Julián Desbats no solamente es un ruso hijo de puta, sino que también es tarado. El guitarrista de la banda que comparte con Luludot Viento, eterna compañera de andanzas, Santi Mazzanti y Flor Mazzone –esto es: los hermosos Rusos Hijos de Puta– ha realizado una suerte de relanzamiento de Tarado; un álbum en solitario que había sido editado en formato casette por Cincope Records en 2015. Este disco, que ha sido definido como opereta western folk del conurbano se puede descargar ahora, gratis. De hecho, Julián escribe en su muro: “Mi hermano Jr Perila metió el picante del ritmo y Tarado se pone espacial y bailable. Este disco, que se irá completando subiendo cada tema de a uno por vez, abre su corazón con la canción ‘Tarado‘. Es Free dowloand. Más vale. Click en Buy now -ponés 0 pesos-el disco es tuyo. Gracias por tanto. Amor para todos ustedes. Y buen provecho!”

Lo quiero entrevistar, pero Julián está en Zárate, lugar de origen del dúo dinámico ruso. Me propone hacer la nota vía mail y ahí vamos, claro. Hablamos de Tarado, del conurbano al espacio, ese disco íntimo, oscuro, honesto, lírico, reflejo de una época fundacional del rock argento, bellamente crudo y siguen los adjetivos.

El 23 de septiembre Julián Desbats presenta el disco –en el marco de un show titulado Tarado y solo- en Ladran Sancho, Guardia Vieja 3811, pleno barrio de Almagro. La cita es ineludible.

¿Cómo fue el proceso de este disco? ¿Cómo decidiste: es personal, es un disco mío, solista?
Grabar Tarado fue una experiencia desde adentro hacia afuera. Decidí grabarlo en casa, en la habitación mía y de la rusa, nuestro refugio. No quería tener que lidiar con la profesionalidad y exigencia civilizada que demanda grabar un disco en un estudio. Es decir, tener que lidiar con egos ajenos y horarios rajatabla, rajacerebro. Quería que sea algo realmente directo, que conecte rápido con mi sentir, una experiencia verdaderamente personal e intransferible. Y qué mejor lugar para lograr eso que mi propia habitación, ¿no? Rodeado de mi gente, mis gatos, puchos y mate cocido. A cualquier hora del día, trabajando como un artesano las canciones. Y el tipo de canciones me pareció que no encajaban para Los Rusos. Tenían otro ritmo, otro sentimiento, eran la expresión de otra faceta mía. Y ansiaba sacarlas a la luz, desde la oscuridad.

Foto: Cari Aimé
Foto: Cari Aimé

Hay cierta oscuridad, tanto en la lírica como en las melodías, ¿podés decir a qué responde eso? La génesis.
Tenía muchas grabar un disco completamente honesto, un resumen de mi vida hasta ese momento. La vida sube y baja, sube y baja. No podemos ser completamente felices ni completamente infelices todo el tiempo. Y el título del disco, Tarado, no responde únicamente a ser un imbécil sino a vivir en una tara, condenado a perseguir ideales de vida que te imponen los otros, vivir una vida fantasma. De ahí la génesis del disco, esa la tara a las que nos someten apenas nacemos. A ser lo que hay que ser, a ir a lo seguro, a hacer la fila que hacen todos. Ronda en el clima del álbum, el amor y desamor, la frustración y la ilusión, las ganas y el desgano. Todos opuestos, el sube y el baja.

Siendo parte de los Rusos Hijos de Puta, ¿cómo decidiste, al componer, que esos temas conducían hacia otro proyecto, personal?
Las canciones que tenía me lo sugirieron. Canciones con otro clima más pesimista. Ellas se abrieron camino solas y me mostraron algo que tal vez no conocía del todo con respecto a mi persona. Algo muy íntimo y solitario. En líneas generales suelo ser alguien muy positivo, como todo buen libriano. Al ser alguien además muy ansioso las quería mostrar y grabar cuanto antes, compartirlas con los demás. Sabía, por las letras, que había un montón de gente vagando por esos mismos lares y quería que nos encontrásemos. Necesitaba mostrar ese otro lado que también tengo. Detesto profundamente los rótulos a los que te someten y que comienzan desde muy temprano en la vida de uno: desde el bautismo hasta decirte que tocás punk o rock.

