Al terminar la secundaria, Gustavo “Tuta” Torres decidió marcharse de su Rafaela natal en busca de algo más. Sus inquietudes por movilizarse hacían que la ciudad le resultase chica, y temiendo que la adultez terminase por aplastar su espíritu, buscó expandirse. Llegó a Buenos Aires con 18 años y el bajo al hombro, sin un objetivo claro, pero no tardó en hacerse un lugar en la escena musical del momento. Se unió a la banda de Emmanuel Horvilleur, con quien grabó dos discos; fue parte de Los Látigos hasta su disolución, y en 2010 ingresó a Babasónicos reemplazando en el bajo al fallecido Gabo Manelli.

Un poco antes, por el 2008, produce el primer disco de los Banda de Turistas, marcando así el despertar de una nueva faceta en su carrera, del otro lado de la consola. En esta entrevista exclusiva con Indie Hoy, Tuta nos cuenta sobre el rol de productor en la actualidad musical argentina, y cómo es el proceso de descubrir y tratar con nuevos músicos siendo también miembro activo de una de las bandas más importantes de Latinoamérica.

¿Cuándo diste el salto de músico a productor? ¿Cómo te surgió esa iniciativa?
La iniciativa surge a través de la inquietud; para mí fue natural interesarme en cómo se compone, arregla, interpreta y graba la música. También los efectos que ella genera. Desde que tengo la oportunidad de poder hacer discos, pongo aguda atención a cada proceso y tal vez eso hizo que, con el tiempo, pueda tener la confianza tanto ajena como propia para producir música.

Un músico y una persona sin conocimientos en el tema escuchan distinto la música. ¿Y cómo escucha la música un productor?
Soy melómano, escucho permanentemente música. Tiene un poder grandioso, pone en jaque tu estado de confort, hace que te diviertas, conmuevas, bailes, enojes, movilices… produce una alteración de los sentidos. El rock tiene que ver con eso, por eso es la música que más me gusta. Creo que todo eso le sucede tanto a una persona que no conoce, como al que sabe cómo se hace. Sin esa magia, no tendría sentido. Puede ser que con repetir sostenidamente el ritual de escuchar, uno aprenda a hacer mejor el trip: oír la canción, ir identificando los sonidos, las armonías, las frecuencias, los instrumentos y su sonoridad; de repente seguir alguno en detalle, que se vuelve más nítido, después ir con otro, y otro… luego volver al todo, ver cómo trabajan en conjunto, etc. Pero la magia está al alcance de todos.

¿Los artistas siempre te convocan a vos? ¿O hay casos en que vos “encontrás” algo y querés producirlo?
Trabajo exclusivamente con quien creo que tiene algo para decir, o el potencial de hacerlo. Que se comprometa al 100 con su arte y, al mismo tiempo, que esté dispuesto a salir de sí mismo, que pueda salir airoso de las boludeces del ego. Algunas veces toman la iniciativa ellos, otras yo… no es importante, lo que importa es entregarse a la experiencia para dar lo mejor y ahí es donde se forjan el talento, el carisma, y otras cosas que definen a un artista.

¿Qué tanto de “comerciante” hay en un productor? ¿Está presente la idea de generar algo que pueda venderse?
(Risas) Si uno es genuino, fiel a su persona y a sus gustos, tiene que confiar en el resultado de su obra, sea el que sea. Si es comercial, bienvenido; si no lo es, también. Las expectativas deben ser de uno, y cada uno es responsable de ellas. Si te interesa que tu música sea comercial, no hay nada malo en ello, pero creo que tenés que ganarte ese lugar haciendo lo tuyo de la manera más íntegra, para evitar ser manipulado por la estupidez. Y ese motor sólo lo da el amor propio.

¿Qué pudiste aprender vos de los músicos con los que trabajaste como productor? ¿Qué te fue dejando el feedback?
Aprendés constantemente con cada experiencia, y eso es muy satisfactorio. A veces me sorprendo hablando o haciendo cosas que no tenía conciencia de saber. Por eso me gusta producir. Es un lindo canal, en el que podés bajar las intuiciones que te da el conocimiento adquirido para enriquecer la obra de otro.

