Yolanda empezó como un festival organizado entre amigos que buscaban ver algo diferente, mezclar las bandas de la escena independiente para abrir las redes de lo colectivo y que no se pierda en pequeñas islas distintas. Luego empezó a crecer y empezaron a funcionar también como un sello pero teniendo la bandera de funcionar como ellos buscaban que las cosas funcionaran. Ya llevan más de una decena de ediciones organizadas y unas fechas increíbles que se vienen. El lugar de Yolanda en la escena musical es la de un sostén que sirve de abrazo como también la de trampolín que impulsa a las bandas a conocerse entre ellos y abrirse a la gente en distintos lugares.

Hablamos con Cami y Agus, dos de sus fundadores que nos cuentan toda su historia hasta el día de hoy.

¿Hace cuánto que empezaron con Yolanda y cómo fue cuando arrancaron?
Fue hace como cuatro años, empezó como un proyecto entre tres amigos donde la idea era hacer un ciclo que sea como lo que nosotros queríamos ver. Sentíamos que no había algo completamente así y entonces hablamos para empezar a hacer algo juntos. Nos conocemos de toda la vida del oeste y surgió esto. Estaba G104, nos gustaba el lugar y nos tiramos medio a la pileta, pusimos siete bandas, expos, medio lo que va a pasar este viernes pero bastante más reducido. Las bandas que tocaron estaban sarpadas y en esa época no pasaba mucho, entonces nos costó insertarnos. Hicimos los primeros dos, que fueron mas que nada para entender lo que estábamos haciendo, experimentarlo. En un principio la idea fue un festival, tuvimos la idea, estábamos re en otra todos, teníamos conexión con la música pero indirectamente ya que todavía no trabajábamos de esto. Nos gustaban un montón de bandas, un montón de cosas y dijimos de hacer una fecha que sea distinta, había sido a la tarde, un sábado del día de la primavera y terminaba a la 1 de la mañana y también uniendo eso que capaz ahora está un poco más de moda, pero que en ese momento no pasaba mucho, que era un festival que agrupe bandas de distintos palos, distintos sellos. Que de hecho con el correr del tiempo, es una de las características más fuertes que tenemos: la unión de las bandas, que siempre generan algo copado, que por más que a priori no tengan mucho que ver, terminan siendo compatibles para un mismo festival. Entonces, en esa primera edición, apuntamos un poco a eso, habían tocado bandas como DIETRICH y La patrulla espacial. Yolanda como premisa es un festival de rock, aunque después han tocado bandas de todos los palos, esa primera edición estaba tirada más para ese lado. También habían tocado otras como Tulús, Tick Toper y Delta Venus, que era la primer fecha que hacían en su historia. Así empezó, como una idea muy del momento para hacer algo en septiembre 2013 y después se fue desencadenando en un montón de cosas más.

¿A qué era lo que Yolanda se oponía o qué era eso que querían ver?
No es que se oponía, sentíamos que había muchas cosas buenas, pero por ejemplo Laptra tenía su movida, Sadness tenía su movida, como que cada sello tenía su propia movida y entonces capaz que cuando ibas a ver bandas, en ese momento, era como algo más sectario. Ibas a ver todas bandas de Laptra: tocaba El MatóBestia Bebé, Las ligas menores. Ibas al Festi Laptra y era todo así. Lo que nosotros queríamos ver también era una variedad, nosotros queríamos ver esa unión entre Sadness, Laptra y ver cómo funcionaba. Re bancamos la movida de los sellos, de hecho nosotros tenemos el nuestro y este viernes es una fecha puramente de bandas del sello. Pero nosotros como espectadores, poniéndonos afuera de toda cuestión, porque no teníamos nada en esa época, nosotros queríamos ver un montón de bandas juntas, aunque sean de distintos sellos, distintos palos, distintas escenas. Incluso ahora lo pienso y es loco, tenemos dos fechas, con una semana de separación, que es una de Yolanda Discos y otra de Yolanda Festival, que en la segunda no toca ninguna banda del sello, para que veas que seguimos en esta línea.

