Rápidamente y quizás sin proponérselo, Martín Míguez se convirtió en un operador de peso en la movida musical rosarina. Ya sea al frente de Jimmy Club, la banda post-adolescente que mantiene viva la llama de la psicodelia en la ciudad del Monumento, o en su nuevo proyecto unipersonal, en el que firma con el nombre de Imaginario.

Estudiante de Sonido, productor (grabó y/o produjo a algunas de las bandas locales del momento) y sobretodo músico: hace poco lanzó Medusas en el jardín, un disco en el que se amiga con lo más profundo de sí mismo para permitirse todo: hasta un cover de The Vaselines (pero que suena más a la versión de Cobain). Al poco tiempo publicó Música de cañerías, un álbum instrumental de hip-hop con beats y vientos. En esta entrevista exclusiva con Indie Hoy, la mirada fresca de un pibe que quiere comerse el mundo haciendo sonar el propio.

¿Cómo comenzó tu relación con la música?
En mi casa siempre se escuchó de todo. Los recuerdos más fuertes que tengo son con los Beatles y John Lennon. También mi viejo por su lado me inculcó Charly García, el rock nacional. Con el tiempo me fue interesando la música, hacer música, por más que en mi familia muchos músicos no había, solo mi abuelo que tocaba el bandoneón cuando era joven y ahora ni se acuerda. No quisiera terminar así, ¡la peor! No pudiendo agarrar la viola… que no me pase, ni a los 70. De adolescente me empezaron a caber esas bandas que ahora odio, como los Guns, esas básicas… *risas*. Y los Red Hot siempre me gustaron, recuerdo cuando salió Stadium Arcadium y me voló la cabeza.

Este no es tu único proyecto, también liderás la banda Jimmy Club. ¿Por qué necesitaste salir como solista?
Me encanta lo que hacemos con Jimmy, me encanta crear con ellos. De hecho yo soy el compositor principal, el que da la primera bajada de línea. Después la hacemos entre todos, no me cabe andar diciendo al resto qué tocar. En un momento empezaron a aparecer choques internos dentro de la banda, cosas tipo “este tema no me cabe tanto”, “no, pero a mí me encanta”. En lugar de insistir, fui diciendo “bueno, este tema me lo quedo para mí”. Ahora cada tema nuevo voy viendo si lo tocaría con Jimmy Club o qué. Igual, largarme a hacer esto fue un re desafío, un experimento. Yo siempre fui guitarrista, y acá grabé todas las voces, todos los teclados, todos los bajos; las batas yo no las toco pero sí armé los trackeos. Ahí sí bajé línea.

¿Y las letras? ¿Sobre qué solés escribir? ¿Se modifica eso según en qué proyecto?
En Jimmy siento que soy re directo, puntual. Y a la vez no soy tan directo como me gustaría ser. Hay canciones en las que expreso un momento de mi vida que puede ser re difícil de recrear con palabras. Me cuesta reproducir eso que sentí en las letras cuando las escribí. Quizás hago letras en un momento determinado de mi vida, pero después me choca mucho cantarla en el contexto de un recital. Porque no es el momento que yo estoy retratando en la canción. Ahora con los temas de Imaginario, lo que estoy haciendo es tratar de generar esas cuestiones: que la música vaya más allá de la letra, que transmita algo más visual. “Medusas” es una canción instrumental que escribí cuando falleció mi abuela el año pasado; ella para mí fue como una segunda madre, ya que mi mamá falleció cuando yo era chico. Tenía algo en la cabeza que quería sacar, agarré tres acordes, los loopeé y me colgué admirando la belleza de esos tres acordes. Después dije “bueno, ahora voy a hacer un tema agarrando la guitarra y haciéndola llorar arriba de esto”. Quise mezclar cosas oscuras, con algo de paz y algo épico. Me pregunté: “¿qué puedo hacer yo por lo que hizo mi abuela en vida?”. Fue como una oda.

Te apartaste de tu banda para sacar estos temas como solista, pero ¿es simplemente un rejunte de temas? ¿O hay algo “en común”, un hilo, entre esas canciones? Quizás algo que viste recién cuando lo terminaste.
Al ser canciones que fueron escritas en distintos momentos de mi vida, no sé… por ejemplo, “Cortito” es de 2016, y “Parque de diversiones” es de un mes antes de entrar a grabarlo. Hay una cuestión de tiempo en el medio. Pero hacer otro proyecto aparte de la banda tenía que ver con poder explayarme al 100%, sin opiniones de otros músicos; acá estoy solo, si me choco contra una pared es la que me puse yo. Puedo hacer algo que me salga y después recién pensar “¿esto está bueno?”.

