Black Sabbath y Pink Floyd surgieron en el Reino Unido durante la década de los 60, pero, a pesar de compartir tiempo y espacio, desarrollaron estilos muy diferentes. Mientras el grupo de Birmingham sentó las bases del heavy metal con guitarras pesadas y canciones como “Paranoid” e “Iron Man”, la banda liderada por Roger Waters y David Gilmour se diferenció del resto gracias a sus composiciones extensas y sus álbumes conceptuales.
Pese a sus diferencias, ambos grupos alcanzaron el éxito internacional durante la década siguiente, sumándose a bandas como The Beatles y The Rolling Stones, entre otras. Sin embargo, ni Waters ni Keith Richards, guitarrista de los Stones, mostraron demasiado entusiasmo por la música de Black Sabbath.

La opinión de Richards
En el caso de Richards, sus declaraciones fueron explícitas. En septiembre de 2015, durante una entrevista con Jim Farber para el New York Daily News, el músico habló sobre el heavy metal y cuestionó tanto a Metallica como a Black Sabbath. “Millones de personas están enamoradas de Metallica y Black Sabbath. A mí me parecieron una gran broma”, afirmó. Además, criticó el sonido de buena parte del género: “Para la mayoría de las bandas, conseguir la síncopa está fuera de su alcance”.
La crítica de Waters
Por su parte, la opinión de Waters sobre Black Sabbath se remonta a los comienzos de la banda. En 1970, cuando todavía formaba parte de Pink Floyd, el músico escribió una reseña del sencillo “Evil Woman” para el semanario británico Melody Maker. “Bueno, bueno, bueno… me quedé sin palabras, bueno, casi. Tiene ese aire de las series de detectives estadounidenses, al estilo de Dragnet o Peter Gunn. Sigues pensando que va a empezar. Lo piensas durante el primer minuto, pero después, si eres perspicaz, te das cuenta de que nunca va a empezar, y eso es todo”.