¿Cómo fue el paso de Yolanda Festival a Yolanda Discos?
Pasó inocentemente, como se dio con la creación del festival, porque en un principio, el año pasado, conocimos a Ignacio Del Pórtico por una fecha que habíamos hecho con Juan Wauters en Niceto, un Yolanda. Terminó dándose que en mi casa quedaba una habitación libre, Ignacio estaba dejando su casa y se vino a vivir, él también al recién estar empezando a estar en la movida con sus diecinueve años, hizo un montón de amigos de Capital que tienen bandas, como Gativideo o Francisco Villa, Tani, todos estaban sin sello. Vimos ahí una oportunidad buena y nos aventuramos en esta. Realmente no lo esperábamos, se dio casi como una consecuencia de un montón de bandas que no tenían sello y nosotros consideramos que están generando algo muy interesante, algo nuevo, algo fresco, así surgió la idea.

Editaron algunos compilados de las bandas de Yolanda. ¿Cómo fue?
Eso fue lo primero que hicimos, hasta hora fueron dos compilados con dos volúmenes cada uno. Días de adolescencia es el primero, nuestro primer acontecimiento, nuestra primer acción como Yolanda Discos. Se sumaron un montón de bandas, más de diez, empezamos a pensar qué hacemos y se nos ocurrió que la mejor manera de arrancar era homenajeando a la música que nos inspira y que en un punto sentimos que cambió la dirección de la música nacional que arranca en los ’60 y ’70. Propusimos que cada una de las bandas haga una versión de un tema a elección que haya sido editado en esa época y ahí cada una de las bandas eligieron y salió el compilado. Después le siguió Noches de rouge, que salió hace un par de meses y siguió la misma idea de las versiones pero esta vez ’80 y ’90.

¿Cómo sigue el trabajo de ustedes después de que los músicos les pasen el material?
Tratamos de apoyar a las bandas y a los solistas de la manera más integral que se pueda. Por más que en nuestros festivales hayan tocado bandas como Los Espíritus, El Mató o Juana Molina; siempre nosotros nos inclinamos por una escena nueva, nuestro máximo interés es que bandas que nosotros consideramos que están buenísimas tengan de repente más cartel y exposición. Eso es un poco lo que buscamos con el sello. Nosotros con los cuatro años que tenemos de experiencia con el festival, el costado que más desarrollamos es el de producción y nos abocamos más a eso, pero de repente estamos apoyando, trabajando en cultura o en audiovisual, cada uno con sus contactos o como managers de bandas como Diosque, durante varios años. El panorama para nosotros se fue abriendo y un poco lo que hacemos es unificar todo eso que hace cada uno de nosotros particularmente, dándole las manos que sean necesarias y que nosotros podamos ayudar a las bandas, desde generar ideas hasta apoyando desde logística y en todo lo que sea.

Uno de los últimos discos es el de Fonso, que salió hace poco. ¿Cómo reciben cada material? ¿Cómo es la premisa para elegir a los músicos?
Los artistas en un principio se eligieron de una forma con todas las propuestas que todos tuvimos individualmente, elegimos las que más nos gustaban o más nos interesaban por una cuestión intuitiva. Después resultó que todas las bandas que hoy en día conforman Yolanda Discos nos encantan realmente, lo cual es buenísimo. Nosotros desde el lado artístico no exigimos mas que dar la máxima libertad que los artistas puedan tener para expresarse, que es lo que consideramos que después va a resultar una buena obra. Particularmente en el disco de Fonso, que es un disco que él viene grabando hace bastante tiempo de forma independiente, en su casa, realmente nosotros no nos metimos en las decisiones artísticas, solo apoyamos el lanzamiento con difusión, prensa y herramientas que tenemos al alcance de las manos. Lo que nosotros vemos es que los artistas se tienen que dedicar a hacer la música y nosotros tratamos de que el costado más “comercial”, gestionarlo nosotros, así ellos se liberan y están realmente concentrados en lo que importa, que es crear.

