Uno de los tantos efectos de escuchar y hacer arte en un mundo interconectado es que las fronteras temporales, culturales y sociales son proclives a mixturarse de formas asombrosas. Pasado, presente y futuro. Innovación y tradición. Recreación y resistencia. Identidades de clase cruzadas que fluyen, y que se hacen cuerpo en el ritmo. Todos son aspectos de un caldo de cultivo cultural que redefine herencias, experiencias y visiones del mundo.

Desde el interior del interior del interior argentino, desde el llano, Madre Chicha documenta este espíritu de época reinterpretando las tradiciones musicales latinoamericanas en una síntesis hipnótica y atrapante que, sin resignar alegría, logra viralizar un mensaje social de siglos. Hablamos con su cantante, Fausto Vercellino:

Tengo entendido que la banda comenzó como una colaboración a distancia entre Carlos, Pedro y vos (que se encontraban en Perú, México y EEUU). ¿Me podrías contar como fueron esos comienzos? ¿Qué delirios compartidos los llevó a crear desde la distancia?
La primer canción surgió viendo qué pasaba si utilizábamos elementos del dubstep sobre un son cubano, y ahí nos dimos cuenta que queríamos hacer un disco y explorar esa mixtura de lo folclórico y lo electrónico. Además, queríamos rapear y darle contenido. Empezamos a flashear y a mandarnos tracks todos los días. Ese proceso fue emocionante, porque comenzamos a darnos cuenta de que se estaba gestando una banda: fue ahí donde tuvimos la necesidad de ponerle nombre y empezar a buscar más aliados para tocar en vivo, porque no queríamos que fuera puramente electrónico sino además darle formato de banda.

Las etiquetas son odiosas, no obstante en algún momento supieron definir el sonido de Viaje a Motelo Mama bajo el concepto amazónico y místico. ¿A qué se refieren con esa expresión?
No estoy seguro de que la hayamos definido así, o que un género se demarque desde la mística (risas), pero sí el punto de partida para Viaje a Motelo Mama fue una selva amazónica futurista llena de historias que no se sabe bien si son reales, leyendas o fábulas: lo importante es el mensaje y que se pueda bailar.

Foto: Marcos Ferrari

En su música hay muchas músicas (y en general muchas de esas referencias son de géneros populares latinoamericanos). Desde cierto punto de vista este rasgo de síntesis etno-musical lo comparten con artistas como Chicha Libre, Quantic, Chancha Vía Circuito, Frente Cumbiero. Sin embargo, a pesar de compartir ciertas formas, cada uno procesa y coloca esas influencias sonoras desde una posición y un origen muy distinto. ¿Su acercamiento a esas expresiones fue “desde la cuna o el barrio” –como parte de su ADN cultural-, fue algo que incorporaron por melomanía personal, o un poco de esto y aquello?
Justamente esto de estar lejos de tu casa te hace añorar todo lo que siempre fue común: desde tomar mate a la mañana o tocar una chacarera hasta poder ir al almacén a comprar 100 gramos de mortadela o participar de la marcha de la gorra. Todo eso es parte del diario vivir y al momento de crear la banda quisimos que lo cotidiano sea parte clave del resultado final. Por otro lado, en relación a la cercanía con la música latinoamericana, nosotros tenemos una conexión directa porque venimos del folklore nacional. Además, al tener también produciendo a un peruano, afirmamos una hermandad que creemos que se expande por todo el continente; entendemos que, como latinos, compartimos muchísima cultura.

En “Prendete” hay un verso que alude a una particular marca de origen (“yo que vengo de la llanura“). ¿Esa referencia a qué lugar corresponde?
Corresponde a la llanura pampeana. Quien escribe esa letra (Pedro) es nativo de Victorica, La Pampa. Yo que soy de Puan (Buenos Aires) y comparto muchos dichos y costumbres de su zona, al igual que con el tecladista que es de Chimpay (Rio Negro). Además el guitarrista es de Lima (Perú), y se completa con un integrante de Villa María y otro de Bell Ville.