Sigo con la asociación con el grupo del que formás parte. Los RHDP son una banda hacia al afuera, social, lanzada al exterior, y Tarado es muy íntimo, ¿podrías analizar este cruce en tu producción?
Dos caras de una misma moneda.

Dentro de lo personalísimo del disco, noto una influencia de cierto rock argentino fundacional, Artaud de Pescado Rabioso por ejemplo, ¿hay algo de eso?
Sí. Pero no Artaud, que es uno de mis discos favoritos. Antes de hacer Tarado estuve escuchando muchísimo 30 minutos de vida de Moris, un disco del futuro aún hoy día. Me parece que Moris abrió una vena existencialista en sus letras que murió en él. Esa búsqueda no continuó más, según lo veo yo, en otros artistas y me parece que hay ahí una cueva llena de tesoros. Ese disco me influenció muchísimo. Las cuestiones que se plantea, desde la libertad al sexo, lo artesanal de la grabación, cómo se expresa Moris. Y mirá lo absurdo del vivir, que un día fuimos a tocar el disco con Yiyo Lopez (un gran amigo mío y el genio responsable de mezclar y masterizar Tarado) a una fecha muy tranqui. Estábamos cansados, sin muchas ganas de tocar, la verdad. Probamos sonido, salimos del bar, tomamos un helado que nos rompió los dientes y fuimos a casa a picotear algo antes de volver a la fecha. Lo hicimos y cuando volvimos al bar, ¿quién estaba entre la gente? Moris. No lo podía creer. Me acerqué humildemente ante el Maestro y le dije que ahora me tocaba tocar a mí y que las canciones que iba a cantar me las había inspirado 30 minutos de vida. Antes de nuestro show había tocado una banda medio babasónica erección electrónica jaja y Moris estaba tirado en un sofá, alejado de todos, meta dibujar y anotar cosas en una libreta, recluido en su mundo. Arrancamos a tocar y el viejo seguía en la suya. Yo suelo cantar las canciones en solitario con los ojos cerrados. En un momento dado, abro mis ojos y lo tenía a Moris pegado al escenario, sentado en una silla, escuchándonos atentamente. Claro que volví a cerrar los ojos del cagazo que me dio verlo escuchándonos. Terminamos la canción “Es un monstruo” (tema 8 del disco), y Moris me pide que le diga la letra del estribo, la cual reza que “la libertad es un monstruo que hay que abrazar, la libertad es la libertad”. Moris lo mira a Yiyo y le dice “Tu amigo es un filósofo”. Sé que sueno cholulísimo pero me puso muy feliz la situación, porque sentí que de alguna manera se cerraba el círculo del disco. Luego del show compartimos unas pocas palabras y le dejé un cassette de Tarado. Esa noche me fui a dormir ebrio y feliz.

Me interesaría saber cómo trabajas la letrística, sobre todo sabiendo que sos un tipo que escribe.
Tenía ganas de desarrollar historias con las letras. Si bien vengo del indie, me rompe un poco las pelotas esa cuestión mántrica de repetir una y otra vez la misma letra, más allá de que a veces también lo hago. Quería expandir los sentimientos, desarrollarlos, que tengan un principio y una conclusión. Dejé que las cosas que me pasan a diario se colasen en lo que quería cantar, por eso digo que es un disco verdaderamente honesto, un momento de mi vida en particular. La verdad es que me cuesta componer canciones, no soy un tipo super prolífico, que se levanta, se tira un pedo y tiene una canción entre las manos. Me cuesta desarrollar la lírica, es como que la voy pescando de a poco, mientras la vivo. Rara vez me salen de un tirón. La excepción a la regla en este disco fue “Tigre de Bengala”, canción que brotó luego de una siesta tardía y la vomité de inmediato. Tal vez porque brotó incontrolable del corazón. Está dedicada a la Rusa, mi compañera, a quien más respeto y admiro en este mundo por infinitas razones.

Si querés agregar algo, genial.
No esperes nada de nadie y todo va a andar bien. No esperes nada de nadie y todo va andar bien.

Rebobinar y voler a comenzar.


Foto principal: Cari Aimé

Julián Desbats y Diego Lebedinsky presentan Tarado & Solo el viernes 23 de septiembre en Ladran Sancho (Guardia Vieja 3811, CABA). Más información.

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