Antes los sellos ponían como ciertas reglas o condiciones a las bandas para ser editadas.
Nosotros nos manejamos con bastante libertad y por ahora nos viene funcionando bien, porque genera algo muy ecléctico y a la vez que tiene relación. Así como con el festival pasa que las bandas que elegimos tienen sentido, con Yolanda Discos pasa lo mismo, hay una ideología similar, mas allá de que los sonidos sean distintos.

Y cuando empezaron con el festival, ¿tenían ya la idea de que iban a fundar un sello?
No, ni sabíamos que íbamos a llegar a tantas ediciones, no teníamos ni idea. Se fue todo generando con el tiempo. Todo en Yolanda es muy nuestro estilo, muy espontáneo, muy hecho entre nosotros, entre amigos, familia. No hay nunca un interés de nada, las cosas se van dando, como en la vida. No es que nosotros tenemos fechas organizadas sólo para los Yolanda, sino que surgen. “Pasa esto… tenemos este lugar libre… los pibes quieren tocar allá” y todo así va sucediendo, como que nos movemos más con la bola que en vez de estarla mirando.

Ahora se viene una Maratón Yolanda. ¿Qué es eso?
Participan trece bandas, hay un par que justo no pueden, que son Nunca fui a un parque de diversiones y La otra cara de la nada, que como muchos de los músicos tocan en otras bandas, era medio estresante que toquen también. Todos se prestan, todos son todos. Renzo toca en cuatro de las bandas que tocan el viernes por ejemplo, lo mismo Panchito Villa.

¿Ya se había hecho una así?
Habíamos hecho la presentación de Días de adolescencia en Niceto, que tocaron todas las bandas que habían participado en el compilado. Hicimos también que en una noche tocaran trece bandas y eran dos o tres temas cada una. Pero esta es la primera vez que son doce horas de corrido, una verdadera maratón.

¿Cómo fue cuando empezaron a contactar a bandas internacionales para que toquen en el festival?
Empezó con Adam Green, lo conocí en Nueva York. Yo era re fan de él, nos empezamos a mandar mails con su esposa, que es su manager. Era todo el tiempo tratar de que venga, se lo pasábamos a una productora y no nos daba bola, hasta que le dijimos que un día nosotros lo íbamos a poder traer. Fueron dos años de mails, hasta que él se re copó, hicimos una pequeña gira y vino Adam con toda la banda desde Nueva York y ahí fue como la primera vez que nos metimos en esa y también fue la primera vez que hicimos un Niceto. Ahí nos entusiasmamos y le empezamos a escribir a las bandas de afuera y proponerle armarles giras o fechas en Buenos Aires. Ese fue medio como un punto de quiebre, porque antes de ese Yolanda tocaban también Los animales superforros, Francisca y los exploradores, Santiago Motorizado y Silvestre y la naranja; el anterior había sido un Yolanda re importante para nosotros, que fue el primero que hicimos en el Auditorio Oeste, tocó El Mató, Juana Molina, Barco, Francisca, muchas, muchas bandas, creo que eran como catorce. Ese fue medio histórico porque tocaron bandas que primero eran para nosotros impensables que pudieran llegar a tocar en nuestro festival, imaginate que te contamos cómo empezamos, ya estar teniendo a El Mató y a Juana era como ridículo, en el oeste, que nosotros somos de ahí. Eso fue en diciembre 2015 y Adam fue en marzo 2016, muy al toque. Fue esa transición también de que ese último Yolanda antes de Adam, fue muy Yolanda: tres escenarios, catorce bandas, toda la vorágine, que nosotros casi solos, con todo tipo de ayudas de amigos y familiares, pasó al próximo que era Adam, que ya hasta tenía otra tinte la fecha en sí. Siento que pasamos medio de lo que es un poco más trash a algo más limpio. También entrar en Niceto por primera vez, empezar la relación con ellos que después todos los Yolanda los terminamos haciendo ahí, fueron meses demasiado importante para nosotros.

