A lo largo de toda su carrera, Billy Joel se propuso que cada canción que lanzaba estuviera a la altura de la anterior. De esta manera, el cantante nacido en el Bronx, Nueva York, el 9 de mayo de 1949, siempre buscó evitar caer tanto en la repetición como en la producción en masa de temas de relleno, una estrategia que muchos de sus colegas sí utilizaron. Esa exigencia lo llevó a dar a luz proyectos con registros muy distintos entre sí, desde el pop y rock de The Stranger hasta el tono más jazzero de 52nd Street o el new wave de Glass Houses.
Entre sus referencias musicales, Joel nombró en diferentes oportunidades a The Beatles, especialmente la etapa en la que dejaron de lado las canciones más simples de sus primeros discos para empezar a experimentar en el estudio, un cambio que él intentó replicar en su propia carrera. Sin embargo, para el propio Billy, esa búsqueda de perfección nunca estuvo a la altura de uno de sus grandes referentes: Ludwig van Beethoven, el compositor y pianista alemán que, gracias a sus famosas sinfonías, se convirtió en toda una leyenda de la música.
"Todo lo que escribió estaba exactamente bien"
"Todo lo que escribió estaba exactamente bien. No puedo nombrar todas las sinfonías de Mozart, pero te puedo contar todo sobre las nueve sinfonías de Beethoven. Todo lo que escribió era perfecto. Siempre era la nota correcta. ¿Cómo se hace eso?", dijo Joel sobre su colega germano. "Mozart era como un atleta talentoso, pero Beethoven era muy humano, y eso lo escucho en su música, por eso lo idolatro".
Cabe recordar que, en alguna oportunidad, Joel llegó a citar la frase de Neil Diamond que reza “nunca me perdoné a mí mismo el no ser Beethoven” y aseguró sentirse de la misma manera, una comparación que él mismo reconoció como imposible de sostener frente a la obra del compositor. Aun así, intentó acercarse a su ídolo con Fantasies & Delusions, el disco de composiciones clásicas que editó en 2001.










