Valentín y los Volcanes se bajó de los escenarios por unos meses y, en medio del operativo regreso, conversamos con Jo Goyeneche sobre la actualidad de una banda neorrealista que sigue creyendo en la canción.

La pregunta inevitable para comenzar es: ¿Por qué estuvieron tantos meses sin presentarse en vivo?
Necesitábamos recuperar el entusiasmo por las canciones y por la banda. También queríamos tomar una distancia real del modo en que estábamos produciendo los recitales, las giras y los discos.

¿Cómo se gestó la idea del regreso?
Como asumimos que dejar de tocar no era separarnos sino imponer cierta distancia, la idea de volver a tocar en vivo fue algo que surgió naturalmente. Fico mandó un mensaje que decía algo como “¿Nos juntamos?”, y todos dijimos “Claro que sí”. Ya había pasado un tiempo prudencial.

Es raro que se hable de un “regreso” porque técnicamente nunca se fueron…
¡Exacto!

¿Necesitaban descansar de la banda y abocarse a proyectos personales?
Sucedieron las dos cosas en simultáneo. Nació una hija, hubo viajes, estudios de cine, películas que se estrenaban, mudanzas.

El regreso se materializó primero en La Confitería de Colegiales el pasado 18 de agosto y continuará en Guajira (La Plata) el 29 de septiembre. ¿Cómo vivieron ese show y qué pueden adelantar sobre el próximo?
Estuvo buenísimo, fue un show como de 30 temas, algo que casi nunca hacíamos. Afuera llovía con furia, nadie se enojó por nada, la organización fue re tranquila, fue mucha gente, saltaron y corearon las canciones con nosotros. Las chicas de la Fun Home se encargaron de que todo saliera bien.

Foto: Ariel Valeri

¿Existen diferencias a la hora de tocar en La Plata y en CABA?
La diferencia posiblemente sea que en La Plata, al ser nuestra ciudad, siempre esperamos un poco más de magia. Como si le debiéramos algún tipo de homenaje a la geografía o ella a nosotros. Siempre es lindo ver a nuestres hermanes, ex compañeres de secundaria o de birras, ex novias, y eso solo puede pasar en la ciudad de La Plata.

Si pensamos en el camino recorrido desde Maquetas (2007/2008) hasta la actualidad, ¿qué retrospectiva hacen del proceso? ¿Cuál es el lugar que ocupa la banda y qué buscan a futuro con este regreso?
En nuestros corazones la banda ocupa un lugar importante. Hay miles aventuras de todo tipo en el camino: románticas, psicóticas, yonkies, peligrosas, luminosas, con riesgo de vida, imposibles de financiar, conmovedoras. No sabemos qué haremos luego de estas fechas. Nos entusiasma la idea de no llenarnos de compromisos y tocar solo cuando tengamos muchas ganas. Así que posiblemente todo se vuelva más esporádico e intenso.

Sus últimas presentaciones en vivo tienen un registro mucho más punk que los discos de estudio. ¿Son conscientes de esa ambivalencia? A pesar de tener un disco en vivo grabado en 2009, ¿no pensaron en editar otro que refleje el sonido actual?
¡Es culpa de haber crecido escuchando Nirvana! No es que nosotros busquemos deliberadamente eso, es algo más natural que racional, creo. Nuestro seteo tiene que ver con el punk rock. Aunque es cierto que somos demasiado universitarios para el punk rock y demasiado linyeras para el pop. Sería lindo grabar un disco en vivo, ¿no es eso lo que hacen los músicos cuando descubren que van a morir?

¿Qué les moviliza cuando tocan o escuchan esas canciones compuestas hace tanto tiempo?
Muchas nos siguen emocionando profundamente. La pausa que tomamos fue un poco para volver a conectar con esa sensación sin la cual nada tiene sentido, nada es real, todo se vuelve una representación un poco estúpida o triste. Cuando el rock comienza a convertirse en eso hay que salir corriendo.

¿Cuál es la canción favorita de cada uno?
Las de Fico son “La maravillosa muerte de alguien más”, “Homeless” y “Sonámbulos”. A Nico le gustan mucho “La tumba de los Rolling Stones”, “Mapas quebrados” y “Un Jesús con barba falsa”. A Pancho sé que durante mucho tiempo le gustaba “Pararrayos”. Y a Pablo… nunca estoy seguro qué le gusta a Pablo, es parte de su atractivo. A mí me gustan mucho “Parque cerrado”, “La novia robada” y “Tantas flores”.

Las letras siempre presentan un universo muy visual, plástico, casi como si uno pudiera cerrar los ojos y encontrarse en la canción. ¿Esta búsqueda es adrede? ¿Cómo juegan los sentidos a la hora de percibir la inspiración?
Nunca pude explicar mucho mis letras. Es cierto que muchas de ellas podrían pintarse. Sobre la inspiración no sé qué decir, es un monstruo misterioso y amable.