¿Cómo sienten cuando una banda del sello llega a hacer un Niceto con una fecha de ellos mismos, por ejemplo la última de La otra cara de la nada?
Fue producida por nosotros y es espectacular porque es a lo que apuntamos, a que las bandas que están en el sello tengan esa exposición y que estén realmente en el circuito de salas que mejor suenan y que más llegada tienen. También es valorar los lugares como Niceto, que es un lugar que está buenísimo, que tocan las mejores bandas y nos re contra apoyan.

¿Cuánta gente junta una edición del festival?
Depende la fecha, pero entre quinientas y seiscientas personas. Al que más gente fue, fue el del oeste, que fueron mil quinientas y después como poco, cuatrocientas.

¿Algún Yolanda que les haya resultado muy particular como anécdota?
El tercero es la anécdota (risas). Lo hicimos en G104, imprimimos nosotros trescientos tickets porque estábamos muy optimistas de que iba a ir un montón de gente, la fecha empezaba a las once de la noche y para la una de la mañana había una fila de tres cuadras, el lugar explotado y ya habíamos vendido más de quinientas entradas. Tocaban Los Espíritus. Realmente fue como una locura, fue más del doble de gente de la que esperábamos y fue una fecha espectacular por el line-up, por la onda que se generó, la gente estaba en cuero bailando, pasándola bien, con dos grados afuera. Fue algo tremendo. Una cosa loca es que ahí no teníamos seguridad contratada y entonces estaban nuestros amigos haciendo de patovicas, agarrándose los brazos para que la gente no pase en manada a la fecha. Te decíamos al principio que los primeros dos Yolando fueron como para entender, y en ese tercero ya ubicamos cuál era el flash. Los dos primeros fueron re necesarios, pero el tercero fue clave porque después pasamos directamente al gigante del Oeste.

¿Cuál es la meta a la que sueña llegar Yolanda?
Algo que nos encantaría es poder estar a la altura de los festivales que hoy vendrían a ser mainstream, por más de que no nos guste esa palabra, poder hacer algo muy masivo, con bandas que consideramos que están haciendo historia y cambiando el rumbo de la música de hoy en día. Siempre tenemos presente el ejemplo de Atrás hay truenos que es una banda que nos encanta y que realmente siente mucho el día a día y el trabajo de músico haciendo algo espectacular y lo que pasa con muchas bandas del under es que les cuesta llevar gente, como a todos, pero para nosotros se merecen que toquen para diez mil personas. Eso es lo que tenemos como objetivo. Es como cuando le pasás un disco a un amigo, es lo mismo. Le estás mostrando algo que para vos está re bueno y que re vale la pena que lo escuches. Esto es lo mismo, si fuera por nosotros y tuviésemos la infraestructura… En realidad es algo más a corto plazo, ubicarnos más como “estructuras”, no por oficinas, eso no va a pasar, pero sí como decir armemos esto de tal manera para que el día de mañana de verdad sea algo grande y podamos llevar a muchísima gente y estar seguros que les va a gustar una banda como Atrás hay truenos. Poder llevar eso nuevo que no conocen. Es lo que hacemos en Yolanda, por ejemplo ahora el 3 de noviembre toca Mi amigo invencible, Perras on the beach, Mansibal y El último vecino, todas completamente distintas, salvo Perras y Mi amigo invencible, pero que a la vez nunca tocan juntos, a pesar de ser iconos de Mendoza. Es eso que estaría increíble multiplicado por cien. Hay cuestión también de cambiar un paradigma, que es algo que viene ya pasando hace tiempo, de que realmente tiene mucha más atención la música que es considerada “indie”. A pesar de que eso no lo defina. O bandas que vienen haciendo un laburo muy bueno y muy nuevo en un país que se mira mucho para atrás y mucho para afuera y capaz que hay gente que piensa que Spinetta es lo único bueno que pasó en el país porque nunca le dieron la opción de escuchar una banda nueva.

Está muy bueno porque antes eran las discográficas las que armaban la escena y ahora son los sellos independientes.
En cuanto a Yolanda Discos, por ejemplo, también es algo como más colectivo, no es que nosotros tenemos una discográfica y actuamos como una discográfica. Nosotros acercamos algo a la gente en concepto y de ahí cada uno va tomando. Nosotros nos unimos a cualquiera y les abrimos la puerta a cualquiera, obviamente que consideremos que está dentro de los parámetros que nosotros creemos que están bien. Pero también sentimos que las bandas mismas tienen una autogestión hoy que lo hacen hacer lo que quieren.