Sobre eso te iba a preguntar: ¿no es más difícil no tener a nadie que te vaya orientando, que te vaya diciendo si está bueno lo que sale o no?
Eso me ha pasado mucho, y por eso durante la grabación tuve muchas dudas. Fui con las ideas totalmente desarrolladas para cada tema, pero uno tiene miedo de pecar de ególatra, de terminar haciendo algo re narcisista, o tan propio que al final no le gusta a nadie. Muchas veces me lo planteo tipo: “esto me encanta a mí, pero quién sabe si les va a encantar al resto”. Los músicos que graban conmigo quizás tiran comentarios u opiniones, pero al final del día, cuando estoy solo a la madrugada con la mezcla, soy yo contra mí mismo. Y eso te genera un montón de mambos. Pensar que algo podría ser mejor pero no me sale hacerlo mejor, o cosas así. Con uno de los estribillos, las voces no me cerraban para nada y las regrabé varias veces, pero no porque sonaran mal sino porque se me había metido esa idea en la cabeza. Hoy por hoy siento que es el único tema al que le falta. Y las tomas que más me gustaron fueron las que encaré más flojo, más “me chupa un huevo”. Yo toda mi vida escuché a Frusciante y la posta es que él tiene un montón de momentos en los que desafina. Pero si te podés compenetrar igual con esa obra, sirve igual. Pensar eso me terminó relajando. Pero sí, es chocar contra uno mismo constantemente.

Y en este marco, la nueva música que te va saliendo, ¿la pensás para este proyecto o para tu banda?
A Jimmy voy a seguir llevando ideas, pero no temas terminados para proponer. Y todo lo que sienta que no encaja con lo que hacemos, o que quiero para mí, me lo llevo. Por eso el nombre, Imaginario. La gente habla mucho de la idea de “imaginario colectivo”, todas esas cosas que están en el “imaginario” de la sociedad. Yo dije, bueno, esto que planteo es mi imaginario. Pensé: “estas son todas cosas que están dentro de mi cabeza y las quiero volcar, no importa si lo escuchan diez personas o tres mil”. Lo que estoy buscando es volcar lo que me pasa, y por otro lado lograr un contacto. Si viene un tipo y me dice “che, este tema lo re sentí”, o “me hizo acordar a tal cosa”, o incluso “¿qué fuzz le pusiste esa viola?”, lo que sea, voy a saber que algo logré. No tengo muchas más ambiciones con esto. A pesar de que es un proyecto re ambicioso, porque hice todo solo, toqué todo, puse toda la plata que tenía. Y ahora también saqué un EP de hip-hop instrumental, con un grupo de músicos amigos.

Es otro palo… ¿por qué eso también es Imaginario?
Sí, parece que nada que ver, pero es Imaginario también. ¿Por qué no? Si salió del mismo lugar. Imaginario es como mi Gorillaz *risas*. Me gusta eso, que la gente pueda esperar todo. Saqué Medusas…, y al toque salió este, Música de cañerías. ¡Porque puedo!

Y ya que decís Gorillaz… ¿pensaste en el vivo? ¿Cómo vas a manejar este asunto en el escenario?
Es un problema, je. A veces pienso que debería armar una banda aparte, pero no está definido. Hay un par de personas que me gustaría que me acompañaran. Igual es difícil coordinar tiempos con toda esta gente que también tiene otras bandas.

¿Te choca un poco llamar a músicos amigos y “darles órdenes”, liderarlos?
Claro, claro. Pero también por ahí iba el desafío, no solo por este choque conmigo mismo, que es constante. Sino también que parte de la idea de todo esto era ver qué tanto podía llegar a hacer yo solo. Había quizás una cuestión de autoestima. “Quiero pensar que soy bueno”, algo así. Me encanta ese juego personal. Y cómo lo recibe la persona que escucha. A veces estoy escuchando Invisible pero yo pienso que estoy escuchando al Flaco. Pero también están Machi y Pomo metiendo lo suyo. Sumando fuerza. Sin embargo a veces la idea original, ese sentimiento, choca con cosas que no tienen tanto que ver y el mensaje se diluye, se pierde. La obra pierde fuerza. Y no me cabe que las cosas pierdan fuerza por tener que complacer a otra gente. Ese es el concepto de Imaginario. Hacer lo que la música me pide.

Si te pide, de repente, hacer hip-hop…
¡Claro! Loco, yo me la paso escuchando Kendrick Lamar. Y me la paso escuchando discos como Doo Bop, de Miles Davis. Amy Winehouse, De La Soul. Si a mí me re cabe ese mambo, ¿por qué no lo voy a hacer? ¿Por qué me voy a limitar a hacer una cosa solo porque no se parece tanto a la anterior? La música está más arriba de todas esas cosas. No me quiero cerrar más. Kevin Parker, Damon Albarn, Thom Yorke, para mí son las últimas grandes mentes que tuvimos; las que han creado cosas nuevas. Y se diferenciaron por eso, por experimentar por todos lados. Compará sus primeros discos con los últimos. Esos tipos son grosos por no limitarse. Yo tengo que hacer eso: tengo que combatir con mí mismo para no limitarme.

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Foto principal: Luciano Barbagallo.

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