Siguiendo el gen latinoamericano de su música, me interesa saber cómo es (o fue) la experiencia de producir desde Villa María, una ciudad del interior del interior del interior, con una impronta cultural más vinculada con la herencia de los inmigrantes europeos devenidos colonos rurales que con la identidad de la patria grande.
Más allá de ser una ciudad eurocentrista dentro de una provincia eurocentrista dentro de un país eurocentrista, el folklore del pueblo es difícil de arrancar y lo que intentamos hacer es volver a las raíces todo el tiempo; quizás vengamos de los barcos pero los verdaderos dueños de esta tierra eran increíblemente amigables con el medioambiente y tenían una conexión con la naturaleza hoy impensada. A ellos les fue arrebatado su hogar por los europeos y a ellos es a quienes tomamos como referentes para decir desde nuestras canciones que los agroquímicos no tienen nada que hacer en nuestras tierras, que desmontar el 3% de bosque nativo que nos queda es un suicidio, que la minería a cielo contamina nuestros ríos… En fin…

¿Cuál creen que es el valor de lo latinoamericano en lugares que todavía cargan con la fantasía de un origen europeo?
Justamente creemos que tenemos mucho que aprender de nuestros antepasados latinoamericanos. El primer paso es aceptar que el mundo cristiano y europeo no es el mundo de este continente, sino que fue impuesto a base del exterminio del aborigen latinoamericano. El europeo trajo muerte y destrucción y a 500 años no se han tomado medidas reales para la restitución de las tierras a sus verdaderos dueños. Y no es de ahora, pero imaginate que si Perón en su momento cagó a palos a los coyas y los mandó en un tren a Jujuy cuando estaban pidiendo que les devuelvan sus tierras, un tipo como Macri ni siquiera va a plantearse el hecho de escuchar al aborigen. Así es que Milagro Sala está presa, los Qom mueren de hambre, reprimen a los mapuches y desaparecen a Santiago Maldonado. La fantasía de ser europeo es una mentira y es algo que cargamos hasta culturalmente, creer que aquel modelo conquistador es un modelo a seguir. Ese modelo fue el responsable del genocidio de un continente, pero seguimos yendo a Europa y creyendo que es la posta porque hay más seguridad y calles más limpias. Todo hecho a base del oro que se robaron de acá. Así cualquiera.

En su música, los símbolos populares y el reconocimiento de luchas sociales (por ejemplo en “Sabana”) se funden en un ritmo contagioso y muy bailable. En este caso, ¿creen que esa dimensión hedonista/placentera del ritmo le quita fuerza al mensaje o lo saca de contexto, o más bien lo potencia y lo resignifica?
No creemos ni queremos que la pista de baile sea un lugar meramente lúdico donde el único motivante a bailar sea una letra misógina o una historia chistosa. Pasan cosas importantes en el mundo y poder poner a pensar a un grupo de gente, que en vez de maltratar a una mujer con un reggaetón la puede empoderar, es un desafío que tiene frutos buenísimos. Obvio que esto no quiere decir que no haya diversión (risas), pero la idea es que salgas del recital de Madre Chicha todo transpirado y con ganas de luchar por un mundo más justo

A propósito del ciclo donde se van a estar presentando el viernes, supongamos que sus presentaciones son un ritual donde algo se celebra: ¿Qué creen que se festeja?, ¿Cuáles son los dioses, las energías, los fantasmas o ídolos de esa celebración?
El mundo de Madre Chica es un mundo desconocido, la madre es la cumbia como género unificador de todas las culturas latinoamericanas, y se celebra que estamos vivos para disfrutar de la curación que el baile significa para nuestros cuerpos.

Madre Chicha se presenta esta noche en el ciclo La Celebración en Club Belle Epoque (Lima 373, Córdoba), junto a Nuna Malta. Más información. Evento en Facebook.

Foto principal: Marcos Ferrari

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