El puente es uno de los recursos más usados en la composición musical y suele aparecer después del segundo estribillo con la finalidad de romper la estructura habitual, además de darle a la canción un nuevo aire antes del cierre. Sin embargo, muchos artistas optan por no utilizar este recurso.
A lo largo de la historia, se han publicado decenas de tracks sin puente que, lejos de pasar desapercibidos, lograron convertirse en éxitos atemporales. Por eso, hoy enlistamos 6 canciones sin puente.
Elvis Presley - “Blue Suede Shoes” (1956)
Carl Perkins la escribió y la grabó primero, pero fue la versión de Elvis Presley la que se convirtió en un clásico. La canción repite su estructura de verso-estribillo sin ningún puente, y esa simplicidad es exactamente lo que la hace funcionar tan bien.
Chuck Berry - “Johnny B. Goode” (1958)
El track contiene uno de los riffs más famosos de la historia del rock y una estructura que no necesita más que repetirse para sostener la energía de principio a fin de la pista, sin necesidad alguna de incorporar un puente.
Nirvana - “Smells Like Teen Spirit” (1991)
Esta canción, que definió a una generación, se construye sobre una mezcla y alternancia entre la quietud del verso y la explosión del estribillo. En este caso, el puente tradicional brilla por su ausencia y deja a las claras que no siempre es necesario.
Oasis - “Wonderwall” (1995)
Este single, que puso a los hermanos Liam y Noel Gallagher en boca de todos, es uno de los singles más vendidos de los 90 y funciona con una estructura que va del verso al pre-estribillo y al estribillo, sin paradas en medio.
The White Stripes - “Seven Nation Army” (2003)
El riff de bajo —tocado en realidad con una guitarra con octavador— es tan poderoso que la canción no necesita ningún elemento adicional para atrapar al oyente. Jack White demostró su genialidad para la materia al construir todo sobre esa repetición hipnótica, y el resultado es uno de los temas más reconocibles del rock del siglo XXI.
Adele - “Rolling in the Deep” (2010)
En un contexto pop donde el puente es casi obligatorio, Adele y el productor Paul Epworth optaron por probar algo distinto y decidieron no incluirlo. La pista va directamente del segundo estribillo a una repetición del pre-estribillo con mayor intensidad, dando como resultado una combinación que ayudó a catapultar a la cantautora inglesa al estrellato mundial.















