El Centro Cultural Recoleta, donde se emplaza la muestra Los accidentes curada por José Sainz, se construye como un espacio alternativo dentro del circuito cultural institucionalizado, donde el under y el mainstream se unen en comunión, propiciando la salida “desde bajo tierra” del underground para que éste se una a la corriente popular. La fórmula de la propuesta es un éxito: la cultura independiente le da la mano a la cultura de moda sin salirse de sus cánones preestablecidos (seguir siendo independientes y ofrecerse al público como un arte colectivo o como una producción cultural sin aportes lucrativos externos). Llamémoslo cultura indie, cultura de los suburbios o cultura under, siempre estamos refiriéndonos a los mismos colectivos que se rigen por iguales normas.

Lo cierto es que, lo que está de moda ahora en el escenario artístico de Buenos Aires, no es otra cosa que la cultura independiente que comienza a asomar aristas en el circuito del mercado cultural. Y el Centro Cultural Recoleta abrió sus puertas a la nueva tendencia socio-cultural, para dar a conocer al mundo –recordemos que son miles los turistas los que pasan por el C. C. Recoleta cada semana- las producciones indies de artistas de hasta 30 años (inclusive). El recorrido del centro cultural abre posibilidades continuas, por ser algo confuso: es un lugar demasiado grande como para poder ordenarlo de manera que parezca una ruta limpia. Llegar hasta donde uno quiere, significa aunque sea chusmear algo de las diversas muestras que se suceden de manera simultánea en distintas salas a lo largo del pasillo conductor.

Abordar el lugar en que se exhiben recortes de historietas de diferentes ilustradores e historietistas supone caminar durante unos minutos entre luces fluorescentes que no conducen hacia ningún lugar en particular, pero que visten el pasillo por donde se ingresa a distintas salas que componen exhibiciones paralelas. Uno llega como por accidente: “es al final del pasillo, bien al fondo” te dicen en la recepción; pero mientras caminas, vacilas constantemente porque te vas encontrando con muchos universos conjuntos que conforman un universo artístico y que componen un todo pero a la vez se desanclan de la misma temática. Al final, llegas a la sala que más iluminada está y te das cuenta que llegaste porque ves que las paredes están intervenidas con dibujos que mutan (en forma) y generan un espacio libre para la creación y, entretanto, refuerzan la idea de habitar el espacio con cultura joven y para el consumo de jóvenes.

Uno supone entonces que el nombre de la muestra hace referencia a esa hazaña que sugiere llegar hacia donde se circunscribe la exposición o bien, a esos dibujos que se estamparon en las paredes. Pero el nombre Los accidentes se inscribe también en lo que hace a la curación de la exhibición misma: lo que podemos ver de cada historietista es un recorte (no arbitrario) de historietas ya conformadas; accidentes que ocurrieron al hacer esas historietas y quedaron como cuadros – más o menos dramáticos o graciosos- exorcizados del total de la obra. Son recortes que se eligieron porque allí puede observarse la potencia del absoluto y conllevan a observar las obras de manera anacrónica y verlas como imágenes dialécticas. De este modo, se hace hincapié en que las imágenes conforman un corpus que habla por sí mismo y que indaga sobre los eslabones perdidos de la historia del arte, donde se circunscribe cada pieza artística.

¿Cómo no pensar a la historieta como arte? Esto es algo que también plantea el Centro Cultural Recoleta en el momento de hacer esta exhibición, ya que nada está pensado como un accidente en el mercado cultural. La aceptación del cómic dentro del mundo del arte no invalida su carácter autónomo (al que siempre estuvo sujeto) ni tampoco anula las premisas del cómic alternativo, como búsqueda de lateralidad en la escena de la industria cultural.

Los accidentes funciona como un disparador para pensar la relación de los espacios institucionalizados con los espacios under y también, para pensar la articulación del universo del cómic (historietas y guionistas de historietas, ilustradores) con el universo del arte. En la experiencia de cuantificar los recortes de historietas exhibidos, se abre paso a un mundo paralelo donde el trabajo gráfico cobra mayor dimensión pero, paradójicamente, pocas veces se lo “valora” como al arte visual. La exposición es una buena ocasión para pensar todos estos patrones que dan vueltas en la nueva escena de arte joven que nos brinda el Recoleta y, por otro lado, nos invita a conocer los trabajos arduos y a pulmón que muchos jóvenes menores de 31 años disfrutan haciendo.

José Sainz, curador de la exhibición que se ubica en la sala 4 del C. C. Recoleta dentro del ciclo Radar (donde se exhibe a creadores sub-30) y compilador del Informe-Historieta del siglo XXI, nos interpela desde la disrupción del cómic en el circuito del arte, promoviendo a los autores independientes y abriendo campo a la diversidad retórica de cada ilustración, poniendo énfasis en las mixturas narrativas y gráficas que logran hacer identidad con cada registro estilístico.

Polifonía de voces impresas en las ilustraciones y pantallazo sobre el mundo adyacente e impreciso de la historieta independiente, Los accidentes conglomera aproximadamente 200 producciones originales y nos ofrece libros y fanzines editados de 31 autores de hasta 30 años. Aquí, todos los artistas jóvenes que participan de la muestra: Camila Torre Notari, Paula Sosa Holt, Victoria Rodríguez, Sofía Gómez, Sine Sine, Lucía Brutta, Andrés Alberto, Martín Lietti, Jo Murúa, Juan Vegetal, Iván Riskin, Pablo Vigo, Matías San Juan, Pablo Guaymasi, Juan Pez, Rip Gordon, Maia Debowicz, Mica Soq, Juani Navarro, Guido La Rosa, Fran López, Juan Manuel Puerto, Florencia Pernicone, El Waibe, Julián Gabriel, Daniela Arias, Lucila Adano, Estrella Mergá, Jazmín Varela, Dech, Darío Oliva.