Además de pasar a la historia como una de las bandas más emblemáticas del hard rock, Van Halen fue reconocida por una inédita petición en cada uno de sus shows en vivo: la prohibición absoluta de que hubiera M&M's de color marrón en la zona de backstage.

El punto, ubicado en el artículo 126 del rider que la banda compartía con productores, establecía que el incumplimiento de esa condición podía derivar en la cancelación total del show y en el pago íntegro del caché a la agrupación. El por qué no tenía que ver con un capricho, sino con una superstición del grupo y detalles de seguridad.

Por aquellos años, a mediados de la década de los 80, Van Halen se presentaba con una producción de gran escala que comprendía un total de nueve camiones de 18 ruedas cargados de equipo, en venues donde lo habitual era manejar apenas tres. Esa diferencia de magnitud derivó en más de un problema técnico, como vigas que no soportaban el peso del escenario o pisos que llegaban a hundirse.

Para reducir ese riesgo, el rider de la banda detallaba con extrema precisión cada requerimiento eléctrico y estructural necesario para el montaje, al punto de que David Lee Roth lo comparó con una guía telefónica por la cantidad de especificaciones incluidas.

En ese contexto, la cláusula de los M&M's marrones funcionaba como una especie de chequeo indirecto: si el equipo local había respetado ese mínimo detalle, indicaba que también había leído con atención el resto del contrato. Por ese motivo, si aparecía un M&M's marrón, en cambio, era una señal de alarma que podía anticipar errores más graves en la instalación eléctrica o en la estructura del escenario.

Compartir
Exit mobile version