Diego Bulacio se ha metamorfoseado, definitivamente, en el lugar de un sonido: Villa Diamante. Editó Cash Up (2006), Bailando se entiende la gente (2007) y Por Amor al Baile (2013), entre otros discos. “Yo como DJ arranqué hace doce o trece años y era un momento histórico en el que los DJs pasaban un estilo en general. Dj de tecno, o de cumbia o de hip hop o de no sé qué y yo de golpe empecé a pasar mash-up, a mezclar músicas”. Los Auténticos Decadentes con Atlantic Conection. Sandro mashupeado con Sharps, y siguen las mezclas.

“Empecé a jugar con la música. En casa de amigos, pasando música en cumpleaños y flasheando a la gente. De golpe tuve planes más grandes y venía por Puente Alsina y decía Aguante Villa Diamante –Villa Diamante es un barrio popular del partido de Lanús- y digo, bueno, yo vengo de ahí, en los mashups está esa mezcla de cosas. Es bastante poético el nombre. Eso fue en el 2012. Cuando yo empecé, esta cosa de las mezclas era como: me gusta un montón de música diferente y ¿por qué no mezclarla, por qué no usar diferentes músicas?”

Llegamos a la casa de Diego, por la zona de Plaza Italia. A modo de bienvenida tocan un tema. ¿Tocan? Sí. Porque Diamante –Diego, con su sampler Roland- devino trío: lo acompañan Pato Smink –percusión, tocando handsonic al momento del inesperado recital- y Milo Moya -voces, beatbox- y todas las voces todas.

¿Querés hacer un trío?

El trío Diamante – Smink – Moya se consuma en un cierto espacio: el Combinado Argentino de Danza, dirigido por Andrea Servera y cuyo manager reivindicado por el trío en cuestión es Alejandro Mazzei. “Son quince bailarines y tres músicos en el Combinado Argentino de Danza”, data Milo que trabaja hace años en ese proyecto. En ese momento, tal vez azarosamente, se comienza a conformar el trío. Diamante es convocado para pasar música en el Konex. “Hice esa obra en el Konex, que estaba re buena, donde puse esa impronta musical y capaz sonaba un reggaeton con Daft Punk. Y lo conocí a Milo. Conocía un montón de beatboxers –los veía por YouTube- y de pronto encontré a uno que hacía hip-hop, hacía cumbia, hacía folklore, hacía house, y flasheé de golpe. Yo ya venía con la idea de armar una banda, pasé música en un montón de lugares, para tres personas y para cincuenta mil, entonces tenía la idea de armar una banda pero una banda requiere un bajo, una batería, una guitarra, sintes. Y cuando lo vi a Milo fue como: ‘ahh, bueno, acá tengo algo, acá hay algo’. En paralelo lo conocí a Pato, que tocaba con El Remolón; él también es DJ, es productor, tiene algo de musicólogo, de pensar la música más allá de tocarla. Veníamos hablando y lo conocí tocando handsonic. Estaba trabajando con los dos por separado, conociéndolos y un día dije: estos dos juntos la rompen.”

Milo narra los inicios del trío: “A mí me pasó que cuando conozco a Villa Diamante, el loco me mostró un mundo que estaba buenísimo, porque a mí me gusta mucho la cumbia y me gusta mucho el hip hop, ¿entendés? Y del palo que veníamos no se juntaba tanto eso y, de repente, cuando lo conocemos a él me acuerdo, patente, puso un tema de Old Dirty Bastard mixeado con un tema de Mar Azul, si no me equivoco, o Pibes Chorros, una cosa así. Como un himno del hip hop y un tema de cumbia, mezclados, y ahí fue…”

El trío se completa con Pato: “Yo me incorporo en el 2013 como percusionista al Combinado Argentino de Danza. Estábamos en el Centro Cultural San Martín y lo que empezó a pasar es que, cuando terminaba, nosotros empezábamos a zapar, nosotros tres. Y todos se quedaban bailando. Se empezó tocando, no es que empezamos a ensayar. A mí con Diamante me pasó que me influenció su estilo desde chico, mucho antes de conocerlo, ya lo conocía. Y hay cosas que pasaban desde ahí, lenguaje en común, cosas que hacíamos que nos mirábamos y funcionaban. Fue orgánico, no fue tipo ‘paremos, vemos qué hacemos a tal hora’… Después, sí, pasó eso.”

El Combinado Argentina de Danza es un espacio en el cual lo esencial es la mixtura. Las obras mezclan folklore, reggaeton, hip-hop, house y siguen los géneros. “Cuando terminaban las obras a lo que invitamos a la gente era a bailar. Porque estuviste viendo esa cosa con los pibes bailando una hora y te morís de ganas, entonces, lo que pasó en el San Martin, que era en el hall central, que es re lindo, cuando terminaba la obra yo ponía un tema, y después dijimos: queremos que pase más el baile después del baile; entonces terminaba la obra, e invitábamos a todos a bailar. Todo el espacio que había sido de la obra se llenaba de gente bailando y tenés a abuelas con nenes, chicas que estudian danza, familias, grupos de amigos, gente bailando. Y eran prototemas que después hicimos…”, resume ese tipo al que llaman Villa o Diamante. Y agrega: “Tocamos en lugares de baile, generalmente… y si el lugar no es de baile, terminan bailando. La propuesta que hacemos es totalmente rítmica, e impulsiva y percusiva“.

