“Me reconozco con formación de rockero”. Así se define Federico Ghazarossian, bajista de dos bandas míticas, Don Cornelio y la Zona en los 80 y Los Visitantes en los 90; de una de las bandas más representativas del rock actual como es Acorazado Potemkin; y contrabajista del ensamble folk con alma rockera Me Darás Mil Hijos.

“Lo primero que me pasó a nivel musical fue que un día mi papá trajo a casa un disco de Tchaikovsky, la Sinfonía en Re Mayor para violín y orquesta. Escuché eso y me dio vuelta, tenía 8 o 9 años. También el primer disco del quinteto de Piazzolla. Además, mi hermano le sacaba discos a mi prima que nos llevaba un par de años, un día aparece en casa un disco de los Beatles y yo me quedé escuchando todo el día “Ticket To Ride“. Después hice una transformación y terminé con 15 o 16 años enamorado de Led Zeppelin, fue el grupo que dije ‘me compro todos los discos’. No llegué a tener la colección completa, pero tenía los pósters en mi pieza y me dediqué a escucharlos. Y después de Zeppelin empiezo a entrar en el rock nacional, Almendra, Manal, después empiezo a reconocer a Pescado Rabioso, Color Humano, Aquelarre, La Pesada y cuando escuché a Pappo dije ‘bueno, ya está’.”

Don Cornelio y la Zona no alcanzó un reconocimiento masivo pero fueron una de las bandas más importantes de los 80, tan influyentes como Sumo o los Redondos, sobre todo en la generación indie que forman bandas como Atrás Hay Truenos, Pyramides, Césped y Juvenilia, entre otras. “Entré a estudiar a Agronomía y cuando estaba por empezar el segundo año conocí a la gente de Don Cornelio. Luego de ensayos y shows, tomé mi decisión final de decir ‘esto es lo que me gusta, yo quiero hacer esto’. Dejé Agronomía y me puse a laburar en un garage todo el día. Después de grabar el segundo disco de Don Cornelio, Patria o muerte, dije ‘sí, soy bajista’.”

El sexteto encabezado por Palo Pandolfo estaba en sintonía con las bandas post punk de la época que le dieron otra importancia y protagonismo al bajo, ubicándolo casi al frente y con líneas melódicas reconocibles. “En Don Cornelio nunca pensé todo lo que hacía, me salía y tuve la suerte que me dejaron volar. La primera vez que escuché Joy Division pensé que con algo tan precario hacían una cosa que era totalmente novedosa y los bajos iban por lugares no normales. Esas cosas me gustaban y supongo que el oído empieza a tomar y filtrar. También me encantaban los bajos de The Clash y nunca se habla mucho del bajista de Zeppelin, pero si escuchás la melodía que tiene el bajo es terrible, muy musical.”

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Luego de la separación de Don Cornelio, Federico Ghazarossian y Palo Pandolfo formaron Los Visitantes. Fue la banda que alcanzó mayor masividad y fue sumando elementos de folk y tango que la alejaron del sonido oscuro de sus comienzos. “A los 35 años tuve una especie de crisis musical. Yo tenía siempre el concepto de que la música me bajaba de algún lugar o de alguien. En ese momento me estaba dando cuenta que me bajaba siempre lo mismo y me estaba empezando a aburrir. Dije, ‘bueno, voy a tener que estudiar’. Pero no me interesaba ser Pastorius en el bajo, tocar mil notas, quería buscar más. Me compré un contrabajo. Trabajaba nueve horas por día, así que con suerte podía estudiar un sábado o domingo e iba una vez por mes o cada dos meses a tomar una clase, años 96, 97. Toda la vida laburé y en el año 99 tomé la decisión de no trabajar más porque no me quedaba energía para hacer nada. A los seis meses Los Visitantes se separó, quedé en la lona, pero igual seguí mi proyecto de estudio. Me separé de mi primera pareja, me agarró el 2001 y quedé en la lona total. Empecé a estudiar como un loco y a trabajar de cualquier cosa de vuelta. Pero me hacía siempre mis lugares como diciendo, ‘esto no lo tengo que dejar’.”

