Neil Peart no solo fue uno de los máximos referentes del rock progresivo, sino de la historia de la batería. Gracias a su labor, técnica e innovación detrás de los platillos, los tambores y el bombo de Rush, el canadiense logró convertirse en una de las máximas influencias para quienes vinieron detrás suyo. Sin embargo, incluso alguien con su prestigio llegó a preocuparse en ciertos momentos por el rumbo que estaba tomando la batería dentro de la música popular.
Durante la década de 1980, el uso cada vez más frecuente de las cajas de ritmos, las secuencias programadas y los sonidos electrónicos se tradujo en una sensación de uniformidad que, según él, reducía el protagonismo del baterista tradicional. Aún así, para su fortuna y la de sus colegas, hubo un género que a su parecer, cambió todo: el grunge.

Con Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden a la cabeza, tomó por asalto el mercado musical norteamericano. “En los 80 no había espacio para un baterista”, afirmó Peart en una entrevista con Modern Drummer de 1994. “Me preocupaba mucho el futuro del instrumento. Pero llegamos a los años 90 y, de repente, surgieron todo tipo de bandas con bateristas”.
“Los grupos recientes de Seattle y de todo Estados Unidos están dando a conocer bateristas fantásticos. De alguna manera, se pasó la antorcha. Estos bateristas practicaron y mejoraron durante los 80, preparándose para cuando tuvieran la oportunidad. Sinceramente, creo que este es un momento muy emocionante para la batería. Es muy gratificante oír su regreso, y con tanta fuerza”, agregó el músico.