¿Cómo ven ese punto?
Nos parece increíble y espectacular que una banda pueda manejar toda su historia. Espectacular también que haya una consciencia colectiva que entre todos se ayudan, entre todos hay buena onda, nadie le está mirando el culo al otro. Es mas una cuestión de que si crece uno, crecen todos. No hay uno que diga yo lidero. Es algo muy solidario que está en los artistas, o sea, nadie le puede decir a nadie qué hacer pero sale de ellos y eso es lo increíble. Y lo podés ver no sólo en algo de Yolanda, lo podés ver en cualquier lado. Al final de cuentas consideramos que hay un trasfondo muy poético de alguna forma, en el sentido realmente de hacer música buena y nueva y no hacer música para pretender o aparentar. Realmente se da en músicos muy jóvenes una ideología muy fuerte y noble. Cuando se suben a tocar, lo arman desde el corazón, no de que la quieren pegar. No está el concepto de que la quieren pegar y vivir de la música y ser un reventado, ni en pedo, lejísimos. Es como que hacemos lo que nos gusta, hablamos el mismo idioma y le queremos mostrar a la gente lo que hacemos. Claramente hoy hay una respuesta positiva de la gente, que los va a ver y que compra un ticket para escuchar bandas chicas y se genera esto sin ataduras. Los pibes van y se suben al escenario para divertirse con sus amigos y valoran y agradecen todo lo que uno les pueda dar desde su lugar. Como los artistas tienen esa misión de que crece uno, crecen todos; nosotros tenemos la misma misión como productores de hacerlos crecer, de empujar eso que ellos están generando, ellos están primero, sin ellos no somos nada.

Ustedes sirven como puente que los une…
Exacto, los une, se conocen nuevas bandas todo el tiempo. También pasa con las provincias, nos relacionamos hablando con productores que quieren lo mismo en Córdoba, Rosario, Mendoza y de repente te das cuenta que estamos todos re unidos y que es algo re federal que se está armando y todos quieren lo mismo: ir a tocar, divertirse con sus amigos y hacer lo que ellos quieren, no tocar la guitarra porque hay que tocar la guitarra.

¿Y algún Yolanda fuera de Buenos Aires?
Hicimos una edición en Uruguay y tenemos pensada la segunda edición para el año que viene porque estuvo muy buena. De acá tocaron Francisca y Coghlan, que saca el disco este viernes [hoy] y de Uruguay bandas como Adán Yeti y Walter TV de Canadá. Realmente se vivió la misma sensación que acá, fue de la misma manera, con ayuda de los chicos de Adán Yeti, que son amigos nuestros que nos dio la vida y que nos dieron una gran mano para llevar la misma premisa a Montevideo.

Algo muy valorable es que ya no son grupos de empresarios, en el gran sentido de la palabra, sino grupos de amigos.
Los productores grandes también hoy están mirando para este lado. En el BUE tocan bandas como Perras on the Beach, hay una especie de renovación del mainstream. Nos sentimos parte de esto y sentimos que trabajamos para ellos pero encubiertamente, sentimos que sin todo lo que todos hicimos hasta ahora en todos estos años, esto no hubiera pasado. Vemos para atrás y no podemos creer todo el crecimiento dentro de una escena que ya viene cambiando o que al menos para ir a mediano plazo un laburo que viene haciendo El Mató hace más de diez años, de ponerse una camiseta, que tal vez ni ellos sabían que tenían puesta, pero que es como de reivindicar de repente al rock nacional o de cambiar justamente este paradigma haciendo algo muy propio y muy de ellos. Es algo que ellos apuntaron ahí y en el camino siempre fueron derecho, siempre siguieron su idea.

La Maratón Yolanda es esta tarde/noche, desde las 18hs. en La Confitería (Lacroze 2963, Colegiales, CABA). Evento en Facebook.

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