Una semana para el show. Los días vuelan. El subte está demorado y pienso y pienso. Armo el rompecabezas de todo lo que me gustaría hacer, lo que debo y lo que siento. Se me viene la cara de mi hijo, el helado compartido, les compañeres de japonés que me compraron entradas para el show y me dieron un abrazo. La dura situación que vivimos.”

Las palabras nos ofrecen una foto intangible, un registro de lo sutil que se hace impermeable a la memoria. Desafiando las raudas selfies, Florencia Ruiz comparte desde su muro de Facebook un autorretrato social, la intimidad de una artista en tiempos de crisis. El show que palpita es la presentación de su último disco, Rumiante, el decimosegundo de su carrera. Un álbum que ella misma define como un viaje introspectivo, que “hace colectivo el acto privado del pensamiento”. Hay una continuidad perfecta de esa ofrenda íntima y creativa en las palabras volcadas desde aquel andén de subte.

Pero, ¿qué es realmente un disco nuevo? “Es el final de lo nuevo, que no llega y no viene… Al final nadie está en un lugar nuevo”, dice Florencia desde el primer corte de Rumiante, en una reflexión que abre un abanico de sentidos. ¿Cómo encontrar la novedad en el arte cuando parece que todo “ya está hecho”? ¿Cómo ir hacia un lugar nuevo cuando la historia parece repetirse? La misma artista nos advierte: es un disco que no viene a dar respuestas.

¿Cómo estás viviendo los días previos a la presentación de un nuevo álbum? ¿Te afecta de alguna manera este contexto social y político?
El momento personal siempre está perfumado de la coyuntura. Es imposible pensarse en lo individual porque somos parte de un colectivo, un territorio que es la República Argentina. Pero así como creo que es un poco difícil hacer cosas, como movilizarse uno mismo y movilizar a los otros, también creo que es imprescindible. Así como pienso “uy, ¿en qué me metí?” también pienso “qué suerte que lo pude hacer”. Con todas las aristas que tiene esa palabra, suerte de que hayan aparecido las ideas, las canciones, compañeros para hacerlo, el dinero para pagarles a todos. Y suerte de haberme animado, porque el contexto tira todo para el desánimo. Así que estoy contenta por tener un disco nuevo y estoy preocupada por tener un disco nuevo. Todo a la vez.

¿Qué es lo que más te preocupa?
Lo que me preocupa pasa siempre por lo mismo, y es la exposición. Hay muchos músicos que les encanta estar en el centro de la escena. A mí no me gusta tanto porque siento que la música es una actividad más a la que uno se puede dedicar. Surge la necesidad de hacerlo y esa necesidad te construye. Después viene todo lo demás, hasta dónde llega tu necesidad, cómo te preparás, cuál es tu motor. El otro día escuchaba algo sobre “las leyes del mercado” y pensaba que yo nunca supe moverme adentro de un mercado. Eso me deja de un lado de la vereda un poco hostil. Y a la vez creo que la mayoría de los músicos ahora somos independientes, no es una condición que solamente tengo yo.

¿Sentís que estamos en un momento de cambio en la industria musical y de la forma en que se difunden las obras? ¿Eso te resulta incómodo?
Sí, tenés que estar permanentemente como en un autobombo, que es necesario y a la vez re innecesario. Yo solamente uso Facebook, ahí de repente vos escribís algo y ya te comentan cinco personas que el día anterior no habían recibido esa información. Entonces vos decís, “ah cierto, tengo que postearlo todos los días”. Después eso te va despertando un costado de la creatividad. El jueves pasado yo estaba esperando el subte, venía de estudiar y tenía que volver rápido porque me tenían que hacer una entrevista. El subte estaba demoradísimo, no sé qué pasaba. Ahí se me ocurrió que podía escribir algo cada día, como una cuenta regresiva hacia el show, que por un lado me sirviera para despertar el interés y por otro me ayudara a mí misma a registrar esos estados. Si no, el día se termina, empieza otro día y es como si fuéramos una maquinaria reproduciendo todo el tiempo cosas. Algunas tienen atrás un gran deseo y otras no.

