Keith Richards siempre estuvo fuertemente influenciado por el blues y el rock and roll. Sin embargo, sus inclinaciones musicales son mucho más amplias y, entre sus grandes héroes artísticos, se encuentra Warren Zevon, el músico fallecido en 2003 que se caracterizó por su singular personalidad y por sus composiciones oscuras, irónicas y con grandes dosis de humor negro.
El cantautor estadounidense era profundamente admirado por colegas de la talla de Bob Dylan, Neil Young y el mismísimo guitarrista de The Rolling Stones, quien aseguró que Zevon fue "uno de los mejores compositores de todos los tiempos".
Específicamente, en una entrevista con la revista Q, hizo referencia al álbum Excitable Boy —lanzado al mercado en 1978 y responsable del mayor éxito comercial de su carrera gracias a clásicos como "Werewolves of London"— y admitió: "Me obliga a pensar".
"Es realmente inteligente y me hizo pensar: '¿Por qué no escribí una canción sobre mi máquina de escribir?'. Se nota que es un tipo que piensa mucho y que tenía problemas, pero que no tiene reparos en decirlo sin rodeos", analizó el músico sobre la particular propuesta de Zevon, cuya identidad era muy difícil de encasillar dentro del rock, el pop o la música progresiva.
Las letras de sus temas representan uno de sus elementos fundamentales y lo convirtieron en un ídolo para sus propios pares. Respecto a la gran inventiva de Zevon y su capacidad para sacar composiciones de la galera, el guitarrista reflexionó: "Al escuchar a muchos de estos artistas, uno termina aprendiendo algo. Te das cuenta de que puedes escribir una canción sobre cualquier cosa. Solo esperas que conmueva a alguien".
Lo cierto es que fue un artista sumamente especial que vivió una existencia compleja, signada por el alcoholismo y los conflictos personales, pero también por la genialidad de su obra. Por eso, la conclusión de Richards fue contundente: "Para mí, lo más importante de vivir en este planeta es saber quién eres y ser auténtico al respecto. Esa es la razón por la que sigo vivo".
Zevon gozaba de una devoción casi religiosa en ciertos círculos de la industria, pero nunca alcanzó la popularidad masiva, consolidándose más bien como un artista de culto. De hecho, fue recién cuando habló públicamente de su diagnóstico de cáncer terminal en 2002 que ganó una nueva notoriedad ante el gran público, una dura etapa que, fiel a su estilo, transitó dedicándose a bromear sobre la muerte.