¿Cómo se toman esos músicos el hecho de que puedas “modificar” mucho su trabajo o su punto de vista?
Si la comunicación entre el productor y el músico es fluida y enriquecedora, el resultado debería ser de la misma manera para ambos. Las modificaciones que surjan en el proceso tienen que ver con un criterio elegido para darle carácter y dirección a la obra.

¿Qué cosas producidas por vos vamos a escuchar este año? ¿Qué estás preparando actualmente?
Estoy terminando el cuarto disco de Placer, mítica banda rocker del sur del Gran Buenos Aires. Al disco lo estamos trabajando en conjunto con Migue Castro (Victoria Mil, UN) y va a salir en la primera mitad del año, a través de Geiser Discos. Me gusta trabajar con Migue, nos complementamos muy bien. Hicimos juntos Nuevas Reglas, el segundo de Una Fábrica, que salió el año pasado y tuvo muy buena repercusión. También estoy trabajando en el primer disco de Los Usuarios, un dúo folk/rock de Rafaela. Son muy jóvenes y sorprenden por su talento natural para componer e interpretar en el género de guitarras acústicas, pero además logran darle una vuelta de tuerca para que todo suene muy actual.

¿Tus influencias como músico son las mismas como productor?
Son las mismas, la música es mi motor; me gusta el rock por sobre todo. No voy a escuchar algo porque alguien me diga que “está buena la producción”. Escucho lo que me gusta y me gustan muchísimas cosas, y ahí sí, entro en el viaje de escuchar tanto cada detalle, como la dinámica más general que se desarrolla, las melodías, las letras, etcétera.

¿Y qué es el rock hoy en día? ¿Sigue existiendo como género, como algo que se puede etiquetar fácilmente, habiendo tanta mezcla de sonidos?
El rock es actitud; hay una vibración que, como te dije antes, al alterar tus sentidos, hace que salgas de tu comodidad. Para mí hay tanto rock en Black Sabbath como en la etapa pop de Fleetwood Mac, en las dulces armonías de los Beach Boys, en el tecno de Depeche Mode… se nota la personalidad única del artista, cuando está bajo la influencia de esa vibración. El tango tiene mucho de rock. No es una cuestión de género, eso es sólo una etiqueta comercial para ponerte en la góndola del supermercado.

¿Cómo ves la actualidad de la música argentina? ¿Cómo influye ese contexto en tu trabajo?
No hay una escena para poder desarrollar a las bandas más interesantes, y eso genera frustración y hace que los proyectos se derrumben. Lo que predomina en los medios y más convoca es, a mi criterio, de pésimo gusto. Tal vez eso me influya para trabajar con proyectos que sí son de mi afinidad, y a la vez, ayudarlos a que puedan ocupar un lugar en la escena, para que su música pueda llegar a más oídos.

¿Cómo llegás a Babasónicos? ¿Tu trabajo ahí se reduce al bajo o el costado de productor también se involucra?
A la mayoría de los chicos los conocía de mucho antes de mi ingreso a la banda. Por esos años yo estaba tocando con Carca, y él estaba tocando el bajo en Babasónicos tras el fallecimiento de Gabo. Necesitaban un bajista y me llamaron; Carca pasó a tocar guitarras y percusiones, un rol más natural para él, siendo guitarrista. Con el tiempo fui haciéndome un lugar y llegamos a grabar Romantisísmico. Ahí compuse las líneas de bajo y empecé a colaborar también en la producción.

¿Cómo describís esa experiencia? ¿Cómo fue evolucionando tu relación personal con la banda en estos años?
No es fácil producir cuando sos un miembro activo de una banda. Necesitás una visión externa y estando adentro se hace muy difícil abstraerse del rol de músico, porque te demanda mucho ser parte del engranaje. En Romantisísmico y el disco que está por salir tuvimos a Andrew Weiss, que es el productor general, de quien aprendo muchísimo. Pero por otro lado, todos los miembros de Babasónicos tenemos una fuerte inquietud y una infinita voluntad, necesarias para lograr componer la música que queremos hacer, pero que aún no existe, que está sólo en el imaginario. Eso nos hace dueños de la decisión de lo que queramos producir o no.

Fotografía: Martín Bonetto