Durante la década de 1970, John Lennon no solo era uno de los músicos más famosos del mundo, sino también un ferviente activista contra la guerra de Vietnam y las políticas del gobierno de los Estados Unidos. Su postura pacifista y sus vínculos con los partidos de izquierda llamaron la atención del FBI, que lo convirtió en objeto de una exhaustiva investigación.
La administración del presidente Richard Nixon, preocupada por la influencia de Lennon en los jóvenes y su potencial para movilizar votantes contra la reelección del presidente en 1972, decidió tomar medidas drásticas.
Según el profesor y autor Jon Wiener, el FBI recopiló un extenso archivo sobre el ex-Beatle y colaboró con el Servicio de Inmigración y Naturalización en un intento por deportarlo del país. Durante dos años, Lennon vivió bajo la amenaza de una orden de expulsión de 60 días que lo obligaba a abandonar Estados Unidos.

Afortunadamente, Lennon contaba con un equipo de abogados de alto nivel que trabajó incansablemente para impedir su deportación. Finalmente, tras la salida de Nixon de la presidencia, la presión sobre el músico disminuyó y en 1976 obtuvo su tarjeta de residencia permanente, lo que le permitió seguir viviendo en Nueva York junto a Yoko Ono y su hijo Sean.
Décadas después, gracias a la Ley de Libertad de Información, los archivos del FBI sobre Lennon fueron desclasificados, revelando el alcance del seguimiento que sufrió. A pesar de la presión política y el hostigamiento, Lennon continuó promoviendo sus ideales pacifistas hasta su trágico asesinato en 1980.