Foto: Federico Caruso

¿De qué estados tuyos surgieron las ideas de Rumiante?
Del estado de la rumia, de estar ahí rumiando. La rumia misma te va guiando, te va batiendo la próxima posta. Al principio yo quería hacer un disco de canciones de amor, lo tenía anotado como una materia pendiente. Después me di cuenta que, una vez más, esa temática sola no me llamaba la atención. Acá tengo la foto de Charly García, entonces me sale el ejemplo: muchas de las canciones de Charly son canciones de amor, de pareja, pero muchas no. Hay canciones muy de la época, donde la misma obra te cuenta en qué momento el tipo escribió eso. Yo no tengo la capacidad de ser tan permeable. Pero todo lo que estamos viviendo, tantos golpes diarios para los que somos trabajadores y defendemos determinados valores… todos los días te enterás de un bajón. Eso me acentuó mucho el tema de la rumia y no lo quería dejar en algo oscuro. Quería pensar cuáles son las cosas que me hacen rumiar, qué me moviliza. Ahí fueron apareciendo músicas y temas que el propio camino del pensamiento te va dictando. Yo quería hablar de alguna característica bien íntima mía porque pensaba que quizás socializando mi problema podía elaborarlo un poquito. Eso lo dirá el tiempo, si me sirvió o no. Por ahora, lo que me interesa es atravesar el riesgo. Creo que el riesgo es muy importante para todo hacedor de arte.

Es el riesgo de revelar tu intimidad…
A mí me parece que no hay nada mejor que la pureza, decir: “entrego lo más auténtico que tengo al universo”. De esa manera creo que podemos sobrellevar estos tiempos. Ahora salieron un montón de discos, las situaciones de crisis siempre dejan mucho arte, ¿no? El gran tema es conciliar algunas cosas difíciles, ¿para quién es el arte? Cuando yo empecé a estudiar música clásica, no era para cualquiera. A mí me llamaba la atención porque yo venía de Villa Luzuriaga, de una familia no pobre estructural, pero pobre. Y siempre me pareció injusto, porque la música no puede ser para alguien sí y para alguien no.

El disco se siente alegre o “luminoso”, ¿vendría a ser un antídoto a esas rumias? ¿Cómo lo describirías?
Sí, para mí también es re luminoso. Yo lo describo como un disco muy conciso, cortito y al pie. Hay mucho guiño a cosas de mi hijo, a él le gusta la música y también toca. Eso está muy presente. Para mí haber sido mamá fue una ventana que no puedo cerrar, es un sol que entra y no lo podés parar. El primer tema habla de esta cuestión de tener que cambiar y ser “nuevo”, es una conversación conmigo misma. Te recibe diciendo: lo que vas a escuchar no tiene nada de nuevo, es un disco más de canciones que perfectamente podría no haber hecho. Pero en un momento dice: “si me voy a dormir, lloraré lo nuevo”. Si no lo hago, todo eso va a ser angustia para mí. No creo que tenga ninguna respuesta, cada canción va preguntándose sobre algo y va tratando de compartir esas preguntas. El décimo tema se llama “Sal de la piel” y es totalmente de género. Tiene que ver con nuestros deseos, con quiénes queremos ser, para qué fuimos educadas. A mí me atraviesa mucho por toda la educación que recibí de mis abuelas. Cuántas mujeres que fueron madres no quisieron serlo, o dejaron de estudiar porque “mejor acompañá a tu marido”. Por eso la misma canción dice, “sal de la piel y tu tierra serás”.