Los Visitantes habían incorporado elementos tangueros, género que nunca le fue ajeno a Ghazarossian: “En casa se escuchaba mucho tango. A los 15 años cuando te ponés un poco más rebelde lo odié. Pero a la primera novia que me dejó empecé a escuchar tango de vuelta. Durante dos años toqué en un tanguería y son shows muy armados. ¡No sabés lo que transpiré el primer día! En ese tiempo hice como 90 o 100 shows. Yo estaba contento y aprendí el ABC del tango”. Actualmente, Federico toca el contrabajo en la orquesta de tango Los Crayones y en Ezequiel Uhart & Los Monotributistas.

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En 2001 Ghazarossian pasa a integrar Me Darás Mil Hijos como contrabajista. La banda nace buscando una sonoridad de instrumentación acústica, con formato de cámara y espíritu de rock. Editaron cuatro discos de estudio: Me darás mil hijos (2003), Un camino algún lugar (2004), Aire (2008) y Santo remedio (2013). “El trabajo del ensamble es entre todos, alguien trae los temas y vamos construyendo en grupo. A veces te dicen tal nota no porque me choca con la voz, la cambiás y ya está. Y luego vas puliendo partes.”

Federico volvió al bajo y al rock con Acorazado Potemkin en 2009. “Cuando termina Visitantes me peleo con el bajo, dejo de tocar y me dedico al contrabajo que tiene una cuestión con el sonido de los graves, la calidad de graves que tiene no la sacás nunca de un bajo. Y sobre todo el arco que es una posibilidad de cantar, hacer continuos, lo que sea. Al bajo vuelvo con Potemkin porque cuando empezamos estuvimos seis meses con Juan arreglando los temas que tenía hasta que un día no pude llevar el contrabajo, llevo el bajo y me di cuenta que esto quedaba bien y no lo podía negar. Ahí lo volví a agarrar.” ¿Cómo es volver al bajo luego de años de perfeccionarse en otro instrumento? “Me parecía un chiste. Empecé a aplicar todo lo que aprendí al bajo. Y de alguna manera creo que está toda esa riqueza musical que tenemos y todo lo que aprendí, hay cosas que las hacía intuitivamente, tengo todas estas herramientas ahora.”

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Acorazado Potemkin en Niceto Club, 2017 – Foto: Andrés Bonelli

Acorazado Potemkin lleva grabados tres discos de estudio: Mugre (2011), Remolino (2014) y Labios del río (2017). Este año grabará el cuarto álbum, además de festejar 10 años como banda. “Con Potemkin empecé a pensar mucho los acordes, los incorporé como un recurso porque a veces Juan se va al solo y yo sentía que se caía el tema. Si hago líneas más cantables es porque siempre las tomé como un contracanto de la voz. Tal vez eso me lo dio la música clásica. Empecé a usarlas a nivel intuitivo y ahora es mi marca personal, pero nunca fue pensado.”

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Federico toca desde la época de Don Cornelio con un Gibson G-3, le preguntamos cómo llegó a ese bajo tan particular. “No me alcanzaba para un Fender. Por otro lado me gusta porque tiene un agudo más llamativo que el del Fender. Gibson no hacía muchos bajos aunque es una marca reconocida. Es un mueble en realidad (risas). Es sólido, tiene ese sonido por la cantidad de madera que tiene y es mi compañero, mi herramienta, yo lo amo. Después me pude comprar un Fender en la época de los Visitantes. Un Precision Vintage que me costó carísimo. Y en la crisis del 2001 yo ya tocaba con Mil Hijos y decidí hacerme un contrabajo eléctrico, no tenía un mango y dejé de parte de pago el bajo Fender que lo tenía en un ropero.”

La propuesta para el show conjunto de Me Darás Mil Hijos y Acorazado Potemkin es un repaso por los repertorios de ambas bandas, primero la orquesta y luego el power trío. “Voy a tener que regularme. Hemos hecho shows de dos horas con cada una de las bandas y estuvo bien. Va a ser un increscendo el show.” A pesar de sus diferencias sonoras, Me Darás Mil Hijos y Acorazado Potemkin comparten un origen urbano conectado al tango y la milonga, además del rock. “La música es una traducción de los momentos que viven las sociedades, siempre fue así. Si estás en una ciudad va a transmitir que te pasa un colectivo por arriba, una bicicleta. Sonoramente tenés toda esa violencia que te genera la ciudad”.

Me Darás Mil Hijos y Acorazado Potemkin tocarán el viernes 15 de febrero a las 20:30 h en Niceto Club (Niceto Vega 5510, CABA), entradas disponibles a través de Ticketek. Más información.

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Foto principal: Victoria Schwindt.