papel destacado en la estructura del sello. Sí hubiéramos sido cerrados, eso no hubiera pasado. Obviamente que por razones “administrativas” no podemos sumar a todas las bandas que nos gustaría. Además, para darle sentido a la existencia del sello ejercemos una curaduría.

¿Qué consideran que es lo más importante que les dejo el último disco en comparación con los anteriores?
A Últimos días del tren fantasma lo grabamos de principio a fin en estudios grandes. Me dejó la enseñanza de nunca más abandonar la cálida, económica y relajada grabación doméstica.

Dentro de dos años cumplirán diez años: ¿Se ven haciendo lo mismo dentro de diez años? ¿No sienten una necesidad de cambio?
Hace diez años no me veía en diez años y ahora tampoco. Con el tiempo las cosas van avanzando hacia su inevitable decadencia, es algo que está en la naturaleza. Una buena forma de escapar de esa desagradable verdad es ir viviendo el presente, y si viene algún cambio, que sea parte natural del día a día.