Durante la explosión del punk británico a mediados de los años 70, la escena estuvo marcada por una fuerte competencia entre las diferentes bandas del momento. El movimiento creció tan rápido que, en poco tiempo, Londres se llenó de grupos que intentaban replicar la energía rebelde que estaba tomando por asalto a la música popular. En ese contexto, The Clash desarrolló una postura bastante particular: rara vez, por no decir “nunca”, mostraban admiración por otras bandas de su propio movimiento.
Para Joe Strummer, líder del grupo, la mayoría de los nuevos proyectos punk que surgían en el Reino Unido simplemente repetían un modelo ya visto. Sin embargo, había una excepción evidente: Sex Pistols, la banda que había encendido la chispa inicial del género y que, para muchos músicos de la época, representaba el verdadero punto de partida del punk.
En 2003, el año en que The Clash ingresó al Salón de la Fama del Rock and Roll, ganaron un Grammy por su documental Westway to the World y fueron aclamados como "Genios divinos" en los Premios NME. En ese contexto, Mick Jones y Paul Simonon se sentaron a dialogar con la revista GQ, medio que les entregó por entonces su Outstanding Achievement Award.

"Por lo que hicieron"
Fue en esa charla en la que reflexionaron sobre el legado de su grupo, especialmente tras el fallecimiento de Strummer en diciembre de 2002, a los 50 años. Cuando se les preguntó a qué colegas admiraban durante su ascenso a la fama, Jones no dudó en dar un nombre y una razón: "Los Sex Pistols, por lo que hicieron", aseguró categóricamente.
Acto seguido, cuando el periodista señaló que, para ese momento, los Sex Pistols llevaban un cuarto de siglo separados, Jones agregó: "Sí, entiendo a qué te refieres, pero en aquel entonces los Pistols no estuvieron juntos el tiempo suficiente para disfrutar de los frutos de su éxito. Reunirse fue su manera de recibir una palmadita en la espalda". Por su parte, Simonon aseguró: “Los Pistols eran los únicos con quienes nos relacionábamos en aquel entonces”.









