Hoy, 21 de octubre, se cumplen 23 años de la muerte de Elliott Smith, uno de los compositores más sensibles e influyentes de la música alternativa estadounidense de la década de los 90. Tenía 34 años cuando murió en 2003, en Los Ángeles, y dejó una obra que encontró en las melodías delicadas, las guitarras acústicas y las letras introspectivas una forma particular de expresar la angustia, la soledad y las contradicciones de la vida.

Nacido en Omaha, Nebraska, en 1969, y criado en Texas y Portland, Oregón, Smith comenzó a ganar reconocimiento como integrante de Heatmiser, una banda de rock alternativo con la que publicó dos discos de estudio antes de desarrollar su carrera solista. Su debut solista, Roman Candle, editado en 1994, presentó un sonido íntimo, apoyado en arreglos simples y una voz tenue que contrastaba con la intensidad de sus composiciones.

Con el paso de los años, su música se volvió más ambiciosa. La incorporación de pianos, arreglos de cuerdas, capas de guitarras y estructuras más complejas expandió las posibilidades de sus canciones, que mantuvieron una prosa directa y una atención particular a los detalles. En 1998, su participación en la banda sonora de Good Will Hunting y la nominación al Oscar por “Miss Misery” lo acercaron a un público más amplio, aunque su obra nunca dejó de moverse entre el folk, el pop de cámara y el rock independiente.

Entre los seis álbumes de estudio que integran su discografía, hay tres en particular que sobresalen por su importancia artística y por la manera en que representan distintas etapas de su evolución. A continuación, los 3 mejores discos de Elliott Smith según Indie Hoy.

3. Figure 8 (2000)

Figure 8 es el quinto álbum de estudio de Smith, en el que el artista profundizó el sonido que había explorado en XO y se acercó todavía más a las posibilidades del pop de estudio. Las guitarras distorsionadas, los pianos y las armonías conviven con canciones memorables y cargadas de emoción. “Son of Sam” abre el álbum con una energía poco frecuente en su repertorio, mientras que “Somebody That I Used to Know” y “Everything Means Nothing to Me” dejan ver su capacidad para combinar estructuras melódicas simples con una atmósfera inquietante. Fue el último disco que publicó en vida.

Somebody That I Used To Know

2. XO (1998)

Con XO, su disco de 1998, Smith llevó su composición hacia un lugar más ambicioso. Fue su debut con una discográfica importante y el comienzo de una etapa en la que los pianos, las armonías vocales y los arreglos de mayor escala adquirieron un papel central. “Waltz #2 (XO)”, una de sus canciones más conocidas, presenta una melodía envolvente y una letra sobre vínculos familiares complejos, mientras que “Baby Britain” y “Bottle Up and Explode!” revelan su afinidad con el pop clásico.

Waltz #2 (XO)

1. Either/Or (1997)

Considerado por muchos el punto más alto de su primera etapa solista, Either/Or reúne algunas de las composiciones más logradas y queridas de Smith. El disco alterna entre guitarras acústicas y pasajes eléctricos para construir un sonido propio e íntimo que nunca resulta estático. Canciones como “Between the Bars”, “Angeles” y “Say Yes” son un claro ejemplo de su talento para construir melodías luminosas alrededor de letras atravesadas por el aislamiento y el deseo de encontrar una salida.

Between The Bars (Remastered 2017)
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