Después de haber editado un disco juntos (Parte) y de tantos años de shows compartidos, ¿cómo fue esta nueva etapa con Mono Fontana de músico y productor en la mitad de los temas de tu álbum solista?
Siempre quiero tocar con él. Necesitaba tener un disco solista nuevo porque me voy de gira y eso me obliga, pero también quería trabajar estas cosas que son muy personales. Cuando compongo músicas que vamos a tocar con el dúo no es igual, lo personal e íntimo siempre está pero es distinto. El Mono antes que nada es un maestro y enseguida me dijo que sí, que le encantaría. El trabajo fue en tres etapas: primero yo le presenté las canciones, algunas las tocamos en vivo para probar y otras no, después se grabaron en una primera jornada algunas cosas y luego él me dijo que quería grabarle detalles. Ahí fue alucinante todo lo nuevo que aportó. Si hubiera sido un disco nuestro se hubiese grabado en una sola toma, sin esos detalles. El Mono trabaja con un papelito que tiene la letra de la canción y de ahí va construyendo todo. A mí me parece increíble porque vos lo escuchás tocar y tal vez pensás que se guía por los acordes, pero no, él se guía por lo que estoy diciendo. Eso es bastante groso y creo que es la escuela de Spinetta. Aunque es medio el huevo o la gallina, ¿el Mono le enseñó a Luis, o Luis al Mono? No sé, pero te puedo decir que siempre es mutuo. Toda esa cuestión spinetteana creo que es una novedad en mí, que viene de tanto tiempo de haber tocado con el Mono. Él siempre me incentiva a que cante un tema de Luis, que me lo tengo que estudiar y esas son aguas que te van mojando.

¿Fue distinto el trabajo con Seba Landro, productor de la otra mitad de los temas en Rumiante?
Seba es un par, es mi amigo con quien vengo haciendo música desde el primer disco. Fuimos encontrando modos juntos, maneras de expresarnos. Él produce un tema, me lo manda y me pregunta qué me parece. Trabajamos a la par. A Seba también le tengo una admiración terrible, y sin querer mi sonido es su sonido.

¿Llegar al disco número doce te trae alguna reflexión o retrospectiva de tu carrera?
Yo intento trazarme un camino, plantearme qué hice y qué no. Venía de hacer un disco muy grande con (Carlos) Villavicencio, con 30 músicos invitados (Luz de la noche, 2011) y después de eso hice un disco sola en el living (MA, 2014) porque me pareció que tenía que ir por el contraste y buscar otra cosa. Después vino el disco con el Mono. Por eso quería hacer un nuevo álbum de estudio y más austero. Somos pocos, tocamos pocos instrumentos. Me hubiese gustado un arreglo de cuerdas pero económicamente no se puede y lo tengo que resolver con ingenio. Eso es lo único que nos puede salvar, no esperar a que todo se solucione sino salir a buscar el medio. Obviamente hacer un disco no es negocio para nadie. Pero, ¿qué hacés entonces? Yo me niego a ser una desesperanzada, no podría ser maestra si tengo que afrontar a un grupo de pibes y decirles que en este país los músicos no sobreviven. Porque no lo creo realmente. En el peor show de nuestra vida con el Mono, creo que éramos cuatro personas. Pero sacamos un montón de cosas en limpio de ahí, no es que volvemos a casa pensando para qué fuimos. Todos queremos que nos vaya bien pero no podemos pensarnos solamente en función de un supuesto éxito.

¿Qué se viene con el show presentación en el Xirgú y qué pasa después?
El show va a tener una energía bastante ecléctica. Los tres vamos a tocar todo el disco como fue grabado. Después algunas músicas con el Mono, otras cosas Seba, y yo unos temas de discos anteriores que nunca pudieron ser tocados así por las pistas, los efectos. Y a fin de año me voy un mes a Japón, donde Rumiante sale en noviembre. Es un aliento total poder volver y tocar con artistas amigas. Vamos a ver cómo me va con un disco nuevo, qué temas podemos hacer y cuáles no. Hay algo de querer disfrutar el presente, se hace camino al andar.

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Florencia Ruiz presenta Rumiante hoy jueves 13 de septiembre a las 21 hs en el Teatro Margarita Xirgú (Chacabuco 875, CABA). Entradas a la venta a través de Plateanet.