Su poesía parece que no tuviera la necesidad de explicarse por demás, como si confiaran plenamente en que el oyente pueda crear su propio universo al escucharlas y volcar su propia experiencia. ¿Cuál es el proceso creativo a la hora de definir un verso? ¿Piensan en cómo lo va a percibir el destinatario?
Eso es cierto. No hace mucho un pibe me escribió muy enojado por el chat de Facebook, amenazando y sosteniendo que la canción “Un Jesús con barba falsa” estaba dedicada a él en tono de burla. Ya había pasado algo similar con la misma canción y con otro pibe. En esos casos sí tuve que explicar un poco la letra. Pero bueno, nunca pienso mucho en quién va a escuchar las canciones. Antes tenía una primera fila imaginaria de personas que me observaban y oficiaban de curadores. Y en el plano más real, Nico siempre fue una especie de editor, en el sentido literario.

Hablando de poesía, ¿podrías mencionar a un escritor que creas subestimado y a otro sobreestimado?
Creo que la injusticia que se cierne sobre les escritores no tiene que ver con la subestimación sino con la invisibilidad. Ser invisibilizado es mucho peor que ser subestimado. Hay una cantidad impresionante de excelentes escritoras y escritores, jóvenes y grandes, invisibles. Camila Fabbri me gusta, también Selva Almada.

Hace unos años, la movida platense –integrada por El Mató, 107 Faunos y ustedes, entre otros- dio un cimbronazo en la escena musical independiente. Pero con el paso de los años, con excepción de El Mató, esa escena parece haberse asentado. ¿Cómo ven el panorama actual?
Los últimos años no fui a ver muchas bandas, pero siento que de diferentes lugares me llega la misma info. Mora y los Metegoles me gusta, Juan Wauters también… Las bandas que nos gustaron siempre nos siguen gustando.

En estos últimos años cambió la forma en que la gente escucha música. Ya no se disfrutan las obra enteras, la venta de discos disminuye, la situación económica no ayuda… ¿Hacer discos sigue siendo redituable? ¿Para qué se siguen haciendo?
Hay una clara nostalgia en hacer algo sabiendo que ya no sirve a nivel comercial. Pero tampoco sé mucho de todo eso. Si me alejo y miro la historia grande, la que incluye cambios de siglos, puedo ver que en algún momento la gente solo podía disfrutar de la música yendo a un teatro a escucharla en vivo. O tocándola ella misma. Después las cosas cambiaron y la música siguió siendo genial. Así que no me preocuparía mucho por los formatos mientras la gente conserve su poder de conmoción.

Las redes sociales imponen los gustos, definen la subjetividad de los oyentes y muchas veces dictaminan el grado de influencia de un artista. ¿La clave para mantenerse vigente y ser elegido por el público está en generar contenido “nuevo” todo el tiempo?
Es posible, sí. Aunque me gusta pensar que una obra con alguna virtud puede abrirse camino sola, sin community managers ni muchos fuegos artificiales. Igual hay que analizar más el concepto de vigencia. ¿Por qué un artista querría mantenerse vigente? ¿Vigente la obra o quien la crea?

Ustedes siguen siendo calificados como una de las primeras bandas “indies” si pensamos en la explosión de grupos post-Cromañón. ¿La etiqueta “indie” se lleva con orgullo o es una suerte de castigo que los encasilla en un lugar determinado?
Siempre supimos que el término “indie” fue más útil para ustedes los periodistas que para nosotros; nosotros no lo usamos mucho. Tiene algo pedagógico en su carácter generalizador, al igual que el término “alternativo” en los ’90 que me ayudó como público a unir con flechas muches artistas sorprendentes.

Sus canciones tienen un sesgo de atemporalidad, parecen microcosmos idílicos inspirados por los sucesos de la realidad. ¿Es una especie de escudo contra el mundo? ¿De qué manera personal les afecta todo lo que estamos viviendo? ¿Es consensuada la idea de que las canciones no presenten un compromiso político social?
Hace poco con unes amigues hablábamos de si podíamos reconocer cuáles eran las cosas “dosmildieceras”; así como es simple reconocer lo ochentoso, lo noventoso, lo dosmilero. Siempre nos interesó lo atemporal, nos parece una virtud. Pienso que el problema que tienen las modas o las costumbres es que en algún momento empiezan a verse ridículas o aburridas, es parte de su esencia. Lo divertido o interesante está en qué hacer con eso, con esa especie de denuncia amable. Sobre el compromiso social y político, el arte siempre es político, las canciones siempre son declaraciones políticas, siempre tienen un punto de vista sobre las cosas. No componemos leyendo las noticias, no nos gusta mucho eso. A pesar de no ser explícitos, todos los que nos escuchan saben, más o menos, qué pensamos sobre este gobierno, sobre la ley de IVE, sobre la ESI, sobre la independencia, sobre la represión, sobre el lenguaje inclusivo y sobre la televisión.

Una comedia romántica tiene en sus letras y sus imágenes un componente estético muy ligado a lo cinematográfico. Si Valentín y los Volcanes fuera una película, ¿cuál sería?
El último año antes de la pausa la cosa se había puesto un poco Martel, un poco La ciénaga. A mí me sigue gustando mucho una película que siempre recomiendo y nadie mira que se llama L’Argent, de Bresson. Pero creo que seríamos algo más neorrealista, como En cualquier lugar de Europa, de Radvanyi.

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Foto principal: Ariel Valeri.

Valentín y los Volcanes vuelve a La Plata el sábado 29 de septiembre en Guajira (49 E/ 4 y 5) junto a Tototomás. Entradas disponibles a través de Alpogo. Más información.