¿Tienes un e-mail?

Milo, apoltronado en un sillón: “Hay algo que suma, también: no es una banda convencional ni un DJ convencional porque tenés un loco que te hace ruidos con la boca, un chabón que tiene una destreza con las manos tremenda, otro que maneja máquinas y samplers, la puesta en escena se modifica un toque, ¿no? Me parece. Después cuando empieza a sonar todo se arma”. Pato –estudios de filosofía, pensador de la música– completa: “La exploración que estamos teniendo, un poco en paralelo y un poco en conjunto, que rastreamos por distintos lados, es la cuestión de la electrónica orgánica, que no sea mirar a un tipo frente a una compu y unos aparatos que no entendés qué está pasando, como que es medio misteriosa la electrónica en eso, por eso mucha gente piensa que es una boludez, que no se sabe qué está haciendo”.

“¿Estará viendo los mails?”, chicanea el tipo que ya es, para todos y todas, Villa Diamante.

Pato continúa: “Es la electrónica, que es un lenguaje que tiene que ver con el baile, tiene que ver con el sonido, tiene que ver con África, potenciado con lo rítmico. La idea es llegar a un lugar más accesible, para públicos que no son netamente de lo electrónico…” Y entonces llegamos a la última de las revoluciones, Internet. Villa lo aclara: “Sí, hay algo que tiene que ver con Internet que es que, si vos en los noventa eras rockero, comprabas discos de rock y si tenías que comprarte discos de todo lo demás era caro, una cuestión de consumo, era difícil comprar un poco de acá y un poco de allá, y cuando llega Internet vos podés bajarte discos de hip-hop, de cumbia, de rock y escuchar y después elegís.” Pato retruca y amplía: “Se diversificó mucho, ahora es posible escuchar música árabe, música turca o africana o lo que sea buscando en Internet. Es rizomático, Deleuze. Y es posible investigar la historia de las músicas y te das cuenta que una música es siempre resultado de una fusión. No hay un origen. Ser purista, hoy, es una cuestión de ignorancia, son fundamentalistas”. Pato estudió filosofía en la conocida Facultad de la calle Púan y no tiene una relación sumamente amistosa con las instituciones: “En la música soy autodidacta, mucho tutorial de YouTube. Después tuve clases particulares de varias cosas específicas, pero no en instituciones, porque, por ejemplo, lo que toco ahora, no me lo podrían haber enseñado en un lugar donde den percusión… Si vas a un conservatorio, bueno, eso… es un lugar conservador. Te enseñan técnicas tradicionales. Es como que no hay un espacio para lo contemporáneo, para lo que pasa en el momento, que en los conservatorios les parece que no es música. Hay gente de los conservatorios que opinan que el reggaeton o la cumbia no son música, entonces lo que hago no podría haberlo adquirido en un conservatorio. Y lo experimental también puede ser popular y lo popular puede ser experimental, las dos cosas, justamente.”

Bailando se entiende la gente.

“Estamos produciendo un disco mío de mashups –comenta Villa- que tiene un poco que ver con Milo. Él, dentro de lo que es la escena del hip-hop argentina, es un referente y tiene sus amigos y un día llegué a casa y tenía comiendo a tres mega rapperos. Yo conocía la escena del hip-hop, pero me faltaba profundidad. Mis discos de mashups, mis discos de mezcla, son como pequeños viajes y este es todo un disco de hip-hop argentino. Mucho laburo de investigar la escena de acá y jugar con eso de meterle otras bases. Hay algunos temas que son más dance, o cumbia, otros más reggaeton, sin ser puro, o reggae dub. La apuesta del disco es mostrar la escena del hip-hop, decirle a la gente: ¡che, acá hay una escena del hip-hop que está re buena’. Y estamos produciendo el disco de los tres, que es Villa Diamante – Mola – Smink. Que es un proyecto paralelo mío, y lo está produciendo Pato, el nerd de las maquinitas”.

Salir del gueto, esa es la cuestión, según Pato: “Nosotros queremos salir de ese lugar, hay un montón de gente de la movida de los beatboxers, que hablan de esto y están todo el tiempo haciendo música para ellos mismos, para ese guetito de veinticinco personas. En general pasa eso, entre los percusionistas también, empezás a usar máquinas distintas que no sean parches y es como ahh noo… Y cuando Villa empezó a mezclar cosas distintas a lo que se mezclaba tradicionalmente en una pista de baile… fue una ruptura. Eso, lo experimental, puede ser popular. En el Combinado Argentino de Danza pasa mucho eso, porque de repente están bailando cumbia y de repente reggaeton o chacarera, al mismo tiempo, o cosas de música contemporánea abstracta”. Milo reivindica: “Se bailan todos los estilos, es como dice Pato, estás dialogando con un montón de cosas… Y cada uno con su código. Hay una mixtura ahí, algo hermoso.” Villa retruca y final: “O tu famosa frase, Milo: Bailando se entiende la gente”.

Fotografía: Cari Aimé

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